miércoles, 14 de julio de 2010

La vida de Dios es una historia que un día u otro ha de ser protagonizada por todos los hombres. El Ego Superior de cada ser humano la lleva impresa en su interior como si fuera una cruz y en cada una de nuestras sucesivas existencias interpretamos un episodio, un fragmento de esa historia divina.
Para ejecutar esta obra disponemos de una entera libertad. Somos como el director de orquesta que habiendo recibido una partitura para ser ejecutada, tuviera que escoger con su libre voluntad los músicos, los instrumentos y el lugar donde va a dar su concierto. La Biblia nos refiere esa historia de Dios, o sea, nos anuncia los trances por los que todos tendremos que pasar, siendo alternativamente los Abraham del pacto con la divinidad, los habitantes de Sodoma que reciben el fuego del cielo, los José  vendido por sus hermanos, los que atraviesan el mar Rojo, los Salomón y finalmente los Cristos, en los cuales la naturaleza divina y la humana actuarán al unísona para siempre jamás.
Los Evangelios tratan de esa etapa final que todos hemos de vivir antes de alcanzar la liberación en todo lo concerniente a las tareas humanas; antes de alcanzar ese punto evolutivo en el que ya no estaremos obligados a volver a la tierra y seremos pilares de Dios, trabajando en los mundos de arriba para el progreso espiritual de nuestros hermanos.

Tomado de "Interpretación esotérica de los Evangelios"