martes, 24 de diciembre de 2013

LUZ EN EL SUEÑO II



Cada instante que pasemos juntos te enseñará que este objetivo es posible, y fortalecerá tu deseo de alcanzarlo. Y en tu deseo reside su logro. Tu deseo está ahora completamente de acuerdo con todo el poder de la Voluntad del Espíritu Santo. Ningún paso corto y vacilante que des puede hacer que tu deseo se aparte de Su Voluntad o de Su Fortaleza. Puedes estar tan seguro de que yo te llevo de la mano como de que tú estuviste de acuerdo en llevar de la mano a tu hermano. No os separaréis, pues yo estoy con vosotros y camino con vosotros en vuestro avance hacia la verdad. Y dondequiera que vamos, llevamos a Dios con nosotros.
Te has unido a mí en tu relación para llevarle el Cielo al Hijo de Dios, que se había ocultado en la oscuridad. Has estado dispuesto a llevar la oscuridad a la luz, y eso ha fortalecido a todos los que quieren permanecer en la oscuridad. Los que quieran ver verán. Y se unirán a mí para llevar su luz a la oscuridad cuando la oscuridad que hay en ellos haya sido llevada ante la luz y eliminada para siempre. La necesidad que tengo de ti que te has unido a mí en la santa luz de tu relación, es la misma que tienes tú. ¿Como no iba yo a darte a ti lo que tú me diste a mí? Pues en el momento en que te uniste a tu hermano, me respondiste.
Tú que eres ahora el portador de la salvación, tienes la función de llevar la luz a la oscuridadf. La oscuridad en ti se llevó ante la luz. Lleva esa luz ahora a la oscuridad, desde el instante santo a donde llevaste tu oscuridad. Nos completamos cuando deseamos completar. No dejes que el tiempo te preocupe, pues todo miedo que tú y tu hermano podáis experimentar procede realmente del pasado. El tiempo ha sido reajustado para ayudarnos a lograr, juntos, lo que vuestros pasados separados habrían impedido. Habéis transcendido el miedo, pues dos mentes no pueden unirse en su deseo de amor sin que el amor se una a ellas.
Ni una sola luz en el Cielo deja de acompañaros. Ni uno solo de los rayos que brillan para siempre en la Mente de Dios deja de iluminaros. El Cielo se ha unido a vosotros en vuestro avance hacia Él. Si se han unido a vosotros luces tan potentes que infunden a la pequeña chispa de vuestro deseo el poder de Dios Mismo, ¿como podríais vosotros seguir en la oscuridad? Tú y tu hermano estáis retornando a casa juntos, después de un largo e insensato viaje que emprendisteis por separado y que no os condujo a ninguna parte. Has encontrado a tu hermano, y cada uno de vosotros alumbrará el camino del otro. Y partiendo de esa luz, los Grandes Rayos se extenderán hacia atrás hasta la oscuridad y hacia  adelante hasta Dios, para desvanecer con su resplandor el pasado y así dar lugar a Su eterna Presencia, en la que todo resplandece en luz.

 Un Curso de Milagros
T 18 III- 5, 6, 7, 8.



 Gregorio García Alcalá
24 de diciembre de 2013