lunes, 28 de julio de 2014

EL JUICIO



Usted puede desprenderse del deseo de culpar a los demás y eliminarlo de su vida para siempre. Pero lo mejor que puede hacer con el juicio es reducir el número de los que emite. El juicio significa ver el mundo desde su punto de vista, y no tal como ya es. Es imposible eliminar todos los juicios porque cada pensamiento contiene alguno. Si le comento a usted que hace un día magnífico, estoy emitiendo un juicio. Si evaluamos a alguien o alguna acción, también estamos emitiendo juicios. Así pues, cabe concluir que la única forma de eliminar todos los juicios consistiría en dejar de pensar, lo cual es absurdo.
Pero lo que sí puede hacer es reducir el número de críticas negativas, lo cual constituye un tipo de perdón que sin duda alguna le ayudará a mejorar su calidad de vida de un modo considerable. Lo primero que debe recordar es que los juicios no pueden alterar nada ni a nadie que forme parte del universo. Por el mero hecho de que una persona le disguste, no conseguirá que ella cambie. Y una vez más me permito recordarle que cuando usted emite un juicio sobre alguien, lo que está haciendo es definirse a sí mismo. Sus críticas hablan de usted. Nos describen lo que le gusta y lo que no. No definen en absoluto a la persona objeto del juicio, porque esa persona ya viene definida por sus propios pensamientos y acciones. Una vez reconozca este hecho, entonces comenzará a sustituir su tendencia a juzgar por la aceptación y esto es lo que se conoce como perdón en acción.
Al aceptar a los demás ya no necesita experimentar el dolor que conlleva enjuiciarlos. Cuando alguien se comporta de una manera que a usted le resulta desagradable, debe comprender que su dolor, ira, temor u otra fuerte reacción no es más que la consecuencia de lo que usted ha decidido con respecto a esa persona. Si se siente incapaz o no está dispuesto a percatarse de esa emoción, entonces toda la atención debe ser prestada a su propio ser. El comportamiento de esa persona ha colisionado con algo inacabado o irreconocido en su vida. El dolor ante el comportamiento de dicha persona se corresponde con su manera de evitar algo que existe en su interior. Esta distinción es muy significativa.
Sus pensamientos sobre el comportamiento de los demás le pertenecen. Y usted es quien lleva la carga de los resultados de esos pensamientos. Si usted es de los que no juzgan a los que le rodean sino que suele aceptarlos tales como son y se comportan a lo largo de su propio camino, eliminando así la necesidad de sentirse perturbado por alguno de ellos, entonces ha puesto en práctica el principio del perdón. El perdón, tal como antes he explicado, consiste en corregir nuestras concepciones erróneas.
En realidad no tiene nada que perdonar, a no ser a usted mismo por haber emitido un juicio o culpado a alguien. Estos tres elementos, culpar a los demás, el deseo de venganza y la emisión de juicios constituyen hitos muy asentados en el hombre. Se desarrollan en su cultura que se enorgullece al culpar a sus miembros de lo que sucede y demandar a muchos en nombre de la "justicia". Es el resultado de haber conservado en nuestra mente pensamientos de venganza desde que éramos niños justificándolos como algo "indicado", patriótico o sencillamente justo. Sin embargo, este comportamiento es totalmente perjudicial e irresponsable, por no decir que carece de iluminación. Y, naturalmente, resulta bastante estúpido.
Cuando se halle atrapado en este tipo de comportamiento recuerde que en último término usted es la víctima. Está permitiendo que los que le rodean controlen su vida, y a pesar de las muchas excusas que pueda encontrar, sigue siendo un esclavo de los caprichos de sus semejantes. O bien en palabras de Maslow: "No existe nada parecido a un esclavo bien adaptado". Dicho comportamiento también le impide el experimentar un nuevo despertar. Es imposible que pueda adquirir el sentido del propósito al que está destinado y que viva una vida en armonía y equilibrio si al mismo tiempo permite que otra persona dicte sus propios pensamientos y acciones. Nunca logrará dar con su objetivo, o vivir una existencia espiritual y basada en el amor, si persiste en culpar a los demás, juzgarlos y se motiva en la venganza. La iluminación requiere que usted se responsabilice totalmente de su vida. La responsabilidad significa responder con su habilidad o capacidad. Obviamente, esto resulta imposible si el odio, el deseo de culpar a los demás y las ganas de venganza le dominan.
Eche una ojeada a las vidas de las personas más admiradas históricamente. Son las que ardieron en deseos de venganza y provocaron las guerras, matando indiscriminadamente, destruyendo todo lo que se interponía en su camino, siempre en nombre de la culpa de los demás y la ira. ¿Cómo puede una persona contribuir de forma positiva y sintonizar con la fuerza del amor si sólo se preocupa de la venganza? De ninguna manera. Es imposible. Escuche las palabras de aquellos a los que tanto admira, y en vez de catalogarse usted según la etiqueta de cristiano, judío, musulmán, budista, intente comprometerse para ser como Cristo, Dios, Buda o Mahoma. Nosotros y el resto de los seres que conforman el mundo viviremos mucho mejor si así ocurre y comenzamos a aplicar el principio del perdón a diario, en vez de que todo se quede en palabras, como ocurre en la iglesia, volvamos a nuestra vida diaria para construir más armas,demandar a nuestros vecinos y juzgar a quienes están lejos.

Del libro "La Fuerza de Creer" 
de Wayne W. Dyer