domingo, 13 de julio de 2014

EL FLUIR COMO UN MODO DE INDEPENDENCIA



Cuanto más atados nos hallamos a personas, cosas, ideas o emociones, menos capacidad tenemos para experimentar estos fenómenos con autenticidad. Intente apretar el agua con sus manos y se dará cuenta de la rapidez con que desaparece de su vista. Ahora relájese mientras una de sus manos corre por el agua y podrá gozar de ella tanto como guste. Así funciona el principio de la independencia y del fluir: permitiendo que las cosas circulen de una forma natural en el universo. Todo en el universo, sí, sí, todo, es energía, incluso usted. La energía necesita fluir con libertad para conseguir una mayor eficacia. El permitir que las cosas fluyan con naturalidad es una manifestación del universo. El aire circula sin interrupción alguna. El agua corre por todo el planeta sin encontrar la más mínima resistencia. La tierra gira en torno a su eje, y lo mismo hacen todos los cuerpos celestes del universo.
Se puede afirmar que todo el universo es un gran sistema energético, que se esfuerza en dirigir todo el movimiento de dicha energía. Trabaja en armonía con todos sus componentes sin sufrir atadura alguna con respecto al funcionamiento de las cosas.
Recuerde que los seres humanos también son un sistema energético. Todos formamos parte de la fuerza de la vida que constituye una única canción. Y puesto que toda energía precisa fluir libremente, parece lógico concluir que también nosotros necesitamos funcionar sin ataduras. Cuantos menos impedimentos se encuentren en el fluir de la energía, más fácilmente conectamos y armonizamos con el sistema energético que denominamos universo. Las ataduras que nos obligan a creer en la necesidad de poseer más y más cosas y de controlar a los demás, constituyen impedimentos en la consecución de una conciencia superior y de una vida transformada tras un auténtico despertar. La independencia es una de las grandes lecciones que deben aprender quienes se hallan en el camino de la iluminación y una nueva forma de vida.

Del libro "La Fuerza de Creer"
de Wayne Dyer.