domingo, 27 de octubre de 2013

EL INSTANTE SANTO II


El final de las dudas

La Expiación  tiene lugar en el tiempo, pero no es para el tiempo. Puesto que se encuentra en ti, es eterna. Lo que encierra el recuerdo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, del mismo modo en que tú tampoco puedes estarlo. Pues solo si Dios estuviese limitado podrías estarlo tú. El instante que se le ofrece al Espíritu Santo se le ofrece a Dios en tu nombre, y en ese instante despìertas dulcemente en Él. En el instante bendito abandonas todo lo que aprendiste en el pasado, y el Espirítu Santo te ofrece de inmediato la lección de la paz en su totalidad. ¿Como iba a requirir tiempo aprender esta lección cuando todos los obstáculos que podrían impedirlo ya han sido superados? La verdad transciende al tiempo en tal medida, que toda ella tiene lugar simultáneamente. Pues al haber sido creada como una sola, su  unicidad  es completamente independiente del tiempo.
No permitas que el tiempo sea motivo de preocupación para ti, ni tengas miedo del instante de santidad que ha de eliminar todo vestigio de miedo. Pues el instante de paz es eterno precisamente porque está desprovisto de miedo. Dicho instante llegará, ya que es la lección que Dios te da a través del Maestro que Él ha designado para transformar el tiempo en eternidad. ¡Bendito sea el Maestro de Dios, Cuyo gozo reside en mostrarle al santo Hijo de Dios su santidad! Su gozo no está circunscrito al tiempo. Sus enseñanzas son para ti porque Su gozo es el tuyo. A través de Él te alzas ante el altar de Dios, donde Él dulcemente transforma el infierno en Cielo. Pues es únicamente en el Cielo donde Dios quiere que estés.
¿Cuanto tiempo se puede tardar en llegar allí donde Dios quiere que estés? Pues ya estás donde siempre has estado, y donde has de estar eternamente. Todo lo que tienes, lo tienes para siempre. El instante bendito se extiende para abarcar al tiempo, del mismo modo en que Dios se extiende a Sí Mismo para abarcarte a ti. Tú que te has pasado días, horas e incluso años encadenando a tus hermanos a tu ego a fin de apoyarlo y proteger su debilidad, no percibes la Fuente de la fortaleza. En este instante santo liberarás a todos tus hermanos de las cadenas que los mantienen prisioneros y te negarás a apoyar su debilidad o la tuya.