miércoles, 16 de abril de 2014

DESPERTAR DE NUESTROS SUEÑOS



«Dios dispuso que su despertar fuese dulce y jubiloso, y le proporcionó los medios para que pudiese despertar sin miedo»

Si el perdón es un reflejo del amor del Cielo, entonces también la bondad será su reflejo. Es la forma suave –para nosotros y para los demás– de hacer el viaje desde las pesadillas al despertar a través de sueños felices de corrección: «Mas ese sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar [...] Dios dispuso que su despertar fuese dulce y jubiloso, y le proporcionó los medios para que pudiese despertar sin miedo» (T-27.VII,13:4-5).
La bondad con los demás es, por tanto, la forma por excelencia de negociar las aguas traicioneras de las relaciones especiales de amor y odio mágicos que constituyen el  arsenal de defensas del ego. Reconocemos que los sueños de pérdidas, culpabilidad y juicio de nuestros hermanos son sólo aulas de enseñanza, con certeza rodeos, pero toda la vida aquí es un rodeo en el viaje sin distancia a nuestra verdadera Vida. No hay una jerarquía de rodeos en el sentido de que uno sea mejor o peor que otro. Nuestras valoraciones de los rodeos sólo dependen de a qué objetivo sirven en el sendero de la Expiación. Por tanto, nuestra elección entre juzgarlos o perdonarlos no representa más que la decisión de nuestra mente entre seguir dormida o despertar. ¿Quién que no esté loco elegiría sueños de juicios y de odio en lugar de los suaves sueños de bondad, cuando está claro que no soñamos más que para nosotros mismos, y que cada sueño es un reflejo de la elección entre «ocupar el lugar que nos corresponde entre los salvadores del mundo, o quedarnos en el infierno y mantener a nuestros hermanos allí?» (T-31.VIII.1:5).
Y así, por fin, nos unimos a nuestro hermano Jesús en la orilla exterior de los sueños; en los verdes prados del Cielo con las manos extendidas hacia nuestros compañeros de viaje, dando la bienvenida a todos y a cada uno –sin excepciones– según cruzan el portal que lleva más allá de los sueños a la vida eterna. Nuestras voces se hacen eco de las palabras que Jesús dijo una vez a Helen, una oración de oraciones que refleja el cierre del viaje y el fin del soñar: «Qué bello eres tú que te alzas junto a mí en el portal, y pides conmigo que todos vengan y se aparten del tiempo. Saca la mano para tocar la eternidad y desaparecer en su descanso perfecto. Aquí está la paz que Dios quería para el Hijo a Quien ama. Entra conmigo y deja que su calma cubra la tierra para siempre. Se ha terminado. Padre, tu voz nos ha llamado a casa por fin: el sueño se ha ido. Despierta Hijo Mío en el amor» (The Gifts of God, pp. 122-23).
NOTA: Helen no recordaba exactamente esos versos. Son de “Aedh desea los Tapices del Cielo”de Yeats, y el poema completo es como sigue:


«Si tuviese el tapiz bordado de los cielos,

trabajado con luz dorada y plateada,
los tapices azules, y los tenues, y los oscuros de la noche,
y de la luz, y de la media luz,
extendería esos tapices a tus pies.
Pero como soy pobre sólo tengo mis sueños.
He extendido mis sueños a tus pies;
pisa con delicadeza, porque pisas en mis sueños»


Kenneth Wapnick