lunes, 24 de febrero de 2014

COMO PERDONAR EL DESEO DE SER ESPECIAL





1. El perdón pone fin al deseo de ser especial. 2Lo único que se puede perdonar son las ilusiones, que entonces desaparecen. 3El perdón es lo que te libera de todas las ilusiones, y por eso es por lo que es imposible perdonar sólo parcialmente. 4Nadie que se aferra a una sola ilusión puede considerarse a sí mismo libre de pecado, pues en tal caso aún está afirmando que un error acerca de sí mismo es hermoso. 5Y de este modo, lo califica de "imper­donable" y lo convierte en un pecado. 6¿Cómo iba a poder enton­ces conceder perdón de manera total cuando aún no lo quiere aceptar para sí mismo? 7Pues es seguro que lo recibiría completa­mente en el instante en que así lo concediese. 8Y de esta manera, la culpabilidad que mantiene oculta desaparecería, al él mismo haberla perdonado.
2.       Cualquier forma de especialismo que aún valores, la has con­vertido en un pecado. 2Se alza inviolable, y la defiendes acérri­mamente con toda tu endeble fuerza contra la Voluntad de Dios. 3Y así, se alza contra ti, como enemiga tuya, no de Dios. 4De este modo, parece escindirte de Dios y hacer que estés separado de Él en cuanto que defensor de ella. 5Prefieres proteger lo que Dios no creó. 6Sin embargo, este ídolo que parece conferirte poder, en rea­lidad te lo ha arrebatado. 7Pues le has dado el patrimonio de tu hermano, dejando a éste solo y condenado, y quedando tú hun­dido en el pecado y en el sufrimiento junto con él ante el ídolo que no puede salvaros.
3. No eres tú el que es tan vulnerable y susceptible de ser atacado que basta una palabra, un leve susurro que no te plazca, una circunstancia adversa o un evento que no hayas previsto para trastornar todo tu mundo y precipitarlo al caos. 2La verdad no es algo frágil, 3y las ilusiones no pueden afectarla ni cambiarla en absoluto. 4Pero ser especial no es lo que es verdad acerca de ti. 5Pues cualquier cosa puede hacerle perder el equilibrio. 6Lo que descansa sobre lo que no es nada jamás podrá ser estable. 7Por muy grande y desmesurado que parezca, se tambaleará, dará vueltas y revoloteará con la más tenue brisa.

4. Sin cimientos nada es seguro. 2¿Habría dejado Dios a Su Hijo en un estado en el que la seguridad no significase nada? 3¡De ninguna manera! aSu Hijo permanece a salvo, descansando en Él. 4Tu deseo de ser especial es lo que se ve atacado por todo lo que camina o respira, se arrastra o se desliza, o simplemente vive. 5Nada está a salvo de su ataque, y ello no está a salvo de nada. 6Jamás habrá de perdonar, pues esto es lo que es: un voto secreto de que lo que Dios quiere para ti nunca se dé y de que te opon­drás a Su Voluntad para siempre. 7No es posible tampoco que ambas voluntades puedan jamás ser la misma, mientras tu deseo de ser especial se alce como una llameante espada de muerte entre ellas, haciendo que sean enemigas.
5. Dios te pide que perdones. 2Él no quiere que la separación se interponga, como si de una voluntad ajena se tratase, entre lo que tanto Su Voluntad como la tuya disponen para ti. 3Ambas son la misma voluntad, pues ninguna de ellas dispone ser especial. 4¿Cómo iban a poder disponer la muerte del amor mismo? 5Con todo, no pueden atacar a las ilusiones. 6No son cuerpos, y espe­ran como una sola Mente a que todas las ilusiones se traigan ante ellas y se dejen ahí. 7La salvación no desafía ni siquiera a la muerte. 8Y a Dios Mismo, que sabe que la muerte no es tu volun­tad, no lo queda otro remedio que decir: "Hágase tu voluntad" porque tú crees que lo es.
6. Perdona al gran Creador del universo -la Fuente de la vida, del amor y de la santidad, el Padre perfecto de un Hijo perfecto- ­por tus ilusiones de ser especial. 2He aquí el infierno que elegiste como tu hogar. 3Él no eligió eso para ti. 4No le pidas que entre ahí. 5El camino está cerrado al amor y a la salvación. 6Pero si liberas a tu hermano de las profundidades del infierno, habrás perdonado a Aquel Cuya Voluntad es que descanses para siem­pre en los brazos de la paz, perfectamente a salvo y sin que la animosidad ni malicia de ningún pensamiento de ser especial perturbe tu descanso. 7Perdona al Santísimo por no haber podido concederte el especialismo, que tú entonces inventaste.
7. Todos los que se consideran especiales están dormidos, rodea­dos por un mundo de belleza que no ven. 2La libertad, la paz y la dicha se encuentran ahí, al lado del ataúd en el que duermen, llamándolos para que vuelvan en sí y despierten de su sueño de muerte. 3Mas ellos no oyen nada. 4Están perdidos en sueños de que son especiales. 5Odian la llamada que los puede despertar y maldicen a Dios porque no convirtió su sueño en realidad. 6Mal­dice a Dios y muere, pero no por mandato de Aquel que no creó la muerte, sino sólo en el sueño. 7Mas abre los ojos ligeramente y verás al salvador que Dios te dio a fin de que pudieses contem­plarlo y devolverle su patrimonio. 8Dicho patrimonio es también el tuyo.
8. Los esclavos del deseo de ser especial se liberarán. 2Tal es la Voluntad de Dios y la de Su Hijo. 3¿Se condenaría Dios a Sí Mismo al infierno y a la perdición? 4¿Y es eso acaso lo que dispones para tu salvador? 5Dios te llama a través de él a unirte a Su Voluntad para que ambos os salvéis del infierno. 6Observa las marcas de los clavos en las manos que te extiende pidiendo que le concedas tu perdón. 7Dios te pide que tengas misericordia con Su Hijo y con Él. 8No se la niegues a ninguno de los dos. 9Lo único que te piden es que se haga tu voluntad. 10Buscan tu amor a fin de que tú te puedas amar a ti mismo. 11No ames tu deseo de ser especial en vez de amarles a Ellos. 12La marca de los clavos está también en tus manos. 13Perdona a tu Padre el que no fuese Su Voluntad que tú fueses crucificado.


Un curso de Milagros
T 24 :III: 1 a 8







lunes, 17 de febrero de 2014

LAS ENSEÑANZAS DE OSHO



Oí sobre un sacerdote que murió. Desde luego esperaba ir al cielo, al paraíso. Llegó allí y todo era hermoso. La casa en la que entró era la más maravillosa que podía haber soñado, palaciega. Y al momento en que tuvo un deseo, inmediatamente un criado apareció. Si estaba hambriento, el criado estaba allí con comida, la más deliciosa que jamás hubiera probado.
Si sentía sed, incluso antes de que el deseo se formara como pensamiento, mientras era tan sólo un sentimiento, un hombre aparecía con bebidas. Así siguieron las cosas y él fue feliz duran­te dos o tres días, y entonces comenzó a sentirse intranquilo por­que un hombre debe de hacer algo, no puedes estar tan sólo senta­do en una silla. Únicamente un hombre del Tao puede estar senta­do en un silla y permanecer sentado y sentado y sentado. Tú no puedes.
El cura se puso nervioso. Durante dos o tres días está bien co­mo vacaciones, como un descanso. El había sido tan activo, tan­to servicio a los demás, evangelización, iglesia, sermones; había estado tan envuelto con la sociedad y la comunidad, de forma que descansó. Pero, ¿durante cuánto tiempo puedes estar descansan­do? A menos que todo tu ser esté descansando, antes o después las vacaciones se acaban y tienes que regresar al mundo. Surgió el desasosiego; empezó a sentirse incómodo.
De repente el criado apareció y le preguntó, ¿qué es lo que de­seas? Este sentimiento tuyo no es un deseo, no estás ni ham­briento ni sediento, sólo intranquilo.-¿Qué puedo hacer?
El cura le dijo, "No puedo estar aquí sentado para siempre; durante toda una eternidad. Quiero algo de actividad".
El criado le dijo "Esto es imposible. Todos tus deseos serán satisfechos aquí por nosotros, de modo que ¿qué necesidad tienes de actividad? No hay necesidad ninguna, es por esto que no la pro­porcionamos aquí".
El cura se puso muy nervioso y le dijo, "¿Qué clase de cielo es éste?".
El criado le replicó, "¿Quién te dijo que esto era el cielo? Esto es el infierno. ¿Quién te dijo que fuese el cielo?".
Y realmente era el infierno. Ahora comprendió: sin actividad, esto era el infierno. Debió volverse loco antes o después. Sin co­municación ni charla, ningún servicio social para hacer, ningún pagano para ser convertido al cristianismo, ningún tonto al que volver sabio ¿qué podía hacer?
Sólo un hombre del Tao podía haber cambiado ese infierno en un cielo. Un hombre del Tao, está dónde está, está en paz, cómodo. Sólo hace lo que es esencial, y si tú puedes hacer lo esencial por él, él es feliz. Lo no esencial es abandonado.
Tú no puedes dejar lo no esencial. Realmente el noventa y nueve por ciento de tu energía se desperdicia en lo no esencial. Lo esencial no es suficiente y la mente siempre suspira por lo no esencial, porque lo esencial es tan poco, tan ínfimo, que puede ser satisfecho fácilmente. ¿Y entonces qué harás?
La gente no está muy interesada en tener una buena comida, está más interesada en tener un gran coche, porque la buena co­mida puede ser obtenida fácilmente. ¿Y entonces qué hacer? La gente no está interesada en tener cuerpos sanos. Eso puede obte­nerse muy fácilmente. Están interesados en algo que no pueda ser obtenido de forma tan fácil, algo imposible, y lo no esencial es siempre lo imposible. Siempre hay casas más grandes, coches mayores, van acumulando cosas más y más grandes y no se te permite nunca descansar.
Todo el mundo está intentando satisfacer lo no esencial. El no­venta por ciento de la industria está implicada en lo no esencial. El cincuenta por ciento del trabajo del hombre se desperdicia en cosas que no son útiles en modo alguno. El cincuenta por ciento de la industria se dedica a la mente femenina, en vez de al cuerpo femenino: diseñando nuevos vestidos cada tres meses, diseñando nuevas casas, ropas, polvos, cremas, jabones; el cincuenta por ciento de la industria se dedica a este sinsentido. Y la humanidad se muere de hambre, la gente se muere por no tener comida, y me­dia humanidad está interesada en lo absolutamente no esencial.
Alcanzar la luna es absolutamente no esencial. Si fuéramos un poco más sabios ni incluso pensaríamos en ello. Es absolutamen­te tonto desperdiciar tanto dinero como el que podría emplearse en alimentar toda la tierra. Las guerras no son esenciales, pero la humanidad está loca, y necesita de las guerras más que de la co­mida. Necesita alcanzar la Luna antes que tener comida, antes que tener ropas, antes que tener lo esencial, porque lo esencial no es suficiente.
Y ahora la ciencia ha creado el mayor horror, y ese horror es que ahora lo esencial puede ser satisfecho muy fácilmente. En diez años, todas las necesidades de la humanidad podrán ser satisfechas, toda la tierra podrá ser satisfecha en lo concerniente a sus necesidades. ¿Y entonces qué? ¿Qué harás? Te hallarás en la misma tesitura que el párroco. Creyó que estaba en el cielo, y descubrió que se encontraba en el infierno. Dentro de diez años toda la Tierra se convertirá en un infierno.

viernes, 14 de febrero de 2014

LA CANCIÓN OLVIDADA


No te olvides nunca de que el mundo que "ven" los ciegos tiene que ser imaginario, pues desconocen el verdadero aspecto del mundo. Tienen que inferir lo que se puede ver basándose en datos que son siempre indirectos y reformular sus deducciones según tropiezan y se caen debido a lo que no reconocieron, o bien pasar sin sufrir daño alguno a través de puertas abiertas que ellos creían cerradas. Y lo mismo ocurre contigo. Tú no ves. Las indicaciones en las que te basas para llegar a tus conclusiones son erróneas, y por eso tropiezas y te caes encima de las piedras que no viste, sin darte cuenta de que puedes atravesar las puertas que, aunque creías que estaban cerradas, se encuentran abiertas para los ojos que no ven, esperando a darte la bienvenida.
¡Que descabellado es tratar de juzgar aquello que simplemente se podría ver! No es necesario imaginar que aspecto debe tener el mundo. Antes de que lo puedas reconocer como lo que es, tienes que verlo. Se te puede mostrar qué puertas están abiertas, para que así puedas ver donde radica la seguridad, qué camino conduce a las tinieblas y cual a la luz. Los juicios siempre te darán indicaciones falsas, pero la visión te muestra por donde ir, ¿Por qué tratar de adivinarlo?
No hay que sufrir para aprender. Las lecciones benévolas se asimilan con júbilo y se recuerdan felizmente. Deseas aprender lo que te hace feliz y no olvidarte de ello. No es esto lo que niegas. Lo que te preguntas es si los medios a través de los cuales se aprende este curso conducen a la felicidad que promete o no. Si creyeses que sí, no tendrías dificultad alguna para aprender el curso. Todavía no eres un estudiante feliz porque aún no estás seguro de que la visión pueda aportarte más de lo que los juicios te ofrecen, y has aprendido que no puedes tener ambas cosas.
Los ciegos se acostumbran a su mundo adaptándose a él. Creen saber como desenvolverse en él. Han aprendido a hacerlo, pero no a través de lecciones gozosas, sino a través de la dura nacesidad impuesta por las limitaciones que no creían poder superar. Y como todavía lo siguen creyendo, tienen en gran estima a esas lecciones y se aferran a ellas porque no pueden ver. No entienden que son las lecciones en sí las que los mantienen ciegos. Eso no lo creen. Y así, conservan el mundo que aprendieron a "ver" en su imaginación, creyendo que solo  pueden elegir entre eso o nada. Odian el mundo que aprendieron a conocer mediante el dolor. Y todo lo que creen que habita en él solo sirve para recordarles que están incompletos y que se les ha privado injustamente de algo.

Por lo tanto, definen su vida y donde viven, y se adaptan a ello tal como creen que deben hacerlo, temerosos de perder lo poco que tienen. Y lo mismo ocurre con todos aquellos que consideran que lo único que tanto ellos como sus hermanos tienen es el cuerpo. Tratan de comunicarse entre sí, y fracasan una y otra vez. Y se adaptan a la soledad, pues creen que conservar el cuerpo es proteger lo poco que tienen. Presta atención, y mira a ver si te puedes acordar de lo que vamos a hablar ahora.
Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino solo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuanto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.
Las notas no son nada. Sin embargo, las has  conservado, no por ellas mismas, como un dulce recordatorio de lo que te haría llorar si recordarses cuán querido era para ti. Podrías acordarte, pero tienes miedo, pues crees que perderías el mundo que desde entonces has aprendido a conocer. Sin embargo, sabes que nada en este mundo es ni la sombra de aquello que tanto amaste. Escucha y mira a ver si te acuerdas de una canción muy vieja que sabías hace mucho tiempo y que te era más preciada que cualquier otra melodía que te hayas enseñado a ti mismo desde entonces. Más allá del cuerpo, del sol y de las estrellas; más allá de todo lo que ves, y, sin embargo, en cierta forma familiar para ti, hay un arco de luz dorada que al contemplarlo se extiende hasta volverse un círculo enorme y luminoso. El círculo se llena de luz ante tus ojos. Sus bordes desaparecen, y lo que había dentro deja de estar contenido.





 La luz se expande y envuelve todo, extendiéndose hasta el infinito y brillando eternamente sin interrupciones ni límites de ninguna clase. Dentro de ella todo está unido en una continuidad perfecta. Es imposible imaginar que pueda haber algo que no esté dentro de ella, pues no hay lugar del que esta luz esté ausente.
Esta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.
Y ahora los ciegos pueden ver, pues esa misma canción que entonan en honor de su Creador los alaba a ellos también. La ceguera que inventaron no podrá resistir el vibrante recuerdo de esta canción. Y contemplarán la visión del Hijo de Dios, al recordar quién es aquel al que cantan. ¿Que es un milagro, sino este recordar? ¿Y hay alguien en quien no se encuentre esta memoria? La luz en uno despierta la luz en los demás. Y cuando la ves en tu hermano, la recuerdas por todos.

Un Curso de Milagros
T 21 - I: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10.

viernes, 7 de febrero de 2014

LA VISIÓN DE LA IMPECABILIDAD


Al principio, la visión te llegará en forma de atisbos, pero eso bastará para mostrarte lo que se te concede a ti que ves a tu hermano libre de pecado. La verdad se restituye en ti al tú desearla, tal como la perdiste al desear otra cosa. Abre las puertas del santo lugar que cerraste al haber valorado esa "otra cosa", y lo que nunca estuvo perdido regresará calladamente. Ha sido salvaguardado para ti. La visión no sería necesaria si no se hubiese concebido la idea de juzgar. Desea ahora que esta sea eliminada completamente y así se hará.
¿Deseas conocer tu Identidad? ¿No intercambiarías gustosamente tus dudas por la certeza? ¿No estarías dispuesto a estar libre de toda aflicción y aprender de nuevo lo que es la dicha? Tu relación santa te ofrece todo esto. Tal como se te dio, así también se te darán sus efectos. Y del mismo modo en que no fuiste tú quien concibió su santo propósito, tampoco fuiste tú quien concibió los medios para lograr su feliz desenlace. Regocíjate de poder disponer de lo que es tuyo solo con pedirlo, y no pienses que tienes que ser tú quien debe concebir los medios o el fin. Todo ello se te da a ti que quieres ver a tu hermano libre de pecado. Todo ello se te da, y solo espera a que desees recibirlo. La visión se le otorga libremente a todo aquel que pide ver.
 La impecabilidad de tu hermano se te muestra en una luz brillante, para que la veas, con la visión del Espíritu Santo y para que te regocijes con ella junto con Él. Pues la paz vendrá a todos aquellos que la pidan de todo corazón y sean sinceros en cuanto al propósito que comparten con el Espíritu Santo, y de un mismo sentir con Él con respecto a lo que es la salvación.  Estáte dispuesto, pues, a ver a tu hermano libre de pecado, para que Cristo pueda aparecer ante tu vista y colmarte de felicidad. Y no le otorgues ningún valor al cuerpo de tu hermano, el cual no hace sino condenarlo a fantasías de lo que él es. Él desea ver su impecabilidad, tal como tú deseas ver la tuya. Bendice al Hijo de Dios en tu relación, y no veas en él lo que tú has hecho de él.
El Espíritu Santo garantiza que lo que Dios dispuso para ti y te concedió, será tuyo. Este es tu propósito ahora, y la visión que hace que sea posible solo espera a que la recibas. Ya dispones de la visión que te permite no ver el cuerpo. Y al contemplar a tu hermano verás en él un altar a tu Padre tan santo como el Cielo, refulgiendo con radiante pureza y con el destello de las deslumbrantes azucenas que allí depositaste. ¿Que otra cosa podría tener más valor para ti? ¿Por qué piensas que el cuerpo es un mejor hogar, un albergue más seguro para el Hijo de Dios? ¿Por qué preferirías ver el cuerpo en vez de la verdad? ¿Como es posible que esa máquina de destrucción sea lo que prefieres y lo que eliges  para reemplazar el santo hogar que te ofrece el Espíritu Santo, y donde Él morará contigo?
El cuerpo es el signo de la debilidad, de la vulnerabilidad y de la pérdida de poder. ¿Que ayuda te puede prestar un salvador así? ¿Le pedirías ayuda a un desvalido en momentos de angustia y de necesidad? ¿Es lo infinitamente pequeño la mejor alternativa a la que recurrir en busca de fortaleza? Tus juicios parecerán debilitar a tu salvador. Mas eres quien tiene necesidad de su fortaleza. No hay problema, acontecimiento, situación o perplejidad que la visión no pueda resolver. Todo queda redimido cuando se ve a través de la visión. Pues no es tu visión, y trae consigo las amadas leyes de Aquel Cuya visión es.  

Un Curso de Milagros
T 20 VIII 1, 2, 3, 4, 5.




                        

jueves, 6 de febrero de 2014

LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO



Inmanente en toda intención y en todo deseo está el mecanismo para su realización... la intención y el deseo en el campo de la potencialidad pura tienen un infinito poder organizador.
Y cuando introducimos una intención en el suelo fértil de la potencialidad pura, ponemos a trabajar para nosotros ese infinito poder organizador.

En el principio era el deseo, primera semilla de la mente; los sabios, habiendo meditado en su corazón, descubrieron por su sabiduría la conexión entre lo existente y lo inexistente.
- Himno de la Creación, Rig Veda.
La quinta ley espiritual del éxito es la ley de la intención y el deseo. Esta ley se basa en el he­cho de que la energía y la información existen en todas partes en la naturaleza. En efecto, a nivel del campo cuántico solamente hay energía e in­formación. Campo cuántico es sólo otra manera de denominar el campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura. Y en este campo cuántico influyen la intención y el deseo. Examinemos este proceso en detalle.
Cuando una flor, un arco iris, un árbol, una hoja de hierba, un cuerpo humano se descompo­nen en sus partes esenciales, vemos que éstas son energía e información. Todo el universo, en su naturaleza esencial, es el movimiento de la ener­gía y la información. La única diferencia entre nosotros y un árboles el contenido de información y de energía de nuestros respectivos cuerpos.
En el plano material, tanto nosotros como el árbol estamos hechos de los mismos elementos reciclados: principalmente carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos en canti­dades minúsculas. Estos elementos se podrían comprar en un laboratorio. Por tanto, la diferen­cia entre nosotros y el árbol no reside en el carbo­no, o en el hidrógeno o en el oxígeno. De hecho, nosotros y el árbol intercambiamos constante­mente nuestro carbono y nuestro oxígeno. La ver­dadera diferencia entre los dos está en la energía y en la información.
En el orden general de la naturaleza, nosotros, los seres humanos, pertenecemos a una especie privilegiada. Tenemos un sistema nervioso capaz de tomar conciencia del contenido de energía e información de ese campo particular que da ori­gen a nuestro cuerpo físico. Experimentamos ese campo subjetivamente en forma de pensamien­tos, sentimientos, emociones, deseos, recuerdos, instintos, impulsos y creencias. Este mismo cam­po es percibido objetivamente como el cuerpo fí­sico - y por medio del cuerpo, percibimos ese campo como el mundo. Pero todo está hecho de lo mismo. Por eso los antiguos videntes exclama­ban: "Yo soy eso, usted es eso, todo esto es eso, y eso es todo lo que existe".
Nuestro cuerpo no es independiente del cuer­po del universo, porque al nivel de la mecánica cuántica no existen fronteras bien definidas. So­mos como una onda, una ola, una fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturba­ción localizada en un campo cuántico más gran­de. Ese campo cuántico más grande - el univer­so - es nuestro cuerpo ampliado.
El sistema nervioso humano no solamente es capaz de tomar conciencia de la información y de la energía de su propio campo cuántico, sino que, como la conciencia humana es infinitamente flexible a través de ese maravilloso sistema ner­vioso, podemos cambiar conscientemente el con­tenido de información que da origen a nuestro cuerpo físico. Podemos cambiar conscientemen­te el contenido de energía y de información de nuestro propio cuerpo de mecánica cuántica y, por tanto, influir en el contenido de energía y de información de nuestro cuerpo ampliado - nues­tro entorno, el mundo - y hacer que sucedan cosas en él.
Este cambio consciente se logra a través de las dos cualidades inherentes a la conciencia: la atención y la intención. La atención da energía, y la intención transforma. Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con más fuerza en nuestra vida. Cualquier cosa a la cual dejemos de prestar atención, se marchitará, se desintegrará y desaparecerá. Por otro lado, la intención estimu­la la transformación de la energía y de la infor­mación. La intención organiza su propia realiza­ción.
El acto de dirigir la intención sobre el objeto de la atención desencadenará una infinidad de sucesos espacio-temporales orientados a producir el resultado buscado, siempre y cuando que uno cumpla las otras leyes espirituales del éxito. Esto se debe a que la intención, dirigida sobre el cam­po fértil de la atención, tiene un infinito poder organizador. Infinito poder organizador significa poder para organizar una infinidad de sucesos es­pacio-temporales, todos al mismo tiempo. Vemos la expresión de este infinito poder organizador en cada hoja de hierba, en cada flor de manzano, en cada célula de nuestro cuerpo. Lo vemos en todo lo que vive.
En el orden general de la naturaleza, todo se conecta y se correlaciona con todo lo demás. Cuando la marmota sale de su madriguera subte­rránea, sabemos que se avecina la primavera. Las aves comienzan a migrar en cierta dirección en determinada época del año. La naturaleza es una sinfonía. Y esa sinfonía es orquestada en silencio desde el fundamento último de la creación.
El cuerpo humano es otro buen ejemplo de esta sinfonía. Una sola célula del cuerpo humano realiza cerca de seis billones de funciones por se­gundo, y debe saber lo que todas las demás célu­las están haciendo al mismo tiempo. El cuerpo humano puede tocar un instrumento musical, matar gérmenes, hacer un bebé, recitar poesías y observar el movimiento de las estrellas, todo al mismo tiempo, porque el campo de la correlación infinita es parte de su campo de información.
Lo que es asombroso acerca del sistema ner­vioso de la especie humana es que puede gober­nar ese infinito poder organizador a través de la intención consciente. En la especie humana, la intención no está fija o encerrada en una red rígi­da de energía e información. Tiene una flexibili­dad infinita. En otras palabras, mientras no in­frinjamos las otras leyes de la naturaleza, a través de nuestra intención podemos, literalmente, di­rigir las leyes de la naturaleza para convertir en realidad nuestros sueños y nuestros deseos.
Podemos poner a trabajar para nosotros al computador cósmico, con su infinito poder orga­nizador. Podemos ir hasta ese fundamento último de la creación e introducir una intención, y con sólo hacerlo, activar el campo de la correlación infinita.
La intención sienta las bases para el flujo fá­cil, espontáneo y suave de la potencialidad pura, que busca pasar de lo inmanifiesto a lo manifies­to. La única advertencia es que utilicemos nues­tra intención para beneficio de la humanidad; pero eso es algo que sucede espontáneamente cuando uno está alineado con las siete leyes espi­rituales del éxito.
La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. El solo deseo es débil, porque en la mayoría de los casos es aten­ción con apego. La intención es desear respetan­do estrictamente todas las demás leyes, pero en particular la sexta ley espiritual del éxito: la ley del desapego.
La intención, combinada con el desapego, lle­va a una conciencia del momento presente cen­trada en la vida. Y cuando la acción se realiza te­niendo conciencia del momento presente, su eficacia es máxima. La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. Mien­tras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el presente tal como es. Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada, pero nunca debemos luchar contra el presente.
El pasado, el presente y el futuro son propie­dades de la conciencia. El pasado es recuerdo, memoria; el futuro es expectación; el presente es conciencia. Por consiguiente, el tiempo es el movimiento del pensamiento. Tanto el pasado como el futuro nacen en la imaginación; solamen­te el presente, que es conciencia, es real y es eter­no. Lo es. Es la potencialidad para el mundo del espacio y el tiempo, la materia y la energía. Es un campo eterno de posibilidades que se experimen­ta a sí mismo en forma de fuerzas abstractas, trá­tese de la luz, el calor, la electricidad, el magne­tismo o la gravedad. Estas fuerzas no están ni en el pasado ni en el futuro; sencillamente son.
Nuestra interpretación de estas fuerzas abstrac­tas hace posible que tengamos la experiencia de los fenómenos concretos. Las interpretaciones que recordamos de las fuerzas abstractas crean la ex­periencia del pasado, mientras que las que antici­pamos crean el futuro. Ellas son las cualidades de la atención en la conciencia. Cuando estas cua­lidades se liberan de la carga del pasado, la ac­ción en el presente se convierte en suelo fértil para la creación del futuro.
La intención, apoyada en esta libertad indife­rente del presente, actúa como catalizador para la mezcla correcta de materia, energía y sucesos espacio-temporales para crear cualquier cosa que deseemos.
Si tenemos conciencia del momento presen­te centrada en la vida, entonces los obstáculos imaginarios - los cuales constituyen más del no­venta por ciento de los obstáculos percibidos - se desintegran y desaparecen. El restante cinco a diez por ciento de los obstáculos percibidos se pueden convertir en oportunidades por medio de la intención focalizada.
La intención focalizada es la atención que no se aparta de su propósito. Tener una intención focalizada significa mantener nuestra atención en el resultado que perseguimos, con un propósito tan inflexible que impida completamente que cualquier obstáculo consuma o disipe la concen­tración de nuestra atención. Se eliminan de la conciencia todos los obstáculos, de manera total y completa. Así podemos mantener una sereni­dad inconmovible, a la vez que mantenemos con pasión intensa el compromiso con nuestro obje­tivo. Éste es, simultáneamente, el poder de la conciencia sin apego y la intención focalizada.
Aprendamos a aprovechar el poder de la in­tención, y podremos crear cualquier cosa que de­seemos. Todavía será posible obtener resultados a través del esfuerzo y la constancia, pero a un pre­cio; ese precio puede ir desde la tensión emocio­nal hasta una enfermedad cardíaca o un trastor­no de la función del sistema inmunológico. Es mucho mejor dar los siguientes cinco pasos para poner en práctica la ley de la intención y el deseo. Cuando sigamos estos cinco pasos para cumplir nuestros deseos, la intención generará su propio poder.
1) Entremos en el espacio de la conciencia pura. Eso significa ubicarnos en medio de ese espacio silencioso que hay entre los pensa­mientos, entrar en el silencio - ese nivel de sólo ser que es nuestro estado esencial.
2) Una vez establecidos en ese estado de sólo ser, liberemos nuestras intenciones y nues­tros deseos. Cuando uno está realmente en ese espacio, no hay pensamiento, no hay in­tención; pero en cuanto sale de él - en esa unión entre el espacio silencioso y un pensamiento - es posible introducir la intención. Si tenemos una serie de metas, escribámos­las y concentremos nuestra intención en ellas antes de entrar en el espacio silencioso. Si deseamos una carrera de éxito, por ejemplo, debemos entrar en el espacio silencioso con esa intención, y así la intención ya estará allí como una tenue llama vacilante en nuestra conciencia. Liberar las intenciones y los deseos en este espacio significa sembrarlos en el suelo fértil de la potencialidad pura y es­perar a que florezcan en el momento propi­cio. No es conveniente desenterrar las semi­llas de los deseos para ver si están creciendo, o aferrarse rígidamente a la manera como de­berán desarrollarse. Lo único que hay que hacer es dejarlas libres.
3) Permanezcamos en el estado de auto-referen­cia. Esto significa permanecer establecidos en la conciencia de nuestro verdadero yo - nuestro espíritu, nuestra conexión con el campo de la potencialidad pura. También sig­nifica no vernos a nosotros mismos a través de los ojos del mundo, o dejarnos influir por las opiniones y las críticas de los demás. Una buena manera de mantener el estado de auto­referencia es no divulgar nuestros deseos; no compartirlos con nadie, a menos que la otra persona tenga exactamente los mismos de­seos que nosotros y entre los dos exista una unión fuerte.
4) Renunciemos a nuestro apego al resultado. Esto significa renunciar a nuestro rígido in­terés por un resultado específico y vivir en la sabiduría de la incertidumbre. Significa dis­frutar cada momento de la jornada de la vida, aunque desconozcamos el desenlace.
5) Dejemos que el universo se encargue de los detalles. Nuestras intenciones y nuestros de­seos, una vez liberados en el espacio silen­cioso, tienen un infinito poder organizador.
Confiemos en que ese infinito poder organi­zador de la intención orquestará todos los de­talles por nosotros.
Recordemos que nuestra verdadera naturale­za es el espíritu puro. Llevemos la conciencia de este espíritu a donde quiera que vayamos, libere­mos suavemente nuestros deseos, y el universo ma­nejará los detalles por nosotros.

Como aplicar la ley de la inteción y el deseo.


Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguien­te:

1) Haré una lista de todos mis deseos, y la lle­varé a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi medita­ción. La miraré antes de dormir por la no­che. La miraré al despertar por la mañana.

2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entrega­ré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están salien­do bien, hay una razón, y en que el plan cós­mico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.

3) Recordaré practicar la conciencia del mo­mento presente en todos mis actos. No per­mitiré que los obstáculos consuman o disi­pen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.

Fragmento del libro "Las 7 leyes espiruales del éxito" de Deepak Chopra.