domingo, 29 de junio de 2014

UNIDAD

Alegoría de "La Caverna" de Platón.


Usted es al mismo tiempo un corazón que late y un latido de corazón perteneciente a un cuerpo llamado humanidad. Dedique unos momentos a estudiar la palabra «universo», el término que empleamos para describir este inmenso mundo de forma en el que nos encontramos pensando y respirando, día tras día. Si desglosamos esta palabra obtenemos «uni», que significa «uno», y «verso», que puede aludir entre otras cosas a una «canción». Sí, sí, a una canción. De eso se trata. Ése es nuestro universo, amigos. Ni más ni menos que una canción. Y por mucho que nos empeñemos en separar las diferentes notas que la componen siempre seguiremos formando parte de dicha canción.
Éste es uno de los conceptos que resulta más difícil de comprender y aplicar a nuestra vida diaria, porque todavía creemos firmemente en nuestra capacidad de separación.
Llegamos a reconocernos como una unidad independiente de las miles de millones que existen. Nos identificamos exclusivamente con nuestra mente, como seres únicos y aislados del resto. Nos asomamos al exterior desde nuestro confinamiento y creemos que el único modo de influir sobre el mundo y nuestra realidad es desde ese mismo aislamiento. Debe producirse un gran cambio en nuestra conciencia para que podamos aceptar el principio universal de la unidad. Si lo logramos y comenzamos a reconocer que la humanidad es como una hermosa y armónica canción,nuestra vida experimentará una serie de grandes cambios. Pero para llegar a ello, usted necesitará dejar de creer en las ideas derivadas de la escasa perspectiva que le ofrece su propia trayectoria personal en la vida, y en su lugar empezar a pensaren usted como alguien relacionado con todas las personas que han habitado, habitan y habitarán el planeta.
Albert Einstein, en mi opinión el genio más grande de nuestro siglo, escribió estas palabras con respecto al enfoque que ahora les solicito que examinen:
Un ser humano es una parte del todo llamado por nosotros «Universo», una parte limitada por el tiempo y el espacio. Él experimenta su propio ser, sus pensamientos y sentimientos, como si estuvieran separados del resto, lo cual es una ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, que nos obliga a ser fieles a nuestros deseos personales y a sentir afecto sólo por aquellos que nos rodean. Nuestra tarea debe consistir en escapar de esa cárcel, ampliando nuestro círculo de simpatía hacia los demás para acoger con los brazos abiertos la belleza que encierran todas las criaturas vivientes y la naturaleza.
Einstein fue mucho más que un científico, fue un profundo metafísico, al que poco o nada le importaron los patrones establecidos de los pensamientos o los actos. En las palabras de Einstein que he citado, se advierte que nos ofrece la posibilidad, el reto, de que escapemos de nuestra jaula y comprendamos que todos permanecemos unidos, no sólo en un sentido espiritual o astral, sino también en el mundo físico y real.
Yo tengo mis propios métodos para que este concepto adquiera forma en mi caso. Primero, para conseguir una perspectiva sobre cuestiones metafísicas, suelo hacerme esta pregunta: «¿Puedo distanciarme lo suficiente para contemplar todo el conjunto?». Me imagino de pie en un sitio, observando todo lo que incluye la creación. Puesto que esto es imposible dellevar a cabo en la forma, intento mirar en la otra dirección, es
decir, hacia la partícula más diminuta, y me concentro en ella, ampliando su contenido y alcanzando a su través el infinito.
Víctor Hugo lo explicó en los siguientes términos: «El microscopio empieza allí donde el telescopio acaba. ¿Cuál de los dos nos ofrece una mayor visión?». Por tanto, sugiero que por un tiempo deje de mirar a esa única canción con el telescopio, y que se fije en su interior, el espacio que usted mejor conoce, su propio cuerpo. Y comprenderá que todos somos un «yo que es nosotros», citando un pequeño fragmento del maravilloso libro de Richard Moss del mismo título. Así pues, echemos una ojeada a través del microscopio metafísico.
Solemos asociarnos con formas de vida que nos son necesarias para mantenernos en este estado que corresponde a la vida. Nuestros párpados cuentan con microorganismos que funcionan acordes con el todo. El tejido que cubre nuestros intestinos contiene miles de bacterias diferentes, todas vivas y con características propias y únicas, y que sin embargo forman parte del todo. Nuestro cuero cabelludo existe gracias a una serie de microorganismos, cada uno de los cuales posee una identidad propia examinable con la ayuda de un potente microscopio. Lo mismo sucede a nuestro hígado, páncreas, piel, corazón, uñas, etc., que viven y funcionan en armonía con el todo que denominamos «yo». Sí, sin lugar a dudas, usted y yo formamos un «yo que es nosotros», y aunque esas microscópicas formas de vida que residen en nuestras uñas probablemente nunca entrarán en contacto con las formas de vida que existen en nuestros ojos, unas y otras son independientes, únicas y fundamentales para la supervivencia de la totalidad que llamamos nosotros mismos.

  


Fragmento del libro " La Fuerza de Creer"
de Dyer Wayne