martes, 1 de abril de 2014

¿QUE OCURRE CUANDO MORIMOS Y A DONDE VAMOS?



Pregunta: ¿Qué ocurre cuando morimos y a dónde vamos? Las experiencias próximas a la muerte que mucha gente relata, ¿son relevantes para los estudiantes de Un Curso de Milagros?
Respuesta: La "transición" a la muerte puede compararse a lo que sigue: 
1) cambiar de un sueño a otro mientras dormimos; 
2) terminar de ver una cinta de vídeo y empezar con otra; 3) cambiar de canal el televisor cuando termina un programa, o antes de que termine si uno lo elige así; o por último.
4) salir de una habitación y entrar en otra, como enseñaba Ramakrishna, el gran sabio indio del siglo XIX. Como la consciencia es inherente a la mente escindida y no se encuentra en el cuerpo ni en el cerebro (aunque se experimente ahí), la muerte física no es sino la ilusión del final del estado mental de uno, que se mantiene al morir. A pesar de que esta idea de separación se proyecta en el cuerpo, sigue estando dentro de su fuente: la mente enferma. Por tanto, uno no va a ningún sitio al morir. Volviendo a la analogía de cambiar de canal la televisión, uno permanece físicamente en el sillón de su sala de estar, aunque la atención de uno pasa del lugar que se ve en un canal de televisión al que se ve en el otro.
 Además, es importante darse cuenta de que lo que llamamos muerte no trae un estado de iluminación ni de paz. Si no se completa en su totalidad el abandono del sistema de ideas del ego, abandonando la mente enferma, la iluminación o resurrección no se puede alcanzar.
Una variedad reciente de esta creencia en que la muerte física trae libertad o alivio del cuerpo se encuentra en las experiencias "próximas a la muerte" de mucha gente, y a menudo surgen preguntas sobre estas experiencias en nuestras clases y seminarios. Los relatos normalmente incluyen la experiencia de la persona de abandonar el cuerpo y continuar a través de un túnel oscuro hacia un círculo o ser de luz, que a menudo se identifica con Jesús. Esta presencia amorosa y amable a veces repasa la vida con la persona, y luego "envía" a la persona de vuelta a completar ciertas lecciones, aceptar responsabilidades, o asumir una función importante (siempre un tema favorito de las necesidades de ser especial del ego). A nadie le toca juzgar sobre las experiencias próximas a la muerte, y sería imprudente negar los efectos muy positivos que tales experiencias han tenido sobre la gente. Sin embargo, se puede comentar la "teología" de tales experiencias y las conclusiones que se sacan de ellas sobre el sentido de la vida, la muerte, el más allá, y la llamada  "vida después de la vida".

Tenga en cuenta el lector que Un Curso de Milagros declara con toda claridad que la mente no está en el cuerpo, aunque ciertamente parezca lo contrario.

Por tanto, cuando consideramos tales experiencias próximas a la muerte desde la perspectiva de Un Curso de Milagros, podemos ver que no tienen sentido en el nivel de la forma ¿Cómo puede uno abandonar su cuerpo, viajar por un túnel y saludar a una luz estupenda, si para empezar uno nunca estuvo en el cuerpo? Recuerda que el ser permanece en la mente y no en el cuerpo, igual que el ser de un soñador no está en el sueño, aunque haya partes de este ser que se reflejan ahí. Una vez más, no se trata de negar o hacer inválida una experiencia personal, sino de decir que por muy válida que la experiencia sea para la persona, su interpretación es puramente subjetiva y no debería tomarse como una verdad "objetiva". Por ejemplo, en la experiencia de todo el mundo el sol sale  y se pone cada día,  y mucha  gente relata  sentimientos estéticos e incluso espirituales muy significativos asociados con las salidas y puestas de sol. Y sin embargo, sabemos por la ciencia que el sol ni sale ni se pone sino que es la tierra la que hace el movimiento, girando sobre su eje y en torno al sol. La experiencia es opuesta a la explicación verdadera. De manera similar la tierra es plana en la experiencia cotidiana de todos, aunque comprendamos intelectualmente que es redonda. Y así la experiencia que uno tiene de un acontecimiento próximo a la muerte, o de un sitio al que uno va al morir (o casi morir) no significa necesariamente que lo que se comprende de la experiencia es lo que verdaderamente es. Y de nuevo, cuando se miran tales experiencias a través de la lente de Un Curso de Milagros, se entienden de una manera completamente diferente: expresiones de perdón proyectadas por la mente sobre el cuerpo y su mundo de vida, muerte y casi muerte.

Como hemos visto, no puede haber una verdadera experiencia de estar fuera del cuerpo porque, para empezar, la mente nunca está dentro del cuerpo. Y así la mente no puede dejar el cuerpo, viajar por un túnel y reunirse con Jesús después de salir del cuerpo. Además hay un peligro en creer esto, porque sugiere fuertemente – como lo hace mucha gente que ha tenido tales experiencias – que tal paz, alegría y felicidad sólo puede llegarle a una persona después de morir y abandonar el cuerpo. Todo el enfoque de Un Curso de Milagros está en elegir tener un instante santo  ahora mismo, en elegir a Jesús o al Espíritu Santo en lugar del ego.

No hay que morir para ir al Cielo, pues el Cielo es la consciencia de la Unidad perfecta, dentro de la mente, y nada más aparte de esto. La maravillosa experiencia de perdón que a menudo se relata, se puede tener en un instante santo, de nuevo, sin haber salido del cuerpo, pasado por un túnel, etc. Mantener que las experiencias próximas a la muerte son algo que se debe idealizar y buscar (como se ve en la popular película Flatliners) de hecho sirve muy bien a la estrategia fundamental del ego de primero hacer real el cuerpo, para luego convertirlo en una cosa repulsiva. Esto establece una situación en la que la gente desearía estar libre de su oscura prisión anhelando escapar a una luz incorpórea. Y mientras tanto, el sistema de ideas de separación, culpabilidad y ser especiales del ego anida cómodamente en la mente, protegido por la creencia de que en efecto hay un cuerpo que es real y que verdaderamente existe en el mundo físico.

Así pues, creer en la realidad de tales experiencias es la mismísima transigencia con la verdad – darle a la luz y a la oscuridad igual poder y realidad – contra la que Jesús nos advierte en Un Curso de Milagros. Vemos semejante advertencia claramente declarada en la sección sobre la muerte del manual para el maestro. Comienza con una referencia a la creencia religiosa convencional de que en la muerte el alma se libera para volver a Dios, o para seguir su viaje, como en la doctrina católica del purgatorio. Sin embargo el interés actual por las experiencias próximas a la muerte, como acabamos de ver, cae en la misma categoría de no reconocer la naturaleza ilusoria de todo el universo físico y de la existencia individual – cuerpo, mente y lo que erróneamente se llama "espíritu”.

En conclusión, podemos comprender que cualquier cosa que parece vivir y luego morir, que cambia, crece y después se deteriora, o que parece estar separada de las otras cosas, no puede ser de Dios y por tanto no puede ser real. Y así todas las categorías que se refieren a los cuerpos de cualquier manera – incluidas la muerte y la casi muerte – no tienen ningún significado verdadero porque no existen en realidad. Su único significado dentro de la ilusión es que sirven de aulas en las que aprendemos la lección de discernir entre lo que carece de sentido y lo que lo tiene.

Kenneth Wapnick