jueves, 29 de agosto de 2013

LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÖN



La aceptación de tu hermano

1. ¿Cómo puedes hacerte cada vez más consciente del Espíritu Santo en ti sino mediante los efectos que Él produce? No puedes verle con tus ojos ni oírle con tus oídos ¿Cómo puedes, entonces, percibirle en absoluto? Si inspiras alegría, y otros reaccionan ante ti  con alegría, es que debe haber algo en ti capaz de suscitarla aunque tu mismo no la estés experimentando. Por lo tanto, si se encuentra en ti y puede suscitar alegría, y ves que ciertamente la suscita en otros, es que estás separándote de ello dentro de ti.
2. Te parece que el Espíritu Santo no suscita alegría de manera consistente en ti, debido únicamente a que tú no suscitas alegría de manera consistente en otros. Evalúas la consistencia del Espíritu Santo basándote en las reacciones de tus hermanos ante ti. Cuando eres inconsistente no siempre produces alegría, y de esta manera no siempre reconoces Su consistencia. Lo que le ofreces a tu hermano se lo ofreces a Él porque lo que Él da no puede exceder tu ofrecimiento. Esto no se debe a que Él ponga límites en lo que da, sino simplemente a que tú has puesto límites en lo que puedes recibir. La decisión de recibir es la decisión de aceptar.
3. Si tus hermanos forman parte de ti, ¿porqué no los ibas a aceptar? Solo ellos pueden enseñarte lo que eres, pues lo que aprendes es el resultado de lo que les enseñaste. Lo que invocas en ellos lo invocas en ti. Y al invocarlo en ellos cobra realidad para ti. Dios no tiene más que un Hijo y los conoce a todos cual uno solo. Únicamente Dios es más que ellos, pero ellos no son menos que Él. ¿Quieren saber lo que esto significa? Si lo que le haces a mi hermano me lo haces a mí, y si todo lo que haces te lo haces a ti mismo porque todos somos parte de ti, todo lo que nosotros hacemos es para ti también. Todo aquel que Dios creó forma parte de Él, pero te pertenece igualmente a ti. No puedes, por lo tanto, ser menos glorioso que Él.        
                                     UCDM. 

jueves, 15 de agosto de 2013

La CORRECCIÓN DEL ERROR



La vigilancia que el ego ejerce en relación con los errores de otros egos no es la clase de vigilancia que el Espiritu Santo quiere que mantengas. Los egos critican basándose en el tipo de "lógica" de que son partidarios. Entienden esa clase de lógica porque para ellos tiene sentido. Para el Espiritu Santo, no obstante, no tiene ningún sentido.
Para el ego lo caritativo, lo correcto y lo apropiado es señalarles a otros sus errores y tratar de "corregirlos". Esto tiene perfecto sentido para él porque no tiene idea de lo que son los errores ni de lo que es la corrección. Los errores pertenecen al ámbito del ego, y la corrección de los mismos estriba en el rechazo del ego. Cuando corriges a un hermano le estás diciendo que está equivocado. Puede que en ese momento lo que esté diciendo no tenga sentido, y es evidente que si está hablando desde su ego no lo tiene. Tu tarea, sin embargo, sigue siendo decirle que tiene razón. No tienes que decírselo verbalmente si está diciendo tonterías. Necesita corrección en otro nivel porque su error se encuentra en otro nivel. Sigue teniendo razón porque es un Hijo de Dios. Su ego, por otra parte, está siempre equivocado, no importa lo que diga o lo que haga.
Si le señalas a tu hermano los errores de su ego, tienes forzosamente que estar viendo a través del tuyo porque el Espíritu Santo no percibe sus errores. Esto tiene que ser verdad, toda vez que no existe comunicación entre el ego y el Espíritu Santo. Lo que el ego está diciendo no tiene sentido, y el Espíritu Santo no intenta comprender nada que proceda de él. Puesto que no lo entiende, tampoco lo juzga, pues sabe que nada que el ego haga tiene sentido. UCDM

martes, 13 de agosto de 2013

LA ACEPTACIÓN DE LA EXPIACIÓN


La respuesta a la oración

1. Todo aquel que haya tratado alguna vez de usar la oración para pedir algo ha experimentado lo que aparentemente es un fracaso. Esto es cierto no solo con relación a cosas específicas que pudieran ser perjudiciales, sino también en relación a peticiones que están completamente de acuerdo con lo que este curso postula.  
Esto último, en particular, puede interpretarse incorrectamente como una prueba de que el curso no es sincero en lo que afirma. 
Tienes que recordar, no obstante, que el curso afirma, y repetidamente, que su próposito es ayudarte a escapar del miedo.
Supongamos, pues, que lo que le pides al Espiritu Santo es lo que realmente deseas, pero aún tienes miedo de ello. Si ese fuese el caso, obtenerlo ya no sería lo que deseas. Por eso es por lo que alguna forma específica de curación no se logra, aún cuando se haya logrado el estado de curación. Un individuo puede pedir ser curado físicamente porque tiene miedo del daño corporal. Al mismo tiempo, si fuese curado físicamente, la amenaza que ello representaría para su sistema de pensamiento podría causarle mucho más miedo que la manifestación física de su aflicción. En ese caso no estaría pidiendo realmente que se le liberase del miedo, sino de un síntoma que el mismo eligió por lo tanto, no estaría pidiendo realmente ser curado. 
La Biblia subraya que toda oración recibirá respuesta, y esto es absolutamente cierto. El hecho mismo que se le haya pedido algo al Espiritu Santo garantiza una respuesta. Es igualmente cierto no obstante, que ninguna de las respuestas que Él dé incrementará el miedo. Es posible que Su respuesta no sea oída. Es imposible, sin embargo, que se pierda. Hay muchas respuestas que ya has recibido pero que todavía no has oído. Yo te aseguro que te están esperando.

domingo, 11 de agosto de 2013

LA ACEPTACIÓN DE LA REALIDAD


Tener miedo a la Voluntad de Dios es una de las creencias más extrañas que la mente humana jamás haya podido concebir. Esto no habría podido ocurrir a no ser que la mente hubiese estado ya tan profundamente  dividida, que le hubiese sido posible tener miedo de lo que ella misma es. La realidad solo puede ser una "amenaza" para lo ilusorio, ya que lo único que la realidad puede defender es la verdad. El hecho mismo de que percibas la Voluntad de Dios -que es lo que tú eres- como algo temible, demuestra que tienes miedo de lo que eres. Por lo tanto, no es de la Voluntad de Dios de lo que tienes miedo, sino de la tuya.
Tu voluntad no es la voluntad del ego, y por eso es por lo que el ego está contra ti. Lo que parece ser el temor a Dios es en realidad el miedo a tu propia realidad. En un estado de pánico no se puede aprender nada de manera consistente. Si el próposito de este curso es ayurdarte a recordar lo que eres, y tú crees que lo que eres es algo temible, de ello se deduce forzosamente que no aprenderás este curso. Sin embargo, la razón de que el curso exista es precisamente porque no sabes lo que eres.
Si no sabes lo que es tu realidad, ¿por que estás tan seguro de que es temible? La asociación que se hace entre la verdad y el miedo, que a lo sumo sería altamente artificial, es especialmente inadecuada en las mentes de aquellos que no saben lo que es la verdad. Lo único que esto quiere decir es que estás asociando arbitrariamente algo que se encuentra más allá de tu conciencia con algo que no deseas. Es evidente, pues, que estás juzgando algo de lo cual no tienes el menor conocimiento. Has urdido esta extraña situación de forma tal que te resulta imposible escapar de ella sin un Guía que sepa cual es tu realidad. El próposito de este Guía no es otro que el de recordarte lo que deseas. Él no está tratando de imponerte una voluntad ajena. Está simplemente haciendo todo lo posible, dentro de los límites que tú le impones, por restablecer tu propia voluntad en tu conciencia.
UCDM 

sábado, 10 de agosto de 2013

EL CUERPO COMO MEDIO O COMO FIN


Las actitudes que se tienen hacia el cuerpo son las actitudes que se tienen hacia el ataque. Las definiciones del ego con respecto a todas las cosas son inmaduras, y están siempre basadas en el próposito que él cree que todas ellas tienen. Esto se debe a que es incapaz de hacer generalizaciones, y equipara lo que ve con la función que le adscribe. No lo equipara con lo que es. Para el ego, el cuerpo es algo con lo que atacar. Puesto que te equiparas con el cuerpo, el ego te enseña que tu próposito es atacar. El cuerpo, pues, no es la fuente de su propia salud. La condición del cuerpo depende exclusivamente de cómo interpretas su función. Las funciones son algo inherente al estado de ser, pues surgen de este, más su relación no es recíproca. El todo ciertamente define a la parte, pero la parte no define al todo. Conocer en parte, no obstante, es conocer enteramente debido a la diferencia fundamental que existe entre conocimiento y percepción. En la percepción el todo se construye a base de partes que se pueden separar y ensamblar de nuevo en diferentes constelaciones. El conocimiento, por otra parte, nunca cambia; su constelación, por lo tanto, es permanente. La idea de que entre las partes y el todo hay relación solo tiene sentido en el nivel de la percepción, en la que el cambio es posible. Aparte de eso, no hay ningúna diferencia entre la parte y el todo.
El cuerpo existe en un mundo que parece tener dos voces que luchan por su posesión. En esta percibida constelación se considera al cuerpo como capaz de alternar su lealtad de una a otra, haciendo que los conceptos de salud y enfermedad tengan sentido. El ego, como de costumbre, da lugar a una confusión fundamental entre los medios y el fin. Al considerar al cuerpo como un fin, el cuerpo no tiene realmente utilidad para el ego, puesto que el cuerpo no es un fin. Debes haber notado una descollante característica en todo fin que el ego haya aceptado como propio. Cuando lo alcanzas te deja insatisfecho. Por eso es por lo que el ego se ve forzado a cambiar incesantemente de un objetivo a otro, para que sigas abrigando la esperanza de que todavía te puede ofrecer algo. 
UCDM. 

lunes, 5 de agosto de 2013

NO TENGO NADA QUE HACER


Tienes todavía demasiada fe en el cuerpo como fuente de fortaleza. ¿Que planes haces que de algún modo no sean para su comodidad, protección o disfrute? De acuerdo con tu interpretación, esto hace del cuerpo un fin y no un medio, lo cual quiere decir que todavía te atrae el pecado. Nadie que aún acepte el pecado como su objetivo, puede aceptar la Expiación. Por lo tanto, todavía no has aceptado tu única responsabilidad. Aquellos que prefieren el dolor y la destrucción no le dan la bienvenida a la Expiación.
Hay algo que nunca has hecho: jamás te has olvidado completamente del cuerpo. Quizá alguna que otra vez lo hayas perdido de vista, pero nunca ha desaparecido del todo. No se te pide que dejes que eso ocurra por más de un instante; sin embargo, en ese instante es cuando se produce el milagro de la Expiación. Después verás el cuerpo de nuevo, pero nunca como lo veías antes. Y cada instante que pases sin ser consciente de tu cuerpo te proporcionará una perspectiva diferente de él cuando regreses.
No hay ni un solo instante en el que el cuerpo exista en absoluto. Es siempre algo que se recuerda o se prevé, pero nunca se puede tener una experiencia de él ahora mismo. Sólo su pasado y su futuro hacen que parezca real. El tiempo lo controla enteramente, pues el pecado nunca se encuentra totalmente en el presente. En cualquier momento que desees podrías experimentar la atracción de la culpabilidad como dolor, y por lo tanto, evitarías sucumbir a ella. La culpabilidad no ejerce ninguna atracción en el ahora. Toda su atracción es imaginaria, y así, es algo en lo que se piensa en conexión con el pasado o con el futuro.
UCDM

sábado, 3 de agosto de 2013

LA RENUNCIA AL ATAQUE


Como ya hemos puesto de relieve, toda idea tiene su origen en la mente del que la piensa. Lo que se extiende desde la mente, por lo tanto, se encuentra todavía en ella, y la mente se conoce a sí misma por lo que se extiende. La palabra "conoce" está usada correctamente aquí porque el Espíritu Santo, mediante Su percepción imparcial, guarda todavía el conocimiento a salvo en tu mente. Dado que Él nunca ataca, no obstaculiza la comunicación de Dios. Por lo tanto, el estado de ser nunca se ve amenazado. Tu mente, que es semejante a la de Dios, jamás puede ser profanada. El ego nunca fue parte de ella, ni lo será jamás, pero a través del ego puedes oir, enseñar y aprender lo que no es cierto. Te has enseñado a ti mismo a creer que no eres lo que eres. No puedes enseñar lo que no has aprendido, y lo que enseñas lo refuerzas en ti al compartirlo. Cada lección que enseñas es una lección que tú mismo estás aprendiendo. 
Por eso es por lo que debes enseñar solamente una lección. Si has de verte libre de conflictos, tienes que aprender únicamente del Espíritu Santo y enseñar únicamente con Él. Tú eres  únicamente amor, más cuando lo niegas, haces de lo que eres algo que tienes que aprender a recordar. Dije anteriormente que el mensaje de la crucifixión fue: "Enseña solamente amor, pues eso es lo que eres". Ésta es la única lección que está perfectamente unificada porque es la única lección que es una sola. La única manera de aprenderla es enseñándola. "Lo que enseñes es lo que aprenderás." Si esto es verdad, como en efecto lo es, no olvides que lo que enseñas te enseña a ti. Y no puedes sino creer en lo que proyectas o extiendes.  UCDM

jueves, 1 de agosto de 2013

EL TEMOR A SANAR


¿Es atemorizante sanar? Sí, para muchos lo es. Pues la acusación es un obstáculo para el amor, y los cuerpos enfermos son ciertamente acusadores. Obstruyen completamente el camino de la confianza y de la paz, proclamando que los débiles no pueden tener confianza y que los lesionados no tienen motivos para gozar de paz. ¿Quien que haya sido herido por su hermano podría amarlo aún y confiar en él? Pues su hermano lo atacó y lo volverá a hacer. No lo protejas, ya que tu cuerpo lesionado demuestra que es a tí a quien se debe proteger de él. Tal vez perdonarlo sea un acto de caridad, pero no es algo que él se merezca. Se le puede compadecer por su culpabilidad, pero no puede ser eximido. Y si le perdonas sus transgresiones, no haces sino añadir otro fardo más a la culpabilidad que realmente ya ha acumulado.
UCDM.