martes, 10 de diciembre de 2013

EL FINAL DEL SUEÑO


El sustituto de la realidad

Sustituir es aceptar una cosa por otra. Solo con que examinases exactamente lo que esto implica, percibirías de inmediato cuanto difiere del objetivo que el Espíritu Santo te ha dado y quiere alcanzar por ti. Sustituir es elegir entre dos opciones, renunciando a un aspecto de la Filiación en favor de otro. Para este propósito especial, uno de ellos se juzga como más valioso y reemplaza al otro. La relación en la que la sustitución tuvo lugar queda de este modo fragmentada, y, consecuentemente, su propósito queda dividido. Fragmentar es excluir, y la sustitución es la defensa más potente que el ego tiene para mantener vigente la separación. El Espiritu Santo nunca utiliza sustitutos. En cualquier situación en la que el ego percibe a una persona como sustituto de otra, el Espíritu Santo solo ve su unión e indivisibilidad. Él no elige entre ellas, pues sabe que son una sola. Al estar unida, son una sola porque son una sola. La sustitución es claramente un proceso en el que se perciben como si fuesen diferentes. El deseo del Espíritu Santo es unir; el del ego, separar. Nada puede interponerse entre lo que Dios ha unido y el Espíritu Santo considera uno. Pero todo parece interponerse en las relaciones fragmentadas que el ego patrocina a fín de destruirlas.
La única emoción en la que la sustitución es imposible es el amor. El miedo, por definición, conlleva sustitución, pues es el sustituto del amor. El miedo es una emoción fragmentada y fragmentante. Parece adoptar muchas formas y cada una parece requirir el que uno actúe de modo diferente para poder obtener satisfacción. Si bien esto parece dar lugar a un comportamiento muy variable, un efecto mucho más serio reside en la percepción fragmentada de la que procede dicho comportamiento. No se considera a nadie como un ser completo. Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de este, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo.
Tú que crees que Dios es miedo tan solo llevaste a cabo una sustitución. Esta ha adoptado muchas formas porque la sustitución de la verdad por la ilusión; la de la plenitud por la fragmentación. Dicha sustitución a su vez ha sido tan desmenuzada y subdividida, y dividida de nuevo una y otra vez que ahora resulta casi imposible percibir que una vez fue una sola y que todavía sigue siendo lo que siempre fue. Ese único error, que llevó a la verdad a la ilusión a lo infinito a lo temporal, y a la vida a la muerte, fue el único que jamás comestiste. Todo tu mundo se basa en él. Todo lo que ves lo refleja, y todas las relaciones especiales que jamás entablaste proceden de él.
Tal vez te sorprenda cuán diferente es la realidad de eso que ves. No te das cuenta de la magnitud de es único error. Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino surgir un mundo totalmente irreal. ¿Qué otra cosa podría haber surgido de él? A medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento convirtíendolo en inútiles añicos de percepciones desunidas y forzarte llevar a cabo más sustituciones.
Esa fue la primera proyección del error al exterior. El mundo surgió para ocultarlo, y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó, la cual se puso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento. ¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés? Eso fue inevitable. Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y sigue siendo. Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo.

Un Curso de Milagros
Cap. 18 - I       



  Gregorio García Alcalá
10 de diciembre de 2013