domingo, 22 de diciembre de 2013

LAS ENSEÑANZAS DE ANTHONY DE MELLO






NO CONFUNDAS LOS SUEÑOS

Vosotros estáis dormidos porque, si no, ya no necesitaríais
venir a este foro. Si ya lo vierais todo con ojos nuevos, ya
no necesitaríais venir a despertaros.

Pero, si sois capaces de reconoceros dormidos, ser
conscientes de que no estáis despiertos, ya es un paso.

Pues lo peor y más peligroso del que duerme es creer que
está despierto y confundir sus sueños con la realidad.

Lo primero que se necesita para despertar es saber que
estáis durmiendo y estáis soñando.

La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de
gente dormida puede hacer mucho daño.

Y lo podemos ver muy claramente por la historia de una
religión que, en el nombre de Dios, cometió tantas
barbaridades creyendo que hacía el bien.

Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad, sin
fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes hacer
mucho daño y, de hecho, se sigue haciendo.

Para despertar hay que estar dispuesto a escucharlo todo,
más allá de los cartelitos de «buenos» y «malos», con
receptividad, que no quiere decir credulidad.
Hay que cuestionarlo todo estando atento a descubrir las
verdades que puedan encerrar, separándolas de lo que no
lo son.

Si nos identificamos con las teorías sin cuestionarlas con
la razón —y sobre todo con la vida— y nos las tragamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos.

No has sabido asimilar esas verdades para hacer tus
propios criterios.

Hay que ver las verdades, analizarlas y ponerlas a prueba
una vez cuestionadas.

«Haced lo que os digo» — dice Jesús —.
Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos
en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.

«Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas
—dice, Pablo—, ¿De qué me serviría si no amo?».

Este modo de ver de Pablo se consigue viendo, y nace,
ese modo de ser, de estar despierto, disponible y sin
engaños.

A de M