miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL FINAL DE LAS ILUSIONES II



Puede que por algún tiempo todavía trates de llevar ilusiones al instante santo, obstaculizando así el que seas plenamente consciente de la absoluta diferencia que existe -con respecto a todo- entre tu experiencia de la verdad y tu experiencia de la ilusión. Mas no seguirás tratando de hacer eso por mucho más tiempo. En el instante santo el poder del Espíritu Santo prevalecerá porque te habrás unido a Él. Las ilusiones que cargas contigo debilitarán la experiencia que tienes de Él por algún tiempo, e impedirán que retengas la experiencia en tu mente. Mas el instante santo es eterno, y las ilusiones que tienes acerca del tiempo no impedirán  que lo intemporal sea lo que es, ni que lo experimentes tal como es.
Lo que Dios te ha dado, te lo dio de verdad, y no podrás sino recibirlo de verdad. Pues los dones de Dios están desprovistos de toda realidad a menos que tú lo recibas. Recibirlos consuma Su dación. Tú los recibirás porque Su Voluntad es darlos. Él dio el instante santo para que te fuese dado, y es imposible que no lo recibas, puesto que Él lo dio. Cuando Él dispuso que Su Hijo fuese libre, Su Hijo fue libre. En el instante santo se encuentra Su recordatorio de que Su Hijo será siempre exactamente como fue creado. Y el propósito de todo lo que el Espíritu Santo enseña es recordarte que has recibido lo que Dios te dio.
No hay nada por lo que tengas que guardarle rencor a la realidad. Lo único que debes perdonar son las ilusiones que has albergado contra tus hermanos. Su realidad no tiene pasado, y lo único que se puede perdonar son las ilusiones. Dios no le guarda rencor a nadie, pues es incapaz de albergar ningún tipo de ilusión. Libera a tus hermanos de la esclavitud de sus ilusiones, perdonándolos por las ilusiones que percibes en ellos. Así aprenderás que has sido perdonado, pues fuiste tú quien les ofreció ilusiones. En el instante santo esto es lo que se lleva a cabo por ti mientras estés en el tiempo, para de este modo brindarte la verdadera condición del Cielo.
Recuerda que siempre eliges entre la verdad y las ilusiones; entre la verdadera Expiación que cura, y la "expiación" del ego que destruye. Todo el poder y Amor de Dios, sin límite alguno, te apoyarán a medida que busques únicamente el papel que te corresponde desempeñar en el plan de Expiación que procede de Su Amor. Sé un aliado de Dios y no del ego en tu búsqueda para descubrir como alcanzar la Expiación. Con Su ayuda basta, pues Su Mensajero sabe como restituirle el Reino y hacer que todo tu interés en la salvación se centre en tu relación con Él.
Busca y encuentra Su mensaje en el instante santo, en el que se perdonan todas las ilusiones. Desde ahí, el milagro se extiende para bendecir a todo el mundo y resolver todo problema, percíbase como grande o pequeño, como que puede ser resuelto o como que no. No hay nada que no ceda ante Él y Su Majestad. Unirse en estrecha relación con Él es aceptar todas las relaciones como reales, y gracias a su realidad, abandonar las ilusiones a cambio de la realidad de tu relación con Dios. Alabada sea la relación que tienes con Él y ninguna otra. La verdad reside en ella y no en ninguna otra parte. Eliges esto o nada.
Perdónanos nuestras ilusiones, Padre, y ayúdanos a aceptar nuestra verdadera relación Contigo, en la que no hay ilusiones y en la que jamás puede infiltrarse ninguna. Nuestra santidad es la Tuya. ¿Que puede haber en nosotros que necesite perdón si Tu perdón es perfecto? El sueño del olvido no es más que nuestra renuencia a recordar Tu perdón y Tu amor. No nos dejes caer en la tentación, pues la tentación del Hijo de Dios no es Tu Voluntad. Y déjanos recibir únicamente lo que Tú has dado, y aceptar solo eso en las mentes que Tú creaste y que amas. Amén

Un Curso de Milagros
T 16 VII 7 8 9 10 11 12
 





  Gregorio García Alcalá
27 de noviembre de 2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

EL FINAL DE LAS ILUSIONES


Es imposible abandonar el pasado sin renunciar a la relación especial. Pues la relación especial es un intento de revivir el pasado y alterarlo. Toda imaginada ofensa, todo dolor que todavía se recuerde, asi como todas las desilusiones pasadas y las injusticias y privaciones que se percibieron, forman parte de la relación especial, que se convierte en el medio por el que intentas reparar tu herido amor propio. Sin el pasado, ¿De que base dispondrías para elegir a un compañero especial? Toda elección al respecto se hace por razón de algo "malo" que ocurrió en el pasado a lo que aún te aferras, y por lo que otro tiene que pagar.
La relación especial es una venganza contra el pasado. Al tratar de eliminar todo sufrimiento pasado, pasa por alto el presente, pues está obsesionada con el pasado y comprometida totalmente a él. Ninguna relación especial se experimenta en el presente. Sombras del pasado la envuelven y la convierten en lo que es. No tiene ningún significado en el presente, y si no significa nada en el ahora, no significa nada en absoluto. ¿Como ibas a poder cambiar el pasado, salvo en fantasías? ¿Y quien te puede dar aquello de lo que según tú se te privó en el pasado? El pasado no es nada. No trates de culparlo por tus privaciones, pues el pasado ya pasó. En realidad es imposible que no puedas desprenderte de lo que ya pasó. Debe ser, por lo tanto, que estás perpetuando la ilusión de que todavía está ahí porque crees que sirve para algún propósito   que quieres ver realizado. Y debe ser también que ese propósito no puede realizarse en el presente, sino solo en el pasado.
No subestimes la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado. El ego es absolutamente cruel y completamente demente. Se acuerda de todo lo que hiciste que lo ofendió, e intenta hacer que pagues por ello. Las fantasías que lleva a las relaciones que ha escogido para exteriorizar su odio, son fantasías de tu destrucción. Pues el ego te guarda rencor por el pasado, y si te escapas del pasado se vería privado de consumar la venganza que, según él, tan justamente mereces. Sin embargo, si no te tuviese a ti de aliado de tu propia destrucción, el ego no podría utilizar el pasado contra ti. En la relación especial permites tu propia destrucción. Que eso es demente es obvio. Lo que no es tan obvio es que el presente no te sirve de nada mientras persigas el objetivo del ego como aliado suyo.    
El pasado ya pasó. No intentes conservarlo en la relación especial que te mantiene encadenado a él, y que quiere enseñarte que la salvación se encuentra en el pasado y que por eso necesitas volver a él para encontrarla. No hay fantasía que no encierre un sueño de represalias por lo ocurrido en el pasado. ¿Que prefieres, exteriorizar ese sueño o abandonarlo?
No parece que lo que buscas en la relación especial sea la venganza. Y ni siquiera cuando el odio y la crueldad se asoman fugazmente se quebranta seriamente la ilusión de amor. Sin embargo, lo único que el ego jamás permite que llegue a tu conciencia es que la relación especial es le exteriorización de tu venganza contra ti mismo. ¿Que otra cosa podría ser? Cuando vas en busca de una relación especial, no buscas la gloria dentro de ti. Has negado que se encuentre en ti, y la relación se convierte en su sustituto. La venganza pasa a ser aquello con lo que sustituyes la Expiación, y lo que pierdes es poder escaparte de la venganza.
Frente a la demente noción que el ego tiene de la salvación, el Espíritu Santo te ofrece dulcemente el instante santo. Hemos dicho antes que el Espíritu Santo tiene que enseñar mediante comparaciones, y que se vale de opuestos para apuntar hacia la verdad. El instante santo es lo opuesto a la creencia fija del ego de que la salvación se logra vengando el pasado.  En el instante santo se comprende que el pasado ya pasó, y que, con su pasar, el impulso de la venganza se arrancó de raíz y desapareció. La quietud y la paz del ahora te envuelven con perfecta dulzura. Todo ha desaparecido, excepto la verdad.   


Un Curso de Milagros
T 16, VII 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6  





sábado, 23 de noviembre de 2013

EL PUENTE QUE CONDUCE AL MUNDO REAL II





¡Que diferentes son las cosas al otro lado del puente! Durante algún tiempo se sigue viendo el cuerpo, pero ya no es lo único que se ve, como ocurre aquí. La pequeña chispa que contiene los Grandes Rayos también es visible, y no puede ser confinada  a la pequeñez por mucho más tiempo. Una vez que hayas cruzado el puente, el valor del cuerpo disminuirá tanto ante tus ojos, que ya no tendrás ninguna necesidad de enaltecerlo. Pues te darás cuenta de que su único valor es el de permitirte llevar a tus hermanos contigo hasta el puente, para allí ser liberados juntos.
El puente en sí no es más que una transición en la perspectiva que se tiene de la realidad. A este lado, ves todo sumamente distorsionado y desde una perspectiva errónea. Lo que es pequeño e insignificante se enaltece, y lo que es fuerte y poderoso no se le concede ningún valor. Durante la transición hay un periodo de confusión, en el que es posible experimentar una sensación muy real de desorientación. No tengas miedo de esto, pues lo único que significa es que has estado dispuesto a abandonar el marco de referencia distorsionado que parecía mantener a tu mundo intacto. Este marco de referencia está construido en torno a la relación especial. Sin esta ilusión, no seguirías buscando ningún significado aquí.
No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija  que ha adoptado aquí. Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. El periodo de desorientación que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. Cualquier demora te hará ahora más daño que antes, debido únicamente a que te das cuenta de que es una demora, y de que realmente es posible escapar del dolor. En lugar de desesperación, halla esperanza y consuelo en esto: muy pronto ya no podrás encontrar en niguna relación especial aquí ni siquiera la ilusión de amor. Pues ya no estás completamente loco, y no tardarías mucho en reconocer la culpabilidad que te produce traicionarte a ti mismo.
Nada que procures fortalecer en la relación especial es realmente parte de ti. Y no puedes conservar parte del sistema de pensamiento que  te enseñó que la relación especial es real, y entender el Pensamiento que sabe lo que eres. Le has permitido al Pensamiento de tu realidad entrar en tu mente, y puesto que lo invitaste, morará contigo. Tu amor por él no permitirá que te traiciones a ti mismo, y no podrás entablar ninguna relación en la que dicho pensamiento no te acompañe, pues no desearás estar separado de él.
Alégrate de haber escapado de la parodia de salvación que el ego te ofrecía, y no mires atrás con nostalgia a la farsa que hacía de tus relaciones. Ahora nadie tiene que sufrir, pues has llegado demasiado lejos como para sucumbir a la ilusión de que la culpabilidad es algo  bello y santo. Solo los que son completamente dementes podrían contemplar la muerte y el sufrimiento, la enfermedad y la desesperanza, y considerarlos bellos y santos. Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. Y siéntete agradecido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonar lo que no es nada precisamente porque no es nada.
La nueva perspectiva que adquirirás al cruzar el puente será el entendimiento de donde se encuentra el Cielo. Desde este lado parece encontrarse fuera de ti y al otro lado del puente. Pero al cruzar el puente para unirte al Cielo, este se unirá a ti y os volveréis uno. Y pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. El júbilo del Cielo, el cual es ilimitado, aumenta con cada luz que regresa a ocupar el lugar que le corresponde en él. ¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! ¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará solo con que dejes que venga a ti!
El Espíritu Santo solo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le permitas liberarte. Lo único que necesita es que estés dispuesto a compartir Su perspectiva, para que Él te la conceda en su totalidad. Y no tienes que estar completamente dispuesto porque Él lo está. Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe la que tu compartes  con Él en el instante santo. Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de la que Él goza. Invócale, pues el Cielo responde a Su llamada. Y permítele que Él invoque al Cielo por ti.

Un Curso de Milagros
T 16 VI 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12
  
Gregorio García Alcalá
23 de niviembre de 2013  




miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL PUENTE QUE CONDUCE AL MUNDO REAL I



Ir en busca de una relación especial es señal de que te equiparas con el ego y no con Dios, pues la relación especial solo tiene valor para el ego. Para él , a no ser que una relación tenga valor especial, no tiene ningún significado, pues para el ego todo amor es especial. Esto, sin embargo, no puede ser natural, pues es diferente de la relación que Dios tiene con Su Hijo, y toda relación que no sea como esa es necesariamente  antinatural. Pues Dios creó el amor tal como Él quería que fuese, y lo dio tal como es. El amor no tiene ningún significado excepto el que su Creador le otorgó mediante Su Voluntad. Es imposible definirlo de otra manera y entenderlo.
El amor es libertad. Ir en su busca encadenándote a ti mismo es separarte de él. ¡Por el Amor de Dios, no sigas buscando la unión en la separación ni la libertad en el cautiverio! Según concedas libertad serás liberado. No te olvides de esto, o, de lo contrario, el amor será incapaz de encontrarte y ofrecerte consuelo.
Hay una manera en que el Espíritu Santo te pide que le prestes tu ayuda, si quieres disponer de la Suya. El instante santo es el recurso más útil de que Él dispone para protegerte de la atracción de la culpabilidad que es el verdadero señuelo de la relación especial. No te das cuenta de que ese es el verdadero atractivo de la relación especial,  debido a que el ego te ha enseñado que la libertad reside en ella. Sin embargo, mientras más detenidamente examines la relación especial, más claro te resultará que no puede sino fomentar la culpabilidad, y que, por lo tanto, no puede sino aprisionar.
La relación especial no significa nada sin un cuerpo. Si le atribuyes valor a la relación especial, tienes que atribuírselo también al cuerpo. Y no podrás sino conservar aquello a lo que atribuyas valor. La relación especial es un recurso para limitar tu Ser a un cuerpo, y para limitar la percepción que tienes de los demás a los suyos. Si pudieses ver los Grandes Rayos, estos te demostrarían que la relación especial no tiene absolutamente ningún valor. Pues al verlos, el cuerpo desaparecería, ya que perdería su valor. Y de este modo, perderías todo tu interés en verlo.
Ves el mundo al que atribuyes valor. A este lado del puente ves un mundo de cuerpos separados que buscan unirse unos con otros en uniones exclusivas y convertirse en uno solo a costa de la pérdida que ambos sufren. Cuando dos individuos intentan convertirse en uno solo están tratando de reducir su grandeza. Cada uno quiere negar su poder,  pues una unión exclusiva excluye al universo. Se deja afuera mucho más de lo que se admite adentro, pues se deja a Dios afuera y no se admite nada adentro. Si una sola de esas uniones se estableciese con perfecta fe, el universo entraría a formar parte de ella. Más la relación especial que el ego persigue no incluye ni siquiera un solo individuo en su totalidad. El ego solo quiere parte de él, y ve solo esa parte y nada más. 

Un Curso de Milagros
T 16 VI 1-2-3-4 y 5




Gregorio García Alcalá
20 de noviembre de 2013

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES II



                   La decisión de alcanzar la compleción 

Cuando se examina la relación especial, es necesario antes que nada, darse cuenta de que comporta mucho dolor. Tanto la ansiedad como la desesperación, la culpabilidad y el ataque están presentes, intercalados con períodos en que parecen haber desaparecido. Es esencial que todos estos estados se vean tal como realmente son. Sea cual fuere la forma en que se manifiesten, son siempre un ataque contra el ser para que el otro se sienta culpable. He hablado de esto con anterioridad, pero hay algunos aspectos de lo que realmente se está intentando que aún no hemos examinado.
Dicho llanamente, el intento de que otro se sienta culpable va siempre dirigido contra Dios, pues el ego quiere que creas que Dios, y solo Él, es culpable, lo cual deja a la Filiación vulnerable al ataque y sin ninguna protección contra él. La relación de amor especial es el arma principal del ego para impedir que llegues al Cielo. No parece un arma, pero si examinases cuanto lo valoras y por qué, te darías cuenta de que lo es.
La relación de amor especial es el regalo más ostentoso del ego y el que mayor atractivo tiene para aquellos que no están dispuestos a renunciar a la culpabilidad. Aquí es donde más claramente se puede ver la "dinámica" del ego, pues, contando con la atracción de su ofrenda, las fantasías que se centran sobre la relación de amor especial son con frecuencia muy evidentes. Normalmente se consideran aceptables, e incluso naturales. Nadie considera raro amar y odiar al mismo tiempo, y aún los que creen que odiar es un pecado, simplemente se sienten culpables por ello, pero no hacen nada por corregirlo. Esto es lo que es "normal" en la separación, y aquellos que aprenden que no es normal en absoluto, parecen ser los que no son normales. Pues este mundo es  lo opuesto al Cielo, al haber sido concebido para ser su opuesto, y todas las cosas aquí son exactamente lo opuesto a la verdad. En el Cielo, donde el significado del amor se conoce perfectamente, el amor es lo mismo que la unión. Aquí, donde en lugar del amor se acepta la ilusión del amor, el amor se percibe como separación y exclusión.
En la relación especial -nacida del deseo oculto de que Dios nos ame con un amor especial- es donde triunfa el odio del ego. Pues la relación especial es la renuncia al Amor de Dios y el intento de asegurar para uno mismo la condición de ser especial que Él nos negó. Es esencial para la supervivencia del ego que tú creas que el especialismo no es el infierno, sino el Cielo. Pues el ego jamás querría que vieses que lo único que la separación conlleva son pérdidas, al ser la única condición en la que el Cielo no puede existir.
Para todo el mundo el Cielo es la compleción. En esto no puede haber desacuerdo porque tanto el ego como el Espíritu Santo lo aceptan. Están, no obstante, en completo desacuerdo con respecto a lo que es la compleción y a como se alcanza. El Espíritu Santo sabe que la compleción reside en primer lugar en la unión , y luego en la extensión de esta. Para el ego, la compleción reside en el triunfo, y en la extensión de la "victoria" incluso hasta el triunfo definitivo sobre Dios. El ego cree que con esto el ser se libera finalmente, pues entonces no quedaría nada que pudiese ser un obstáculo para él. Esa es su idea del Cielo. Para el ego, pues, la unión -la condición en la cual él no puede interferir- tiene que ser el infierno. 
La relación especial es un mecanismo extraño y antinatural del ego para unir Cielo e infierno, e impedir que se pueda distinguir entre uno y otro. Tratar de encontrar lo que supuestamente es lo "mejor" de los dos mundos, simplemente ha dado lugar a que se tengan fantasías de ambos y a que sea imposible percibir a ninguno de ellos como realmente es. La relación especial es el triunfo de esta confusión. Es un tipo de unión en que la unión está excluida, pues la exclusión es la base de dicho intento de unión. ¿Que mejor ejemplo de ésto puede haber de la máxima del ego: "Busca, pero no halles"?      
Lo más curioso de todo es el concepto de  yo que el ego fomenta en las relaciones especiales. Este "yo" busca relaciones para completarse a sí mismo. Pero cuando encuentra la relación especial en la que piensa que puede lograrlo, se entrega a sí mismo, y trata de "intercambiarse" por el yo del otro. Eso no es unión, pues con ello no hay aumento ni extensión. Cada uno de ellos trata de sacrificar el yo que no desea a cambio de uno que cree que prefiere. Y se siente culpable por el "pecado" de apropiarse de algo y de no dar nada valioso a cambio. ¿Que valor le puede adjudicar a un yo del que quiere deshacerse para obtener otro "mejor"?
Ese otro yo "mejor" que el ego busca es siempre uno que es más especial. Y quienquiera que parezca poseer un yo especial es "amado" por lo que se puede sacar de él. Cuando ambos miembros de la relación especial ven en el otro ese yo especial, el ego ve "una unión bendecida por el Cielo". Pues ni uno ni otro reconocerá que ha pedido el infierno, y, por lo tanto, no interferirá en la ilusión que el ego tiene del Cielo, y que le ofrece para que suponga un obstáculo para este. Pero si el contenido de todas las ilusiones es el miedo, y solo el miedo, la ilusión del Cielo no es más que una forma "atractiva" de miedo  en la que la culpabilidad está profundamente soterrada y se manifiesta en forma de "amor".

Un Curso de Milagros
Texto, Cap 16 V  del 1 al 8.

Gregorio García Alcalá

martes, 12 de noviembre de 2013

LAS ILUSIONES Y LA REALIDAD DEL AMOR



No temas examinar la relación de odio especial, pues tu liberación radica en que la examines. Sería imposible no conocer el significado si no fuese por eso. Pues la relación de amor especial, en la que el significado del amor se halla oculto, se emprende solamente para contrarrestar el odio, no para abandonarlo. Tu salvación se perfilará claramente ante tus ojos abiertos a medida que examines esto. No puedes limitar el odio. La relación de amor especial no lo contrarrestará, sino que simplemente lo ocultará donde no puedas verlo. Mas es esencial que lo veas, y que no trates de ocultarlo. Pues el intento de equilibrar el odio con el amor es lo que hace que el amor no tenga ningún significado para ti. No te das cuenta de la magnitud de la ruptura que esto representa. Y hasta que no te des cuenta de ello, no podrás reconocer la existencia de dicha ruptura, y, por lo tanto, no podrá ser subsanada.
Los símbolos del odio enfrentados a los del amor parecen dar lugar a un conflicto que no existe. Pues los símbolos siempre representan algo diferente de sí mismos, y si el amor lo es todo, la idea de un símbolo de amor no tiene sentido. Saldrás ileso de este último acto del proceso de deshacimiento, y emergerás finalmente como lo que eres. Este es el último paso en el proceso de estar listo para Dios. No te muestres renuente ahora, pues estás demasiado cerca, y cruzarás el puente sin ningún contratiempo, al ser transportado serenamente de la guerra a la paz. Pues la ilusión de amor jamás te satisfará, pero la realidad del amor, que te espera al otro lado, te lo dará todo.
La relación de amor especial es un intento de limitar los efectos destructivos del odio, tratando de encontrar refugio en medio de la tormenta de la culpabilidad. Dicha relación no hace ningún esfuerzo por elevarse por encima de la tormenta hasta encontrar la luz del sol. Por el contrario, hace hincapié en la culpabilidad que se encuentra fuera del refugio, intentando construir barricadas contra ella a fin de mantenerte a salvo  tras ellas. La relación de amor especial no se percibe como algo con valor intrínseco, sino como un enclave de seguridad desde donde es posible separarse del odio y mantenerlo alejado. La otra persona envuelta en esta relación de amor especial es aceptable siempre y cuando se ajuste a ese propósito. El odio puede hacer acto de presencia, y de hecho se le da la bienvenida en ciertos aspectos de la relación, pero la relación se mantiene viva gracias a la ilusión de amor. Si esta desaparece, la relación se rompe o se vuelve insatisfactoria debido a la desilusión.
El amor no es una ilusión. Es un hecho. Si ha habido desilusión es porque realmente nunca hubo amor, sino odio, pues el odio es una ilusión y lo que puede cambiar nunca pudo ser amor. No cabe duda de que los que eligen a algunas personas como pareja en cualquier aspecto de la vida, y se valen de ellas para cualquier propósito que no desean compartir con nadie, están tratando de vivir con culpabilidad en vez de morir de ella. Estas son las únicas alternativas que ven. Para ellos el amor es solo un escape de la muerte. Lo buscan desesperadamente, pero no en la paz en la que él gustosamente vendría hasta ellos quedamente. Y cuando descubren que el miedo a la muerte se cierne todavía sobre ellos, la ilusión de que la relación de amor especial es lo que no es se desvanece. Cuando se desmantelan las barricadas contra el miedo, este se abalanza adentro y el odio triunfa.
No hay tal cosa como triunfos de amor. Solo el odio está interesado en el "triunfo de amor". La ilusión de amor puede triunfar sobre la ilusión de odio, pero siempre a costa de convertirlas a las dos en ilusiones. Mientras perdure la ilusión de odio, el amor será una ilusión para ti. Por lo tanto, la única elección que te queda entonces es cual de las dos ilusiones prefieres. En la elección entre la verdad y la ilusión no hay conflicto. Si se viesen desde este punto de vista, nadie tendría dudas acerca de cual elegir. Mas el conflicto se manifiesta en el instante en que la elección  parece ser entre ilusiones, si bien esta elección es intranscendente. Cuando una alternativa es tan peligrosa como la otra, la decisión tiene que ser una desesperación.   Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso. Toda ilusión es una ilusión de miedo, sea cual fuere la forma en que se manifieste. Y el intento de escapar de una ilusión refugiándote en otra no puede sino fracasar. Si buscas amor fuera de ti, puedes estar seguro de que estás percibiendo odio dentro de ti y de que ello te da miedo. Pero la paz nunca procederá de la ilusión de amor, sino solo de la realidad de este.


Un Curso de Milagros
Texto. Cap 16, IV
Gregorio García Alcalá  

sábado, 9 de noviembre de 2013

DESPRÉNDETE DEL SUFRIMIENTO


Debería ser fácil deshacerse del sufrimiento, de la angustia, de la desdicha. No debería ser díficil: no quieres ser infeliz por lo que deben existir detrás serias complicaciones. La complicación es que desde la niñez no se te ha permitido ser feliz, sentir gozo, disfrutar. 
Se te ha obligado a ser serio y la seriedad implica tristeza. Se te obligó a hacer cosas que nunca quisiste hacer. Eras indefenso, débil, dependiente de la gente; por supuesto, tenías que hacer lo que ellos dijeran. Hiciste todo aquello de mala gana, tristemente, a la fuerza. En contra de ti mismo se te ha obligado a hacer tanto, que poco a poco una cosa te ha quedado clara: que todo lo que contra ti es bueno y que todo lo que no va contra ti necesariamente es malo. Constantemente toda esta educación te colmó de tristeza, la cual no es natural.
Estar alegre es natural, lo mismo que estar sano es natural. Cuando estás sano no vas al médico a preguntarle: "¿Por que estoy sano?" No hace falta hacer preguntas sobre tu buena salud. Pero cuando estás enfermo, inmediatamente preguntas: "¿Por que estoy enfermo? ¿Cuál es la razón, la causa de mi enfermedad?"
Es absolutamente normal que preguntes por que eres infeliz. No lo es el preguntar por que eres feliz. Has sido educado en una sociedad enferma en donde ser feliz sin razón es sinónimo de locura. Si sonríes sin razón aparente, la gente pensará que te falta un tornillo. ¿Por que sonríes? ¿Por que pareces tan feliz? Si declaras: "No sé, me siento feliz, así no más, sin razón", tu respuesta tan solo fortalecerá la idea de que algo raro te ocurre.
Pero si te sientes infeliz nadie te va a preguntar por que lo eres. Ser infeliz es natural; todo el mundo lo es. No te añade nada especial. No estás haciendo nada extraordinario.
Insconcientemente esta idea se va aposentando en ti; esa desdicha es natural y la felicidad no lo es. La felicidad debe ser comprobada, la desdicha no. Lentamente penetra en lo profundo de tu ser -en tu sangre, en tus huesos, en tu médula- aunque por naturaleza va en tu contra. Se te ha obligado a ser un esquizofrénico; se te ha impuesto algo que va en contra de tu naturaleza. Has sido apartado de tu propio ser hacia algo que no eres. Esto es lo que crea la desdicha total en la humanidad, que todo el mundo esté en donde no debería estar, que sea lo que no debería ser. A causa de que el hombre no puede estar en donde debe estar -donde parte su verdadera raíz- es infeliz. Este estado de separación de tu ser se ha ido acrecentando; has olvidado el camino de vuelta a casa. Por lo que en donde te encuentres, crees que estás en tu casa. De la desdicha has hecho tu hogar; la angustia se ha convertido en algo natural. Has aceptado el sufrimiento como salud, no como enfermedad.  
Cuando alguien exclama: "Abandona esta vida infeliz", se plantea una cuestión muy importante: "¡Esto es todo lo que tengo! Si lo abandono no seré nadie, perderé mi identidad. Al menos ahora soy alguien; alguien infeliz, alguien triste, alguien  que sufre. Si renuncio a todo esto entonces surgirá la pregunta: ¿Cual es mi identidad? ¿Quien soy? No conozco el camino de vuelta a casa, y tú has tirado abajo la hipocresía, el falso hogar creado por la sociedad".
A nadie le gusta estar desnudo en medio de la calle. Es mejor ser infeliz: al menos tienes algo que ponerte, aunque sea la desdicha... pero no ocurre nada, todo el mundo va ataviado con el mismo tipo de ropa. Para aquellos que puedan costearla, la desdicha les sale cara. Para aquellos que no pueden costearla, es doblemente penosa: tienen que vivir en un tipo inferior de desdicha, no tienen mucho de que jactarse.
Por consiguiente hay personas desdichadas ricas y gente desdichada pobre. Estos últimos hacen lo imposible por alcanzar el status de la gente desdichada rica. Estas son las únicas dos opciones.
La tercera opción ha sido completamente olvidada. La tercera es tu realidad, no hay desdicha en ella. La naturaleza intrínsica del hombre  es la felicidad.
La felicidad no es algo que se adquiere. Ya se encuentra ahí; hemos nacido con ella.
No la hemos perdido, simplemente nos hemos alejado de ella, le hemos vuelto la espalda. Se halla detrás de nosotros; un pequeño giro supone una gran revolución.
Pero a lo largo del mundo existen falsas religiones que no dejan de decirte que eres infeliz porque en la vida anterior comestiste malas acciones. Tonterías. ¿A causa de que iba la existencia  a esperar una vida para castigarte? No hace ninguna falta. En la naturaleza las cosas suceden  inmediatamente. ¿Pones la mano en el fuego en esta vida y te quemas en la siguiente? ¡Raro! Te quemarás al instante sin más dilación. Causa y efecto están relacionado, no puede haber ninguna distancia.
Pero esas falsas religiones continúan consolando a la gente: "No te preocupes. Debes hacer buenas obras, ser más devoto. Ve al templo o a la iglesia, y en la próxima vida no serás infeliz". No hay nada en efectivo, todo queda para la próxima vida. Pero nadie regresa de la siguiente vida y declara: "Esta gente no está diciendo más que mentiras". La religión es moneda en efectivo no es ni siquiera un cheque.
Diferentes religiones han hallado estrategias distintas, pero la razón es la misma. La cristiana, la judía, la mahometana, las religiones creadas fuera de la India, le dicen a la gente: "Estás sufriendo porque Adán y Eva cometieron un pecado". La primera pareja, hace millones de años... y ni siquiera era un gran pecado: tú lo estás cometiendo cada día. Simplemente comieron manzanas, y Dios había prohibido que las comieran.
La cuestión no son las manzanas, la cuestión es que desobedecieron. Hace millones de años alguien desobedeció a Dios . Ese hombre fue castigado, arrojado del Jardín del Edén, arrojado del paraíso de Dios. ¿Por que sufrimos? Porque fueron nuestros primeros padres.
La realidad es totalmente diferente. No es una cuestión de malas obras, es una cuestión de haberte apartado de ti mismo, de tu felicidad natural. Ninguna religión quiere que seas tan ingenuamente infeliz; de lo contrario, ¿Que le ocurrirá a los discípulos? ¿Que ocurrirá con sus grandes liturgias, con sus ascéticas liturgias?
Si abandonas la desdicha es tan fácil como digo, entonces a todas estas falsas religiones se les arruina el negocio. Para ellos es un negocio. La felicidad tiene que hacerse tan difícil -casi imposible- que la gente solo pueda esperarla en alguna vida futura, tras largos y arduos viajes.
Quiero que seas sensible, estéticamente sensible a todas estas cosas. Te harán más humano, crearán una mayor levedad en tu interior  y una mayor gratitud hacia la existencia.

OSHO, El equilibrio cuerpo-mente.

jueves, 7 de noviembre de 2013

RECORDANDO A OSHO



La mente es una enfermedad. Esta es una verdad básica que Oriente ha descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma. Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer que esté normalmente enferma. 
Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único. Tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Porqué?  Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra "salud" es hermosa, procede de la misma raiz que la palabra "totalidad". Salud, curación, totalidad, sagrado, o santo, todas estas palabras proceden de la misma raiz. 
La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra ¿Como va a poder estar sana?, y si no puede estar sana ¿Como va a ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
La mente es la enfermedad. ¿Como se llama esta enfermedad? Su nombre es Aristóteles, o si prefieres que realmente parezca una enfermedad puedes llamarla "aristotelitis". Así suena totalmente como una enfermedad. ¿Por que es Aristóteles la enfermedad? Porque dice: "O esto o lo otro. ¡Elige! Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir.
Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el "a favor" entra, el "en contra" le sigue como una sombra. Cuando aparece el "en contra", el "a favor" aparece también; oculta o abiertamente.
Cuando eliges divides. Entonces dices: "Esto está bien, esto está mal". Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo "unísono". Es unidad. Si dices: "esto es bonito y esto es feo", la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una linea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello.
El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vidad. Es por eso que la mente es obsesión; está siempre fija, es sólida. Y la vida no es tan sólida; es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto.
Alguien era joven en ese momento, y al siguiente se ha hecho viejo. Esos ojos, que eran tan hermosos, han desaparecido; ahora son solo ruinas. Ese rostro era tan lozano..., y ahora no queda nada, ni siquiera un fantasma. Lo bonito se vuelve feo, la vida se convierte en muerte, y la muerte vuelva a nacer de nuevo.

Osho, El libro de la nada


miércoles, 6 de noviembre de 2013

EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES



La verdadera empatía

Sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a comprender. Unirte al sufrimiento de otro es la interpretación que el ego hace de la empatía, de la cual siempre se vale para entablar relaciones especiales en las que el sufrimiento se comparte.  La capacidad de sentir empatía le es muy útil al Espíritu Santo, siempre que permitas que Él la use a Su manera. La manera en que Él la usa es muy diferente. Él no comprende el sufrimiento, y Su deseo es que enseñes que no es comprensible. Cuando se relaciona a través de ti, Él no se relaciona con otro ego a través del tuyo. No se une en el dolor, pues comprende que curar el dolor no se logra con intentos ilusorios de unirte a él y de aliviarlo compartiendo el desvarío.
La prueba más clara de que la empatía, tal como el ego la usa, es destructiva, reside en el hecho de que solo se aplica a un determinado tipo de problemas y a ciertos individuos. Él mismo los selecciona y se une a ellos. Pero nunca se une a nada, excepto para fortalecerse a sí mismo. Al haberse identificado con lo que cree entender, el ego se ve a sí mismo y procura expandirse compartiendo lo que es como él. No dejes que esta maniobra te engañe. El ego siempre utiliza la empatía para debilitar, y debilitar es atacar. Tú no sabes lo que es la empatía. Pero de esto puedes estar seguro: solo con que te sentases calmadamente y permitieses que el Espiritu Santo se relacionase a través de ti, sentirías empatía por la fortaleza, y, de este modo, tu fortaleza aumentaría, y no tu debilidad.
Tu papel consiste únicamente en recordar esto: no quieres que nada que tú consideres valioso sea lo que tiene lugar en una relación. No decides hacer nada a tu manera para deteriorarlas o crear armonía en ellas. No sabes lo que es curar. Todo lo que has aprendido acerca de la empatía procede del pasado. Y no hay nada del pasado que desees compartir, pues no hay nada del pasado que desees conservar. No te valgas de la empatía para otorgarle realidad al pasado y así perpetuarlo. Hazte a un lado tranquilamente y deja que la curación se lleve a cabo por ti. Mantén un solo pensamiento en la mente y no lo pierdas de vista, por muy grande que sea la tentación de juzgar cualquier situación, y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. Concentra tu mente en esto:
        No estoy solo, y no quiero imponer el pasado a
        mi Invitado.
        Lo invité y Él está aquí.
        No tengo que hacer nada, excepto no interferir.
La verdadera empatía procede de Aquel que sabe lo que es. Tú aprenderás a hacer la misma interpretación que Él hace de de ella si le permites que se valga de tu capacidad de ser fuerte y no débil. Él no te abandonará, pero asegúrate de que tú no lo abandonas a Él. La humildad es fuerza solo en este sentido: reconocer y aceptar el hecho de que no sabes, es reconocer y aceptar el hecho de que Él sabe. No estás seguro de que Él desempeñará Su función porque tú nunca has desempeñado la tuya completamente. Es imposible que sepas como responder a lo que no comprendes. No caigas en esta tentación ni sucumbas al uso triunfante que el ego hace de la empatía para su propia vanagloria.

Un Curso de Milagros
Cap. 16 - I, 1, 2, 3 y 4