sábado, 15 de marzo de 2014

LA IMPECABILIDAD DE TU HERMANO




Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad. Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, parecen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. Pero en verdad son lo mismo. Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.
 La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. ¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufrimiento? Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿como se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? Lo única que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, verlos como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. Percebir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.
Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. La dicha es eterna. Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar con el paso de este. No obstante, para que el cambio sea  real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sueños igualmente irreales. Eso no sería diferente.
La razón te diría que la única manera de escaparte del sufrimiento es reconociéndolo y tomando el camino opuesto. Toda verdad es lo mismo y todo sufrimiento es lo mismo también, pero ambos son diferentes entre sí desde cualquier punto de vista, en toda circunstancia y sin excepción. Creer que puede haber una sola excepción es confundir lo que es lo mismo con lo que es diferente. Una sola ilusión que se abrigue y se defienda contra la verdad priva a ésta de todo significado y hace que todas las ilusiones sean reales. Tal es el poder de la creencia, la cual es incapaz de transigir. Y la fe en la inocencia sería fe en el pecado si la creencia excluyera una sola cosa viviente y le negase la bendición de su perdón.
Tanto la razón como el ego te dicen eso mismo, pero la interpretación que hacen de ello es completamente diferente. El ego te asegura ahora que es imposible que puedas ver a nadie libre de culpa. Y si esta manera de ver es la única que puede liberarte de la culpabilidad, entonces la creencia en el pecado no puede sino ser eterna. Pero la razón ve eso de otro modo, pues la razón ve que la fuente de una idea es lo que hace que esta sea cierta o falsa. Esto tiene que ser así, si la idea es semejante a su fuente. Por lo tanto -dice la razón- si el propósito que se le asignó al Espíritu Santo fue ayudarte a escapar de la culpabilidad, y ese propósito le fue dado por Aquel para Quien nada que Su Voluntad disponga es imposible, los medios para lograr ese objetivo tienen que ser más que posibles. Tienen que existir y tú tienes que estar en posesión de ellos.


Un Curso de Milagros
T 22 II 1 a 5.