viernes, 30 de diciembre de 2011

FRUCTÍFERO AÑO



Cuando hablamos de los frutos, pensamos en lo material, en los beneficios del dinero. Hoy quiero recordar que hay unos frutos que siempre esperan a que los exhibamos como grandes beneficios, como los únicos, los más. Son los frutos del espíritu, esos que tantas veces les damos de lado porque nos parecen ñoños, simplones, ¡Bah!...
Son frutos perennes, siempre maduros con un sencillo toque de buen pensamiento, con el sencillo toque de una sonrisa. Estemos dispuestos a reconocer esos frutos del alma en nosotros mismos y en los demás para beneficiarnos desde adentro hacia afuera.
Dentro nuestro hay un árbol lleno de tesoros, los frutos del espíritu.
Lucas 6: 43-45