lunes, 31 de marzo de 2014

LA BIFURCACIÓN DEL CAMINO



Cuando llegas al lugar en que la bifurcación del camino resulta evidente, no puedes seguir adelante. Tienes que decidirte por uno de los dos caminos, pues si sigues adelante de la manera en que ibas antes de llegar a este punto, no llegarás a ninguna parte. El único propósito de llegar hasta aquí fue decidir cuál de los dos caminos vas a tomar ahora. El trayecto que te condujo hasta aquí ya no importa. Ya no tiene ninguna utilidad. Nadie que haya llegado hasta aquí puede decidir equivocadamente, pero sí puede demorarse. Y no hay momento de la jornada más frustrante y desalentador, que aquel en el que te detienes ahí donde el camino se bifurca, indeciso con respecto a qué rumbo seguir.
Son solo los primeros pasos por el camino recto los que parecen difíciles, pues ya te has decidido, si bien puede que aún creas que puedes volverte atrás y elegir la otra alternativa. Pero no es así. Ninguna decisión que se haya tomado y que cuente con el respaldo del poder del Cielo puede ser revocada. Tu camino ya se decidió. Si reconoces esto no habrá nada que no se te diga.
Y así, tú y tu hermano os encontráis ahí en ese santo lugar, ante el velo de pecado que pende entre vosotros y la faz de Cristo. ¡Dejad que sea descorrido! ¡Descorredlos juntos! Pues es solo un velo lo que se interpone entre vosotros. Por separado, cada uno de vosotros lo veréis como un sólido muro y no os daréis cuenta de lo delgado que es el cortinaje que ahora os separa. Aún así, este ya casi ha sido eliminado de vuestra conciencia, e incluso aquí, ante el velo, la paz ha venido a vosotros. Piensa en lo que os espera después: el amor de Cristo  iluminará vuestros rostros e irradiará desde ellos a un mundo en penumbra y con necesidad de luz. Y desde este santo lugar Él regresará con vosotros, sin irse de él y sin abandonaros. Os convertiréis en Sus mensajeros, al restituirlo a Él a Sí Mismo.
¡Pensad en la hermosura que veréis, vosotros que camináis a Su lado! ¡Y pensad cuán bello os parecerá el otro! ¡Cuán felices os sentiréis de estar juntos después de una jornada tan larga y solitaria en la que caminabáis por separado! Las puertas del Cielo, francas ya para vosotros, las abriréis ahora para los que aún sufren. Y nadie que mire al Cristo en vosotros dejará de regocijarse.¡Que bello es el panorama que visteis más allá del velo y que ahora llevaréis para iluminar los cansados ojos de aquellos que todavía están tan extenuados como una vez lo estuvisteis vosotros! ¡Cuán agradecidos estarán de veros llegar y ofrecer el perdón de Cristo para desvanecer así la fe que ellos aún tienen en el pecado!
Cualquier error que cometas, el otro ya lo habrá corregido tiernamente por ti. Pues para él tu hermosura es su salvación, y la quiere proteger de cualquier daño. Y cada uno será para el otro su firme defensor contra todo lo que parezca surgir para separaros. Y así caminaréis por el mundo conmigo, pues tengo un mensaje que aún no se ha llevado a todos. Y vosotros estáis aquí para permitir que se reciba. La oferta de Dios todavía sigue en pie, pero aguarda aceptación. Se recibe de vosotros que la habéis aceptado. En vuestras manos unidas se deposita confiadamente, pues vosotros que la compartís os habéis convertido en sus devotos guardianes y protectores.
A todos aquellos que comparten el Amor de Dios se les concede la gracia de ser los dadores de lo que han recibido. Y así aprenden que es suyo para siempre. Todas las barreras desaparecen ante su llegada, de la misma manera en que cada obstáculo que antes parecía bloquear su camino quedó finalmente superado. Ese velo que tú y tu hermano descorréis juntos os abre el camino a la verdad y se lo abre también a otros. Los que permiten que se les libere de las ilusiones de sus mentes son los salvadores de este mundo, y caminan por él con su Redentor, llevando Su mensaje de esperanza, libertad y emancipación del sufrimiento a todo aquel que necesite un milagro para salvarse.
¡Qué fácil es ofrecer este milagro a todos! Nadie que lo haya recibido tendría dificultad alguna en darlo. Pues al recibirlo aprendió que no se le daba solamente a él. Tal es la función de una relación santa: que recibáis juntos y que deis tal como recibáis. Cuando se está ante el velo, esto todavía parece díficil. Pero si extendéis vuestras manos unidas y tocáis eso que parece un denso muro, notaréis con cuanta facilidad se deslizan vuestros dedos a través de su insubstancialidad. Ese muro no es sólido en absoluto.  Y es solo una ilusión lo que se interpone entre tú y tu hermano y el santo Ser que compartís. 

Un Curso de Milagros
T 22. IV : 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7  

sábado, 29 de marzo de 2014

SOBRE EL ABORTO





Recientemente vi un vídeo de “El grito silencioso” que es un documental que tiene como objetivo mostrar que el aborto consiste en matar a un ser humano vivo. Estaba viéndolo y estos sentimientos e ideas empezaron a correr a través de mí, como queriendo recoger dinero para que la gente no sienta que está tan privada de esperanza, queriendo que los demás vean esto para que al menos podamos mirar el aborto cara a cara. También empecé a considerar qué haríamos si un feto empezara a pelear para defenderse. Luego otra parte de mí dijo ¿Qué más da si todos vamos a morir de todas formas? ¿Es asesinato el aborto? ¿Está bien, y de acuerdo con el mensaje de Un Curso de Milagros, que yo quiera que los abortos sean los mínimos?
Respuesta: El Curso simplifica los muchos dilemas morales que nos encontramos aquí en el sueño de la separación, reinterpretando todo lo que creemos acerca de todo, incluyendo, y de manera especial, “la vida” y “la muerte”. Se nos dice: “Fuera del Cielo no hay vida. La vida se encuentra allí donde Dios la creó. En cualquier otro estado que no sea el Cielo la vida no es más que una ilusión” (T. 23.II.19: 1,2,3). El cuerpo (muerto o vivo), igual que el mundo, es una ilusión. La mente que comparte la vida con Dios no reside en el cuerpo y está fuera del tiempo y del espacio. Lo que le ocurre al cuerpo, entonces, no tiene ningún efecto sobre la mente, lo cual significa que no tiene ningún efecto. La ilusión no puede tener efectos sobre la realidad. Estas importantes enseñanzas del Curso dejan claro que ni el aborto ni ninguna otra cosa del sueño es moralmente buena ni mala. No es nada, porque el cuerpo no es nada: “El cuerpo es tan incapaz de morir como de sentir. No hace nada. De por sí, no es ni corruptible ni incorruptible. No es nada” (T.19.IV.C.5: 2,3,4,5). No es consistente con las enseñanzas del Curso utilizar sus principios para apoyar o rechazar cualquier conducta específica en el mundo (forma). El Curso se dirige a la mente, y sus enseñanzas se aplican a los pensamientos de la mente (contenido), no al cuerpo. El único verdadero acto asesino que comete el Hijo de Dios es elegir creer que la separación de Dios es posible. Una vez que se toma esa opción, lo que sigue es la identificación con el sistema de pensamiento del ego de pecado, culpa y miedo. Desde ahí todo va cuesta abajo, con aborto y sin aborto.












































































Si la idea de los fetos muriendo resulta temible y uno se siente movido a protegerlos, no está mal hacerlo. No hay ninguna diferencia entre ello y tomar precauciones contra la enfermedad, o proteger el entorno. Como creemos que somos cuerpos que viven en el mundo, y nos tomamos muy en serio a nosotros mismos, es importante mirar a todos los juicios sobre ciertas conductas como el aborto, la guerra, y otros actos de violencia y agresión. Nos muestran las creencias que abrigamos en nuestras mentes sobre nosotros mismos y sobre los demás, y son las formas específicas que hemos elegido para reflejar la elección por la mente de la separación. La forma por tanto se convierte en el aula para las lecciones de perdón por medio de las cuales la idea de la separación se deshace. Una situación como el aborto ofrece una multitud de oportunidades para reforzar la culpabilidad del ego o para fortalecer la identificación de la mente con el Espíritu Santo. Lo que importa es la elección que se hace en la mente de identificarse con el ego o con el Espíritu Santo, no la conducta específica. Se puede tomar amorosa y pacíficamente con el Espíritu Santo la opción de abortar, igual que es posible elegir al ego y organizarse contra el aborto lleno de juicios, condenas, e ideas “asesinas” contra las que abortan y quienes practican los abortos. La conducta específica puede variar; no importa. Lo que importa es tomar una opción que disminuya la culpabilidad y fortalezca la identificación con el Espíritu Santo. Una decisión sólo se puede tomar en paz cuando el miedo, la culpa y el juicio han sido reconocidos y liberados, en la medida en que sea posible. Es de ayuda recordar un mensaje importante que Jesús nos da en el texto: “no sabes cuál es el significado de nada de lo que percibes. Ni uno solo de los pensamientos que albergas es completamente verdadero. Reconocer esto sienta las bases para un buen comienzo” (T.11.VIII.3: 1,2,3). Pedir de verdad la ayuda del Espíritu Santo significa no haber decido de antemano cuál debería ser la respuesta, lo que significa dejar a un lado todos los juicios y valores que sostenemos. Si no somos capaces de dejarlos a un lado, al menos podemos cuestionarlos, y admitir ante nosotros mismos y ante el Espíritu Santo que creemos saber lo que es mejor, no sólo para nosotros sino también para todos los demás. Jesús repite en muchos pasajes del Curso que nosotros no sabemos. Uno de nuestros mayores errores es creer que la vida de un cuerpo es un valor supremo, y uno de nuestros miedos mayores es que estemos equivocados en esto. Puesto que nos agarramos con fuerza a esta creencia y a nuestro miedo, hacemos bien en proceder con suavidad en el proceso de aprender a tomar decisiones con el Espíritu Santo mejor que con el ego. El negar cuánto valoramos nuestra identidad como cuerpos no ayuda. Mientras hacemos lo que sintamos que tenemos que hacer, podemos acordarnos de las lecciones del principio del Libro de Ejercicios: “No percibo lo que más me conviene” (Lección 24), porque “No sé cuál es el propósito de nada” (Lección 25). La disposición a mantener estas ideas en la mente es una invitación al Espíritu Santo a estar contigo en lo que sea que hagas respecto del aborto o de cualquier otra cosa. También abre el camino hacia la parte de la mente donde reside el recuerdo de la vida verdadera, la nuestra y la de todos. 

Kenneth Wapnick

martes, 25 de marzo de 2014

LAS CHARLAS DE OSHO



El hombre, por naturaleza, debería ser vegetariano, porque todo el cuerpo está hecho para la comida vegetariana. Incluso los científicos reconocen que toda la estructura del cuerpo humano muestra que el hombre no debería ser no-vegetariano. El hombre viene de los monos. Los monos son vegetarianos, absolutamente vegetarianos. Si Darwin está en lo correcto, entonces el hombre debería ser vegetariano.
Existen ahora maneras de juzgar si cierta especie de animal es vegetariana o no-vegetariana: depende del intestino, del largo del intestino. Los animales no-vegetarianos tienen un intestino muy pequeño. Los tigres, los leones, tienen un intestino muy pequeño, porque la carne es un alimento ya digerido. No necesita un intestino largo para digerirlo. El trabajo de digestión ha sido hecho por el animal. Ahora estás comiendo la carne del animal. Ya está digerida; no se necesita de un intestino largo. El hombre tiene uno de los intestinos más largos: eso significa que el hombre es vegetariano. Se necesita una larga digestión, y habrá ahí mucho excremento que debe ser desalojado.
Si el hombre no es un no-vegetariano y continúa comiendo carne, el cuerpo se carga. En oriente, todos los grandes meditadores Buda, Mahavira han hecho énfasis en este hecho. No por algún concepto de no-violencia eso es algo secundario sino porque si realmente quieres entrar en meditación profunda tu cuerpo necesita estar más ligero, natural, fluyendo. Tu cuerpo necesita ser descargado; y un cuerpo no-vegetariano está muy cargado.
Sólo observa lo que sucede cuando comes carne: cuando matas un animal, ¿qué le pasa al animal cuando lo matan? Por supuesto, nadie quiere que lo maten. La vida quiere prolongarse a sí misma; el animal no está muriendo voluntariamente. Si alguien te mata, no morirás voluntariamente. Si un león salta sobre ti y te mata, ¿qué le pasará a tu mente? Lo mismo sucede cuando matas a un león. Agonía, miedo, muerte, angustia, ansiedad, enojo, violencia, tristeza; todas estas cosas le suceden al animal. Por todo su cuerpo se extiende la violencia, la angustia, la agonía. Todo el cuerpo se llena de toxinas, venenos. Todas las glándulas del cuerpo liberan venenos porque el animal está muriendo de manera completamente involuntaria. Y luego tú te comes la carne; esa carne lleva todos los venenos que el animal ha liberado. Toda la energía es venenosa. Luego esos venenos son transportados en tu cuerpo.
Esa carne que estás comiendo perteneció al cuerpo de un animal. Tenía un propósito específico ahí. Un tipo de consciencia específico existía en el cuerpo del animal. Tú estás en un plano más elevado que la consciencia del animal, y cuando comes la carne del animal tu cuerpo va al plano más bajo, al plano más bajo del animal. Entonces existe una distancia entre tu conciencia y tu cuerpo, y surge una tensión, y surge la ansiedad.
Uno debería comer cosas que son naturales, naturales para ti. Frutas, nueces, verduras; come tantas como puedas. La belleza está en que de estas cosas no puedes comer más de lo necesario. Cualquier cosa que sea natural siempre te deja una satisfacción, porque sacia tu cuerpo, te satura. Te sientes satisfecho. Si algo no es natural nunca te deja un sentimiento de satisfacción. Sigue comiendo helado: nunca sientes que estás saciado. De hecho, cuanto más comes, más sientes ganas de comer. No es un alimento. Tu mente está siendo engañada. Ahora no estás comiendo de acuerdo a la necesidad del cuerpo; estás comiendo sólo para saborearlo. La lengua se ha convertido en el controlador.
La lengua no debería ser el controlador. No sabe nada sobre el estómago. No sabe nada sobre el cuerpo. La lengua tiene un propósito específico que cumplir: probar la comida. Naturalmente, la lengua tiene que juzgar, eso es lo único, qué alimento es para el cuerpo, para mi cuerpo, y qué alimento no es para mi cuerpo. Es sólo un vigilante en la puerta, no es el amo; y si el vigilante en la puerta se convierte en el amo, entonces todo se confundirá.
Ahora los publicistas saben bien que la lengua puede ser engañada, la nariz puede ser engañada. Y ellos no son los amos. Puede que no te des cuenta: se está haciendo mucha investigación sobre la comida en el mundo, y ellos dicen que si tu nariz se cierra completamente, y tus ojos se cierran, y luego te dan a comer una cebolla, no puedes distinguir qué es lo que estás comiendo. No puedes distinguir una cebolla de una manzana si la nariz está completamente cerrada, porque la mitad del gusto viene del olfato, se determina por la nariz, y la mitad se determina por la lengua. Estos dos se han convertido en los controladores. Ahora ellos saben: que el helado sea nutritivo o no, no es la cuestión. Puede contener un sabor, puede contener algunos químicos que satisfagan a la lengua, pero que no se necesitan para el cuerpo.
El hombre está confundido, más confundido que los búfalos. Tú no puedes convencer a los búfalos de que coman helado. ¡Inténtalo!
Alimento natural... y cuando digo natural quiero decir ese que tu cuerpo necesita. La necesidad de un tigre es diferente, él tiene que ser muy violento. Si tú comes la carne de un tigre serás violento, pero ¿en dónde se expresará tu violencia? Tú tienes que vivir en una sociedad humana, no en la selva. Así que tendrás que reprimir la violencia. Entonces comienza un círculo vicioso.
Cuando reprimes la violencia, ¿qué sucede? Cuando te sientes enojado, violento, se libera una cierta energía venenosa, porque ese veneno crea una situación en la que puedes ser realmente violento y matar a alguien. La energía se mueve hacia tus manos; la energía se mueve hacia tus dientes. Estos son los dos sitios desde los cuales los animales se vuelven violentos. El hombre forma parte del reino animal.
Cuando estás enojado, se libera energía: llega a las manos y a los dientes, a la mandíbula; pero vives en una sociedad humana y no siempre es provechoso estar enojado. Vives en un mundo civilizado y no puedes comportarte como un animal. Si te comportas como un animal, tendrás que pagar demasiado por ello; y no estás listo para pagar tanto. Entonces ¿qué es lo que haces? Reprimes el coraje en la mano, reprimes el coraje en los dientes; continúas emitiendo una falsa sonrisa, y tus dientes siguen acumulando coraje.
Rara vez llego a ver gente con una mandíbula natural. No es natural está bloqueada, rígida porque hay demasiado coraje. Si presionas la mandíbula de una persona, se puede liberar el coraje. Las manos se ponen feas. Pierden gracia, pierden flexibilidad, porque demasiado coraje es reprimido ahí. Las personas que han estado trabajando con masaje profundo han llegado a saber que cuando tocas profundamente las manos, masajeas las manos, la persona se empieza a enojar. No hay motivo. Tú le estás dando masaje a un hombre y de repente él empieza a enojarse. Si presionas la mandíbula, la persona se enoja otra vez. Ellos llevan coraje acumulado. Estas son las impurezas en el cuerpo: tienen que ser liberadas. Si no las liberas el cuerpo permanecerá pesado.
OSHO.

jueves, 20 de marzo de 2014

LA RAZÓN Y LAS DISTINTAS FORMAS DEL ERROR


La introducción de la razón en el sistema de pensamiento del ego es el comienzo de su deshacimiento, pues la razón y el ego se contradicen entre sí. Y no es posible que coexistan en tu conciencia, ya que el objetivo de la razón es hacer que todo esté claro y, por lo tanto, que sea obvio. La razón es algo que tú puedes ver. Esto no es simplemente un juego de palabras, pues aquí da comienzo una visión que tiene sentido. La visión es literalmente sentido. Dado que no es lo que el cuerpo ve, la visión no puede sino ser comprendida, pues es inequívoca, y lo que es obvio no es ambiguo. Por lo tanto, puede ser comprendido. Aquí la razón y el ego se separan, y cada uno sigue su camino.
Lo que le permite al ego seguir existiendo es su creencia de que tú no puedes aprender este curso. Si compartes con él esa creencia, la razón será incapaz de ver tus errores y  despejar el camino hacia su corrección. Pues la razón ve más allá de los errores y te dice que lo que pensabas que era real no lo es. La razón puede reconocer la diferencia entre el pecado y el error porque desea la corrección. Te dice, por lo tanto, que lo que pensabas que era incorregible puede ser corregido, y que, por consiguiente, tuvo que haber sido un error. La oposición del ego a la corrección conduce a su creencia fija en el pecado y a desentenderse de los errores. No ve nada que pueda ser corregido. El ego, por lo tanto, condena y la razón salva.
La razón de por sí no es la salvación, pero despeja el camino para la paz y te conduce a un estado mental en el que se te puede conceder la salvación. El pecado es un obstáculo que se alza como un formidable portón -cerrado con candado y sin llave- en medio del camino hacia la paz. Nadie que lo contemplase sin la ayuda de la razón osaría traspasarlo. Los ojos del cuerpo lo ven como si fuesen de granito sólido y de un espesor tal que sería una locura intentar atrevesarlo. La razón, en cambio, ve fácilmente a través de él, puesto que es un error. La forma que adopta no puede ocultar su vacuidad de los ojos de la razón.
La forma del error es lo único que atrae al ego. No trata de ver  si esa forma de error tiene significado o no, pues es incapaz de reconocer significados. Todo lo que los ojos del cuerpo pueden ver es una equivocación, un error de percepción, un fragmento distorsionado del todo sin el significado que este le aportaría. Sin embargo, cualquier error, sea cual sea su forma, puede ser corregido. El pecado no es sino un error expresado en una forma que el ego venera. El ego quiere conservar todos los errores y convertirlos en pecados. Pues en eso se basa su propia estabilidad, la pesada ancla que ha echado sobre el mundo cambiante que él fabricó; la roca sobre la que se edificó su iglesia y donde sus seguidores están condenados a sus cuerpos, al creer que la libertad del cuerpo es la suya propia.
La razón te diría que no es la forma que adopta el error lo que hace que éste sea una equivocación. Si lo que la forma oculta es un error, la forma no puede impedir su corrección. Los ojos del cuerpo ven únicamente formas. No pueden ver más allá de aquello para cuya contemplación fueron fabricados. Y fueron fabricados para fijarse en los errores y no ver más allá de ellos. Su percepción es ciertamente extraña, pues solo pueden ver ilusiones, al no poder ver más allá del bloque de granito del pecado y al detenerse ante la forma de lo que no es nada. Para esta forma distorsionada de visión, el exterior de todas las cosas, el muro que se interpone entre la verdad y tú, es absolutamente real. Mas ¿cómo va a poder ver correctamente una visión que se detiene ante lo que no es nada como si de un sólido muro se tratase? Está restringida por la forma, habiendo sido concebida para garantizar que no perciba nada, excepto la forma. 

  
Esos ojos, hechos para no ver, jamás podrán ver. Pues la idea que representan nunca se separó de su hacedor, y es su hacedor el que ve a través de ellos. ¿Qué otro objetivo tenía su hacedor, salvo el de no ver? Para tal fin, los ojos del cuerpo son los medios perfectos, pero no para ver. Advierte cómo los ojos del cuerpo se posan en lo exterior sin poder ir más allá de ello. Observa como se detienen ante lo que no es nada, incapaces de comprender el significado que se encuentra más allá de la forma. Nada es tan cegador como la percepción de la forma. Pues ver la forma significa que el entendimiento ha quedado velado.
Solo los errores varían de forma, y a eso se debe que puedan engañar. Tú puedes cambiar la forma porque   ésta no es verdad. Y no puede ser la realidad precisamente porque puede cambiar. La razón te diría que si la forma no es la realidad tiene que ser entonces una ilusión, y que no se puede ver porque no existe. Y si la ves debes estar equivocado, pues estás viendo lo que no puede ser real como si lo fuera. Lo que no puede ver más allá de lo que no existe no puede sino ser percepción distorsionada, y no puede por menos que percibir a las ilusiones como si fuesen  la verdad. ¿Cómo iba a poder, entonces, reconocer la verdad?
No permitas que la forma de sus errores te aleje de aquel cuya santidad es la tuya. No permitas que la visión de su santidad, que te mostraría tu perdón, quede oculta tras lo que ven los ojos del cuerpo. No permitas que la conciencia que tienes de tu hermano se vea obstruida por tu percepción de sus pecados y de su cuerpo. ¿Que hay en él que quisieras atacar, excepto lo que asocias con su cuerpo, el cual crees que puede pecar? Más allá de sus errores se encuentra su santidad junto con tu salvación. Tú no le diste su santidad, sino que trataste de ver tus pecados en él para salvarte a ti mismo. Sin embargo, su santidad es tu perdón. ¿Como ibas a poder salvarte si haces de aquel cuya santidad es tu salvación un pecador?
Una relación santa, por muy recién nacida que sea, tiene que valorar la santidad por encima de todo lo demás. Cualquier valor profano producirá confusión, y lo hará en la conciencia. En las relaciones no santas se le atribuye valor a cada uno de los individuos que la componen, ya que cada uno de ellos parece justificar los pecados del otro. Cada uno ve en el otro aquello que le incita a pecar en contra de su voluntad. De esta manera, cada uno le atribuye sus pecados al otro y se siente atraido hacia él para poder perpetuar sus pecados. Y así se hace imposible que cada uno vea que él mismo es el causante de sus propios pecados al desear que el pecado sea real. La razón, en cambio, ve una relación santa como lo que realmente es: un estado mental común, donde ambos  gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo.

Un Curso de Milagros
T 22 III : 1 a 9

domingo, 16 de marzo de 2014

OPINIONES DE OSHO





Estoy embarazada. He decidido abortar y creía que estaba contenta con la decisión, pero desde entonces siempre que pienso en ello me siento triste**

Esta será una tristeza momentánea. Si quieres ser madre es que quieres meterte en problemas más graves, porque una vez que tengas el niño no será un asunto que se pueda resolver fácilmente.
La madre no puede tener su propio crecimiento, no puede trabajar; tiene que cuidar a los niños. Y entonces aparecen las complicaciones.
Una vez que hayas terminado tu propio trabajo de crecimiento, entonces todo está perfectamente bien. Un niño debería ser un pasatiempo, debería ser el lujo más elevado. Entonces te puedes permitir el lujo de ser madre, de lo contrario te creará problemas. 0 sea que tú decides. Nadie te está obligando, es una decisión tuya: sí quieres convertirte en madre, entonces quieres convertirte en madre. Pero asume también las consecuencias.
La gente no es consciente de lo que está haciendo cuando quiere traer un niño al mundo. Si no, sentirían pena por esto, en vez de sentir pena por un aborto. Simplemente piensa en ambas posibilidades: ¿qué le vas a dar al niño?; ¿qué es lo que tienes para darle al niño? Le transmitirás todas tus tensiones a su ser y
él repetirá el mismo tipo de vida que tú. Irá al psicoanalista, irá al psiquiatra y toda su vida será un problema, como le ocurre a todo el mundo. ¿Qué derecho tienes de traer un espíritu a este mundo cuando no puedes dar a la persona un ser saludable y completo? ¡Es un crimen! Las personas piensan justo lo contrario: piensan que el aborto es un crimen. Pero el niño encontrará otra madre, porque nada muere. Y hay muchas, muchas mujeres que estarán felices de tener un hijo; sólo que tú no serás la responsable.
No te estoy diciendo que no seas madre; te estoy diciendo que seas consciente de que ser madre es un gran arte, es un gran logro. Primero crea en ti esa cualidad, esa creatividad, esa alegría, esa celebración, y entonces invita al niño. Entonces tendrás algo que darle al niño tu celebración, tu canción, tu danza y no crearás un ser patológico. El mundo está demasiado lleno de seres patológicos. ¡Deja que sufra algún otro planeta! ¿Por qué esta Tierra? El mundo está famélico, la gente se está muriendo de hambre y no hay comida, toda la ecología está alterada y la vida está haciéndose más fea e infernal; este no es el momento correcto.
Y aunque pienses que está bien, que el mundo sabe ocuparse de sí mismo, que se las arreglarán, sigues teniendo que pensar en tu hijo. ¿Estás preparada para ser madre? Ese es el asunto. Si piensas que estás preparada, adelante: ten un hijo. Cuando estés preparada, estarás feliz de tener un hijo, y el niño estará feliz de lo afortunado que ha sido al tener una madre como tú. Si no es así, vete a cualquier psiquiatra y pregúntale: «¿Cuáles son los
problemas de la gente?» Pueden resumirse en una sola cosa: la madre; porque fue incapaz de crear un útero psicológico, de crear un útero espiritual. Psicológicamente era una neurótica, espiritualmente estaba vacía, por eso no había alimento espiritual para el niño, ni nutrición. El niño llega al mundo como un ser físico, sin alma, sin un centro. La madre no estaba centrada; ¿cómo puede el niño estar centrado? El niño es sólo la continuación, una continuidad M ser de la madre.
Si uno ve todas las implicaciones de esto, habrá menos gentes que decidan convertirse en padres. Si menos gentes decidieran ser padres, habría un mundo mejor. Estaría menos poblado, menos neurótico, menos patológico, menos loco.

OSHO / EL LIBRO DEL NIÑO

sábado, 15 de marzo de 2014

LA IMPECABILIDAD DE TU HERMANO




Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad. Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, parecen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. Pero en verdad son lo mismo. Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.
 La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. ¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufrimiento? Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿como se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? Lo única que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, verlos como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. Percebir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.
Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. La dicha es eterna. Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar con el paso de este. No obstante, para que el cambio sea  real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sueños igualmente irreales. Eso no sería diferente.
La razón te diría que la única manera de escaparte del sufrimiento es reconociéndolo y tomando el camino opuesto. Toda verdad es lo mismo y todo sufrimiento es lo mismo también, pero ambos son diferentes entre sí desde cualquier punto de vista, en toda circunstancia y sin excepción. Creer que puede haber una sola excepción es confundir lo que es lo mismo con lo que es diferente. Una sola ilusión que se abrigue y se defienda contra la verdad priva a ésta de todo significado y hace que todas las ilusiones sean reales. Tal es el poder de la creencia, la cual es incapaz de transigir. Y la fe en la inocencia sería fe en el pecado si la creencia excluyera una sola cosa viviente y le negase la bendición de su perdón.
Tanto la razón como el ego te dicen eso mismo, pero la interpretación que hacen de ello es completamente diferente. El ego te asegura ahora que es imposible que puedas ver a nadie libre de culpa. Y si esta manera de ver es la única que puede liberarte de la culpabilidad, entonces la creencia en el pecado no puede sino ser eterna. Pero la razón ve eso de otro modo, pues la razón ve que la fuente de una idea es lo que hace que esta sea cierta o falsa. Esto tiene que ser así, si la idea es semejante a su fuente. Por lo tanto -dice la razón- si el propósito que se le asignó al Espíritu Santo fue ayudarte a escapar de la culpabilidad, y ese propósito le fue dado por Aquel para Quien nada que Su Voluntad disponga es imposible, los medios para lograr ese objetivo tienen que ser más que posibles. Tienen que existir y tú tienes que estar en posesión de ellos.


Un Curso de Milagros
T 22 II 1 a 5.

domingo, 9 de marzo de 2014

15 SUGERENCIAS PARA TU FELICIDAD


Estas 15 reglas son sumamente útiles para conseguir una vida más fácil, con menos estrés y más felicidad. Pongámoslo en práctica desde ahora mismo.



1   
Renuncia a tu necesidad de tener siempre la razón.


2   
Renuncia a tu necesidad de tener el control sobre todo.

3   
Renuncia a la culpa, propia y ajena.

4  
Renuncia a hablar mal de ti mismo y a hacerte menos con tus pensamientos.

5  
Renuncia a los pensamientos que limitan tus capacidades. Olvídate del “yo no puedo”.

6  
Renuncia a las quejas. Deja de quejarte de lo que está mal y empieza a solucionarlo o déjalo existir tal como es.

7  
Renuncia a la crítica. Es un lujo que nadie puede darse.

8  
Renuncia a tu necesidad de impresionar a otros.

9   
Renuncia a tu resistencia al cambio. El cambio es una constante en la vida, acéptalo.

10  
Renuncia a poner etiquetas, usarlas te pesa más a ti que a cualquiera.

11  
Renuncia a tus miedos. El miedo es una ilusión creada por tu mente, tú puedes controlarlo.

12  
Renuncia a tus excusas y pretextos, sólo te hunden y no te permiten avanzar.

13  
Renuncia al pasado. Ya pasó, no va a regresar, aprende lo bueno, déjalo ir.

14  
Renuncia a tus apegos. No hay nada que necesites más que a ti mismo y rodearte de gente que quiera estar contigo.

15  
 Renuncia a vivir tu vida según las expectativas de otros.

sábado, 8 de marzo de 2014

LEYENDAS QUE ENSEÑAN


Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando Marruecos estaba sumido en una oscuridad espiritual, habiendo cambiado a Dios por el extremismo religioso que predicaban los ulemas más radicales, un sufí errante llegó a la plaza Jemaa Fna, de Marrakech, con un loro en su hombro y un mono a su lado atado con una cuerda. Entonces buscó un lugar donde todo el mundo pudiera verle y comenzó a llamar a la gente, asegurándoles que se prepararan para presenciar la maravilla de las maravillas. Cuando hubo reunido una gran multitud, señaló al loro y, de repente, el animal comenzó a repetir el Testimonio de Fe islámico y a recitar algunos versos del Sagrado Corán. La gente, que no salía de su asombro, quedó muda sin saber qué pensar. Luego del derviche señaló al mono y el animal comenzó a realizar los movimientos de la ablución y de la oración, mientras los viandantes lo miraban estupefactos. No obstante, pronto se corrió la voz, y un grupo de ulemas e imames se apresuraron a llegar a la plaza y, al ver el espectáculo, se rasgaron las vestiduras, gritando injurias contra el derviche. Allí mismo lo apresaron y lo acusaron de blasfemia y herejía, asegurando que se estaba burlando de Dios y del Islam, y se prepararon para asesinarlo. Pero el derviche, muy tranquilo, dijo: - ¿Quién tiene mayor pecado? Yo, que trato a los animales como personas y les enseño a recitar el Libro Sagrado y los movimientos prescritos, o vosotros, que tratáis a las personas como animales, intentando amaestrarlas y os alegráis cuando repiten las palabras y los movimientos que les habéis enseñado. Habéis encerrado a Dios en ritos, supersticiones y superchería porque no os habéis atrevido a dejarle entrar en vuestros corazones. El pueblo merece un Dios que pueda sentir, no un Dios al que adorar por miedo al cielo, al infierno, por apego a la tradición o por complacer a los ulemas. Ellos – dijo señalando a la multitud que se había congregado - merecen a un Dios cercano al que se puedan acercar libremente. Y que aquellos que les guíen hacia Él no los traten como loros ni como monos de circo – Abdullah, porque ese es el nombre que los sufís damos a los derviches que el tiempo ha olvidado, fue asesinado allí mismo, pero su muerte no fue en vano, porque algo sucedió en las personas que lo oyeron y que presenciaron estos hechos. Un nuevo movimiento interior revolucionó Marraquech, destronando el literalismo religioso, buscando a un Dios más cercano y destronando a los que pretendieron hablar en Su Nombre. Hoy en día, como en aquel entonces, parece que alguien se haya empeñado en ocultarnos a ese buen Dios, olvidando o negando igualmente esta historia. Realmente yo no sé si es cierta o no, porque en las historias de derviches nunca sabes qué hay de literal y qué de legendario, pero lo cierto es que, una noche al año, en el mes de marzo, cuando los turistas se han marchado a sus hoteles, los tenderetes han cerrado, los encantadores de serpientes, los aguadores, las tatuadoras de henna y los hechiceros que adivinan el porvenir ya no están, un extraño grupo de personas, cubiertas con solideos, vistiendo chilabas negras, se reúnen en cierto lugar de la Plaza Jemaa Fna para alabar a su Señor y honrar la memoria de un hombre en el aniversario de su muerte, un hombre al que se le recuerda llevando un mono y un loro, y por el que muchos se inspiraron para buscar a un Dios que merece ser sentido.

lunes, 3 de marzo de 2014

LAS CHARLAS DE OSHO





Un nuevo rico solicitó tres piscinas para su jardín. Se hicieron y luego se las enseñaba a un amigo. El amigo estaba un poco extraña­do. Le dijo, "¿Tres piscinas?, ¿para qué? Con una sería suficiente".
El nuevo rico le dijo, "No, ¿cómo podría ser una suficiente? Una para agua fría, una para agua caliente".
Y el amigo le preguntó, "¿Y la tercera?".
El contestó, "Para los que no sepan nadar. Por eso esta terce­ra piscina permanecerá vacía".
Puedes conocer si un hombre se ha enriquecido recientemen­te, lo estará mostrando. Un aristócrata de verdad es uno que ha olvidado que es rico. Un hombre del Tao es un aristócrata del mundo interior.
Si una persona presume de su religión, no es realmente reli­gioso. La religión es todavía como una espina, no es natural, hie­re, él está ansioso por exhibirla. Si deseas exhibir tu sencillez, ¿qué clase de sencillez es ésta? Si exhibes tu amabilidad, se con­vierte en puro cálculo, no hay nada de amable en ello.
Un hombre del Tao es un aristócrata del mundo interior.
Está en extremo sintonizado con él, no hay exhibicionismo ­no sólo hacia ti, él mismo no es consciente de ello. El no advier­te que es sabio, él no advierte que es inocente- ¿cómo puedes saber tú si eres inocente? Tu conocimiento alterará la inocencia.
Un seguidor de Hazrat Mohammed fue con él a la mezquita para las oraciones de madrugada. Era verano, y de regreso vio a mucha gente todavía dormida en sus casas o que estaba en la ca­lle. Era de madrugada, una mañana de verano, y mucha gente dor­mía todavía. El hombre le dijo a Hazrat Mohammed muy arro­gantemente, "¿Qué les pasará a estos pecadores? ¿No han acudi­do a los rezos matutinos?".
Aquel era el primer día que él acudía a rezar. El día anterior estaba tan dormido como aquellos pecadores. El nuevo rico de­seaba exhibirse, destacar ante Mohammed: "Mohammed Hazrat, ¿qué les ocurrirá a esos pecadores? No han asistido a los rezos de la mañana, son todavía perezosos y están dormidos".
Mohammed se paró y le dijo, "Vete a casa, tengo que regresar a la mezquita de nuevo".
El hombre le dijo "¿Por qué?".
El replicó, "Mi oración matutina se ha desperdiciado por tu culpa; el estar en tu compañía lo ha echado todo a perder. Tengo que rezar de nuevo. Y en cuanto a ti, acuérdate de no venir más. Sería mejor para ti permanecer dormido como los demás; al me­nos así no serían pecadores. Tus rezos sólo han conseguido una cosa -te han dado una clave para condenar a los demás”.
La llamada persona religiosa es religiosa tan sólo para miraros a vosotros con ojos condenatorios, de forma que pueda decir que sois pecadores. Ve a tus santos, a tus llamados santos, y morales a los ojos. No hallarás la inocencia que debería de haber allí. Encontrarás una mente calculadora observándote y cavilando sobre el infierno: Serás arrojado al infierno y yo estaré en el cie­lo, porque yo he estado rezando mucho, cinco veces al día, y he ayunado mucho. ¡Como si tú pudieras comprar el cielo...! Esas son las monedas de cambio: ayunar, rezar. Esas son las monedas con las que uno esta tratando de regatear.
Si ves la condena en los ojos de un santo, da por cierto que él es un nuevo rico; no es un aristócrata del mundo interior, no ha llegado a ser uno con ello. El puede saberlo, pero tú sabes algo solamente cuando ese algo está separado de ti.
Aquí uno ha de recordar lo siguiente: que debido a ello, el co­nocimiento de uno mismo es imposible. No puedes conocerte a ti mismo, porque todo lo que puedas conocer no eres tú, es algo dis­tinto, algo separado de ti. El yo es siempre el conocedor, nunca lo conocido, de forma que ¿cómo puedes conocerlo? No lo puedes re­ducir a un objeto.
Yo puedo verte. ¿Cómo me puedo ver a mí mismo? ¿Quién se­ría entonces el que ve y quién sería visto? No, el yo no puede ser conocido de la misma forma que las demás cosas son conocidas.
El conocimiento del yo no es posible de la forma ordinaria, porque el conocedor siempre trasciende, va más allá. Sea lo que sea que conozca, no es eso. Los Upanishads dicen: neti, neti -ni esto, ni eso. Cualquier cosa que conozcas, tú no eres eso; cualquier cosa que no conozcas, no eres eso tampoco. Tú eres el que conoce, y este conocedor no puede ser reducido a un objeto.
El conocimiento del yo no es posible. Si tu inocencia provie­ne de tu fuente interior, no puedes reconocerla. Si la has impues­to desde el exterior, puedes reconocerla; si es como un vestido que has de llevar, lo sabes, pero no es el mismísimo aliento de tu vida. Esta inocencia es entonces cultivada, y una inocencia culti­vada es algo repugnante.
Osho.

domingo, 2 de marzo de 2014

EL CAMBIO INTERNO




¿Son, entonces, peligrosos los pensamientos? ¡Para los cuerpos sí! Los pensamientos que parecen destruir son aquellos que le enseñan al pensador que él puede ser destruido. Y así, "muere" por razón de lo que aprendió. Pasa de la vida a la muerte, la prueba final de que valoró lo efímero más que lo constante. Seguramente creyó que quería la felicidad. Mas no la deseó porque la felicidad es la verdad, y, por lo tanto, tiene que ser constante.
Una dicha constante es una condición completamente ajena a tu entendimiento. No obstante, si pudieses imaginarte como sería eso, lo desearías aunque no lo entendieses. En esa condición de constante dicha no hay excepciones ni cambios de ninguna clase. Es tan inquebrantable como lo es el Amor de Dios por Su creación. Al estar tan segura de su visión como su Creador lo está de lo que Él sabe, la felicidad contempla todo y ve que todo es uno. No ve lo efímero, pues desea que todo sea como ella misma, y así lo ve. Nada tiene el poder de alterar su constancia porque su propio deseo no puede ser conmovido. Les llega a aquellos que comprenden que la última pregunta es necesaria para que las demás queden contestadas, del mismo modo en que la paz tiene que llegarles a quienes eligen curar y no juzgar. 
La razón te dirá que no puedes pedir felicidad de una manera inconsistente. Pues si lo que deseas se te concede, y la felicidad es constante, entonces no necesitas pedirla más que una vez para gozar de ella eternamente. Y si siendo lo que es no gozas de ella siempre, es que no la pediste. Pues nadie deja de pedir lo que desea a lo que cree que tiene la capacidad de concedérselo. Tal vez esté equivocado con respecto a lo que pide, dónde lo pide y a qué se lo pide. No obstante, pedirá porque desear algo es una solicitud, una petición, hecha por alguien a quien Dios Mismo nunca dejaría de responder. Dios ya le ha dado todo lo que él realmente quiere. Mas aquello de lo que no está seguro, Dios no se lo puede dar. Pues mientras siga estando inseguro es que no lo desea realmente, y la dación de Dios no podría ser completa a menos que se reciba.
Tú que completas la Voluntad de Dios y que eres Su felicidad; tú cuya voluntad es tan poderosa como la Suya, la cual es un poder que no puedes perder ni en tus ilusiones, piensa detenidamente por qué razón no has decidido todavía como vas a contestar la última pregunta. Tu respuesta a las otras te ha ayudado a estar parcialmente cuerdo. Es la última, no obstante, la que realmente pregunta si estás dispuesto a estar completamente cuerdo.
¿Que es el instante santo, sino el llamamiento de Dios a que reconozcas lo que Él te ha dado? He aquí el gran llamamiento a la razón; a la conciencia de lo que siempre está ahí a la vista; a la felicidad que podría ser siempre tuya. He aquí la paz constante que podrías experimentar siempre. He aquí revelado ante ti lo que la negación ha negado. Pues aquí la última pregunta ya está contestada, y lo que pides, concedido. Aquí el futuro es ahora, pues el tiempo es impotente ante tu deseo de lo que nunca ha de cambiar. Pues has pedido que nada se interponga entre la santidad de tu relación y tu conciencia de esa santidad.   

Un Curso de Milagros
    T 21 VIII: 1 a 5