jueves, 6 de febrero de 2014

LA ENTRADA AL ARCA


Nada puede herirte a no ser que le confieras ese poder. Mas tú confieres poder según las leyes de este mundo interpretan lo que es dar; al dar pierdes. No obstante, no es a ti a quien corresponde conferir poder a nada. Todo poder es de Dios; Él lo otorga, y el Espíritu Santo, que sabe que al dar no puedes sino ganar, lo revive. Él no le confiere poder alguno al pecado, que por consiguiente, no tiene ninguno; tampoco le confiere poder a sus resultados tal como el mundo los ve; la enfermedad, la muerte, la aflicción y el dolor. Ninguna de estas cosas ha ocurrido porque el  Espíritu Santo no las ve ni le otorga poder a su aparente fuente. Así es como te mantiene a salvo de ella. Al no tener ninguna ilusión acerca de lo que eres, el Espíritu Santo sencillamente pone todo en Manos de Dios, Quien ya ha dado y recibido todo lo que es verdad. Lo que no es verdad Él ni lo ha recibido ni lo ha dado.
El pecado no tiene cabida en el Cielo, donde sus resultados serían algo ajeno a este y donde ni ellos ni su fuente podrían tener acceso. Y en esto  reside tu necesidad de no ver pecado en tu hermano. El Cielo se encuentra en él . Si ves pecado en él, pierdes de vista el Cielo. Contémplalo tal como es, no obstante, y lo que es tuyo irradiará desde él hasta ti. Tu salvador te ofrece solo amor, pero lo que recibes de él depende de ti. Él tiene el poder de pasar por alto todos tus errores, y en ello reside su propia salvación. Y lo mismo sucede con la tuya. La salvación es una lección en dar, tal como la interpreta el Espiritu Santo. La salvación es el re-despertar de las leyes de Dios en mentes que han promulgado otras leyes a las que han otorgado el poder de poner en vigor lo que Dios no creó.
Tus desquiciadas leyes fueron promulgadas para garantizar que cometieras errores y que estos tuvieran poder sobre ti al aceptar sus consecuencias como tu justo merecido ¿Que puede ser esto sino una locura? ¿Y es esto acaso lo que quieres ver en aquel que te puede salvar de la demencia? Él está tan libre de ello como tú, y en la libertad que ves en él ves la tuya. Pues la libertad es algo que compartís. Lo que Dios ha dado obedece Sus leyes y solo Sus leyes. Es imposible que aquellos que las obedecen puedan sufrir las consecuencias de cualquier otra causa.
Los que eligen la libertad experimentarán únicamente sus resultados. Pues el poder del que gozan procede de Dios, y solo le otorgarán ese poder a lo que Dios ha dado, a fin de compartirlo con ellos. Nada excepto esto puede afectarles, pues es lo único que ven, y comparten su poder con ello de acuerdo con la Voluntad de Dios. Y de esta manera es como se establece y se mantiene vigente su libertad, la cual prevalece por encima de cualquier tentación de querer aprisionar a otros o de ser aprisionados. Debes preguntar que es la libertad a aquellos que han aprendido lo que es. No le preguntes a un gorrión como se eleva el águila, pues los alicortos no han aceptado para sí mismos el poder que pueden compartir contigo.
Los que son incapaces de pecar dan tal como han recibido. Ve en tu hermano, pues, el poder de la impecabilidad, y comparte con él el poder que le has concedido para que se libere del pecado. A todo el que camina por la tierra en aparente soledad se le ha dado un salvador, cuya función principal es liberarlo, para así liberarse a sí mismo. En el mundo de la separación se le asigna esa función a cada uno por separado, aunque todos ellos sean uno solo. Pero los que saben que todos ellos son uno solo no tienen necesidad de salvación. Y cada uno se encuentra a su salvador cuando está listo para contemplar la faz de Cristo y ver que Este está libre de pecado.  
No es este un plan que tú hayas elaborado, y no tienes que hacer nada, salvo aprender el papel que se te encomendó. Pues Aquel que conoce todo lo demás se ocupará de ello sin tu ayuda. Pero no pienses que Él no tiene necesidad del papel que te corresponde desempeñar para que lo asista a Él en lo demás. Pues de tu papel depende todo el plan, y ningún papel está completo sin tu papel, ni tampoco puede lo que es todo estar completo sin él. Al arca de la paz se entra de dos en dos. Sin embargo, el comienzo de otro mundo los acompaña. Toda relación santa tiene que entrar aquí para aprender la función especial que le corresponde desempeñar en el plan del Espíritu Santo ahora que comparte Su propósito. Y a medida que ese propósito se alcanza, surge un nuevo mundo en el que el pecado no tiene cabida, y donde el Hijo de Dios puede entrar sin miedo y descansar por un rato, para olvidar su esclavitud y recordar su libertad. Mas ¿como iba a poder entrar a descansar y a recordar si tú no le acompañas? A menos que estés allí, él no está completo. Y es su compleción lo que él recuerda allí.    
Un Curso de Milagros
T 20 IV 1, 2, 3, 4, 5, 6.