viernes, 15 de noviembre de 2013

EL PERDÓN DE LAS ILUSIONES II



                   La decisión de alcanzar la compleción 

Cuando se examina la relación especial, es necesario antes que nada, darse cuenta de que comporta mucho dolor. Tanto la ansiedad como la desesperación, la culpabilidad y el ataque están presentes, intercalados con períodos en que parecen haber desaparecido. Es esencial que todos estos estados se vean tal como realmente son. Sea cual fuere la forma en que se manifiesten, son siempre un ataque contra el ser para que el otro se sienta culpable. He hablado de esto con anterioridad, pero hay algunos aspectos de lo que realmente se está intentando que aún no hemos examinado.
Dicho llanamente, el intento de que otro se sienta culpable va siempre dirigido contra Dios, pues el ego quiere que creas que Dios, y solo Él, es culpable, lo cual deja a la Filiación vulnerable al ataque y sin ninguna protección contra él. La relación de amor especial es el arma principal del ego para impedir que llegues al Cielo. No parece un arma, pero si examinases cuanto lo valoras y por qué, te darías cuenta de que lo es.
La relación de amor especial es el regalo más ostentoso del ego y el que mayor atractivo tiene para aquellos que no están dispuestos a renunciar a la culpabilidad. Aquí es donde más claramente se puede ver la "dinámica" del ego, pues, contando con la atracción de su ofrenda, las fantasías que se centran sobre la relación de amor especial son con frecuencia muy evidentes. Normalmente se consideran aceptables, e incluso naturales. Nadie considera raro amar y odiar al mismo tiempo, y aún los que creen que odiar es un pecado, simplemente se sienten culpables por ello, pero no hacen nada por corregirlo. Esto es lo que es "normal" en la separación, y aquellos que aprenden que no es normal en absoluto, parecen ser los que no son normales. Pues este mundo es  lo opuesto al Cielo, al haber sido concebido para ser su opuesto, y todas las cosas aquí son exactamente lo opuesto a la verdad. En el Cielo, donde el significado del amor se conoce perfectamente, el amor es lo mismo que la unión. Aquí, donde en lugar del amor se acepta la ilusión del amor, el amor se percibe como separación y exclusión.
En la relación especial -nacida del deseo oculto de que Dios nos ame con un amor especial- es donde triunfa el odio del ego. Pues la relación especial es la renuncia al Amor de Dios y el intento de asegurar para uno mismo la condición de ser especial que Él nos negó. Es esencial para la supervivencia del ego que tú creas que el especialismo no es el infierno, sino el Cielo. Pues el ego jamás querría que vieses que lo único que la separación conlleva son pérdidas, al ser la única condición en la que el Cielo no puede existir.
Para todo el mundo el Cielo es la compleción. En esto no puede haber desacuerdo porque tanto el ego como el Espíritu Santo lo aceptan. Están, no obstante, en completo desacuerdo con respecto a lo que es la compleción y a como se alcanza. El Espíritu Santo sabe que la compleción reside en primer lugar en la unión , y luego en la extensión de esta. Para el ego, la compleción reside en el triunfo, y en la extensión de la "victoria" incluso hasta el triunfo definitivo sobre Dios. El ego cree que con esto el ser se libera finalmente, pues entonces no quedaría nada que pudiese ser un obstáculo para él. Esa es su idea del Cielo. Para el ego, pues, la unión -la condición en la cual él no puede interferir- tiene que ser el infierno. 
La relación especial es un mecanismo extraño y antinatural del ego para unir Cielo e infierno, e impedir que se pueda distinguir entre uno y otro. Tratar de encontrar lo que supuestamente es lo "mejor" de los dos mundos, simplemente ha dado lugar a que se tengan fantasías de ambos y a que sea imposible percibir a ninguno de ellos como realmente es. La relación especial es el triunfo de esta confusión. Es un tipo de unión en que la unión está excluida, pues la exclusión es la base de dicho intento de unión. ¿Que mejor ejemplo de ésto puede haber de la máxima del ego: "Busca, pero no halles"?      
Lo más curioso de todo es el concepto de  yo que el ego fomenta en las relaciones especiales. Este "yo" busca relaciones para completarse a sí mismo. Pero cuando encuentra la relación especial en la que piensa que puede lograrlo, se entrega a sí mismo, y trata de "intercambiarse" por el yo del otro. Eso no es unión, pues con ello no hay aumento ni extensión. Cada uno de ellos trata de sacrificar el yo que no desea a cambio de uno que cree que prefiere. Y se siente culpable por el "pecado" de apropiarse de algo y de no dar nada valioso a cambio. ¿Que valor le puede adjudicar a un yo del que quiere deshacerse para obtener otro "mejor"?
Ese otro yo "mejor" que el ego busca es siempre uno que es más especial. Y quienquiera que parezca poseer un yo especial es "amado" por lo que se puede sacar de él. Cuando ambos miembros de la relación especial ven en el otro ese yo especial, el ego ve "una unión bendecida por el Cielo". Pues ni uno ni otro reconocerá que ha pedido el infierno, y, por lo tanto, no interferirá en la ilusión que el ego tiene del Cielo, y que le ofrece para que suponga un obstáculo para este. Pero si el contenido de todas las ilusiones es el miedo, y solo el miedo, la ilusión del Cielo no es más que una forma "atractiva" de miedo  en la que la culpabilidad está profundamente soterrada y se manifiesta en forma de "amor".

Un Curso de Milagros
Texto, Cap 16 V  del 1 al 8.

Gregorio García Alcalá