jueves, 17 de octubre de 2013

LAS ENSEÑANZAS EN FAVOR DE LA VERDAD IV



La prueba de la verdad

Lo esencial, sin embargo, es que reconozcas que no sabes nada. El conocimiento es poder y todo poder es de Dios. Tú que has tratado de quedarte con el poder para ti solo lo has "perdido". Todavía lo tienes,  pero has interpuesto tantos obstáculos entre él y tu conciencia de él que no puedes utilizarlo. Todo lo que te has enseñado a ti mismo ha hecho que seas cada vez menos consciente de tu poder. No sabes lo que es ni donde se encuentra. Has hecho un alarde de fuerza y de poder tan lamentable que no ha podido sino fallarte. Pues el poder no es una apariencia de fuerza,  y la verdad está más allá de toda apariencia. Aún así, lo único que se interpone entre ti y el poder de Dios que hay en ti, es tu falso aprendizaje, así como todos tus vanos intentos de querer deshacer lo verdadero.

Procura estar dispuesto, pues, a que todo esto sea deshecho y a sentirte feliz de no ser un prisionero  de ello eternamente. Pues te has enseñado a ti mismo a aprisionar al Hijo de Dios, lo cual es una lección tan descabellada que solo un loco, en su delirio más profundo, podía haberla soñado. ¿Como iba a poder Dios aprender a no ser Dios? ¿Y sería posible que Su Hijo, a quien Él ha dado todo poder, pudiese aprender a ser impotente? ¿Hay algo de lo que te has enseñado a ti mismo que aún prefirieses conservar en lugar de lo que tienes y eres?

La Expiación te enseña como escapar para siempre de todo lo que te has enseñado a ti mismo en el pasado, al  mostrarte únicamente lo que eres ahora.El aprendizaje tiene lugar antes de que sus efectos se pongan de manifiesto. El aprendizaje, por lo tanto, es algo propio del pasado, pero su influencia determina el presente al darle a este el significado que tiene para ti. Tu aprendizaje no le aporta al presente significado alguno. Nada que jamás aprendiste te puede ayudar a entender el presente, o enseñarte a deshacer el pasado. Tu pasado es lo que tú te has enseñado a ti mismo. Renuncia a él completamente. No trates de entender ningún acontecimiento, ningún hermano ni ninguna cosa bajo su luz, pues la oscuridad en la que tratarías de ver tan solo  empañaría lo que vieses. No confíes en que la oscuridad pueda jamás iluminar tu entendimiento, pues si lo haces estarás contradiciendo la luz, y, por lo tanto, creerás que puedes ver la oscuridad. La oscuridad, no obstante, no se puede ver, pues no es más que una condición en la que es imposible ver. 

Texto de Un Curso de Milagros.
Cap 14 XI 1, 2, 3,