sábado, 9 de noviembre de 2013

DESPRÉNDETE DEL SUFRIMIENTO


Debería ser fácil deshacerse del sufrimiento, de la angustia, de la desdicha. No debería ser díficil: no quieres ser infeliz por lo que deben existir detrás serias complicaciones. La complicación es que desde la niñez no se te ha permitido ser feliz, sentir gozo, disfrutar. 
Se te ha obligado a ser serio y la seriedad implica tristeza. Se te obligó a hacer cosas que nunca quisiste hacer. Eras indefenso, débil, dependiente de la gente; por supuesto, tenías que hacer lo que ellos dijeran. Hiciste todo aquello de mala gana, tristemente, a la fuerza. En contra de ti mismo se te ha obligado a hacer tanto, que poco a poco una cosa te ha quedado clara: que todo lo que contra ti es bueno y que todo lo que no va contra ti necesariamente es malo. Constantemente toda esta educación te colmó de tristeza, la cual no es natural.
Estar alegre es natural, lo mismo que estar sano es natural. Cuando estás sano no vas al médico a preguntarle: "¿Por que estoy sano?" No hace falta hacer preguntas sobre tu buena salud. Pero cuando estás enfermo, inmediatamente preguntas: "¿Por que estoy enfermo? ¿Cuál es la razón, la causa de mi enfermedad?"
Es absolutamente normal que preguntes por que eres infeliz. No lo es el preguntar por que eres feliz. Has sido educado en una sociedad enferma en donde ser feliz sin razón es sinónimo de locura. Si sonríes sin razón aparente, la gente pensará que te falta un tornillo. ¿Por que sonríes? ¿Por que pareces tan feliz? Si declaras: "No sé, me siento feliz, así no más, sin razón", tu respuesta tan solo fortalecerá la idea de que algo raro te ocurre.
Pero si te sientes infeliz nadie te va a preguntar por que lo eres. Ser infeliz es natural; todo el mundo lo es. No te añade nada especial. No estás haciendo nada extraordinario.
Insconcientemente esta idea se va aposentando en ti; esa desdicha es natural y la felicidad no lo es. La felicidad debe ser comprobada, la desdicha no. Lentamente penetra en lo profundo de tu ser -en tu sangre, en tus huesos, en tu médula- aunque por naturaleza va en tu contra. Se te ha obligado a ser un esquizofrénico; se te ha impuesto algo que va en contra de tu naturaleza. Has sido apartado de tu propio ser hacia algo que no eres. Esto es lo que crea la desdicha total en la humanidad, que todo el mundo esté en donde no debería estar, que sea lo que no debería ser. A causa de que el hombre no puede estar en donde debe estar -donde parte su verdadera raíz- es infeliz. Este estado de separación de tu ser se ha ido acrecentando; has olvidado el camino de vuelta a casa. Por lo que en donde te encuentres, crees que estás en tu casa. De la desdicha has hecho tu hogar; la angustia se ha convertido en algo natural. Has aceptado el sufrimiento como salud, no como enfermedad.  
Cuando alguien exclama: "Abandona esta vida infeliz", se plantea una cuestión muy importante: "¡Esto es todo lo que tengo! Si lo abandono no seré nadie, perderé mi identidad. Al menos ahora soy alguien; alguien infeliz, alguien triste, alguien  que sufre. Si renuncio a todo esto entonces surgirá la pregunta: ¿Cual es mi identidad? ¿Quien soy? No conozco el camino de vuelta a casa, y tú has tirado abajo la hipocresía, el falso hogar creado por la sociedad".
A nadie le gusta estar desnudo en medio de la calle. Es mejor ser infeliz: al menos tienes algo que ponerte, aunque sea la desdicha... pero no ocurre nada, todo el mundo va ataviado con el mismo tipo de ropa. Para aquellos que puedan costearla, la desdicha les sale cara. Para aquellos que no pueden costearla, es doblemente penosa: tienen que vivir en un tipo inferior de desdicha, no tienen mucho de que jactarse.
Por consiguiente hay personas desdichadas ricas y gente desdichada pobre. Estos últimos hacen lo imposible por alcanzar el status de la gente desdichada rica. Estas son las únicas dos opciones.
La tercera opción ha sido completamente olvidada. La tercera es tu realidad, no hay desdicha en ella. La naturaleza intrínsica del hombre  es la felicidad.
La felicidad no es algo que se adquiere. Ya se encuentra ahí; hemos nacido con ella.
No la hemos perdido, simplemente nos hemos alejado de ella, le hemos vuelto la espalda. Se halla detrás de nosotros; un pequeño giro supone una gran revolución.
Pero a lo largo del mundo existen falsas religiones que no dejan de decirte que eres infeliz porque en la vida anterior comestiste malas acciones. Tonterías. ¿A causa de que iba la existencia  a esperar una vida para castigarte? No hace ninguna falta. En la naturaleza las cosas suceden  inmediatamente. ¿Pones la mano en el fuego en esta vida y te quemas en la siguiente? ¡Raro! Te quemarás al instante sin más dilación. Causa y efecto están relacionado, no puede haber ninguna distancia.
Pero esas falsas religiones continúan consolando a la gente: "No te preocupes. Debes hacer buenas obras, ser más devoto. Ve al templo o a la iglesia, y en la próxima vida no serás infeliz". No hay nada en efectivo, todo queda para la próxima vida. Pero nadie regresa de la siguiente vida y declara: "Esta gente no está diciendo más que mentiras". La religión es moneda en efectivo no es ni siquiera un cheque.
Diferentes religiones han hallado estrategias distintas, pero la razón es la misma. La cristiana, la judía, la mahometana, las religiones creadas fuera de la India, le dicen a la gente: "Estás sufriendo porque Adán y Eva cometieron un pecado". La primera pareja, hace millones de años... y ni siquiera era un gran pecado: tú lo estás cometiendo cada día. Simplemente comieron manzanas, y Dios había prohibido que las comieran.
La cuestión no son las manzanas, la cuestión es que desobedecieron. Hace millones de años alguien desobedeció a Dios . Ese hombre fue castigado, arrojado del Jardín del Edén, arrojado del paraíso de Dios. ¿Por que sufrimos? Porque fueron nuestros primeros padres.
La realidad es totalmente diferente. No es una cuestión de malas obras, es una cuestión de haberte apartado de ti mismo, de tu felicidad natural. Ninguna religión quiere que seas tan ingenuamente infeliz; de lo contrario, ¿Que le ocurrirá a los discípulos? ¿Que ocurrirá con sus grandes liturgias, con sus ascéticas liturgias?
Si abandonas la desdicha es tan fácil como digo, entonces a todas estas falsas religiones se les arruina el negocio. Para ellos es un negocio. La felicidad tiene que hacerse tan difícil -casi imposible- que la gente solo pueda esperarla en alguna vida futura, tras largos y arduos viajes.
Quiero que seas sensible, estéticamente sensible a todas estas cosas. Te harán más humano, crearán una mayor levedad en tu interior  y una mayor gratitud hacia la existencia.

OSHO, El equilibrio cuerpo-mente.