jueves, 31 de julio de 2014

EL PERDÓN




Una de las portadas más memorables que recuerdo de una revista nacional apareció hace varios años. Era una fotografía del papa Juan Pablo II, sentado ante el hombre que había intentado asesinarle. Ese retrato del perdón hizo mella en mí. Las personas a las que consideramos santas, espirituales o modelos de decencia, son capaces de perdonar sin ninguna dificultad. No nublan su conciencia con pensamientos generados en la ira, el odio o la venganza hacia aquellos que han intentado dañarles. En lugar de eso nos facilitan un modelo del perdón con el fin de que podamos utilizarlo en nuestra vida diaria. Tal vez la figura de Cristo perdonando a quienes le están torturando y matando constituye el mejor legado del gran maestro: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Esta es la esencia del cristianismo y sin embargo muy pocos son los que logran vivir según estas palabras. 
Es importante que todos y cada uno de nosotros consideremos su significado: "No saben lo que hacen". Las personas que dañan a sus semejantes tampoco saben lo que hacen. Sacan a relucir su propio odio, su ira, o la venganza. Lo que dirigen hacia los demás no dice nada sobre estos. Sin embargo sé que habla poderosamente de ellos. Piense que las personas que se han comportado con usted de un modo irritante en realidad no sabían lo que hacían. ¿Por qué?, debe de estar preguntándose ahora. Porque eran y son incapaces de ver que todos estamos conectados. Viven en la separación. Se consideran aislados. Son como la célula cancerosa en ese cuerpo que ha perdido toda referencia sobre el conjunto, el todo. Al estar compuestos de desequilibrio, actúan con respecto al resto de los seres humanos de la misma manera que la célula cancerosa destruye a su vecina, y acaba por matar a todo el cuerpo. Seguramente usted no echaría la culpa a una célula de este tipo por ser lo que es. ¿No es así? Seguramente esperaría el desenlace al que siempre conduce. Lo mismo ocurre quienes se comportan de un modo que nos disgusta. No saben lo que hacen a los demás, porque han perdido todo sentido de referencia con respecto a ellos mismos, y envían todo su desequilibrio a los demás porque eso es lo único que tienen para dar. Odiarles por su actitud sería como odiar al musgo que crece en el árbol y afea su aspecto. El musgo sólo puede actuar como tal, y a pesar de la opinión que usted pueda sostener sobre él, continuar haciendo lo único que sabe hacer. Las víctimas también actúan según lo que saben, y el único modo de ayudarles a que no se comporten de esa forma, consiste en procurar que esa falta de armonía se convierta en aceptación y amor por uno mismo, puesto que así finalmente lograrán dar todo ello a los demás.
Con esto no quiero decir que las víctimas no tengan cierta razón al querer tomar represalias. Pero ahora le estoy hablando a usted y no al agresor.
Si usted tiene el convencimiento de estar separado y de ser distinto al resto de los seres humanos, la compasión por los demás es prácticamente imposible. Únicamente cuando usted se sabe conectado a sus semejantes, incluso a quienes se comportan de forma improcedente, puédese afirmar que tiene punto de referencia con respecto al ser llamado Ser Humano. través de este nuevo conocimiento nos llega la capacidad del perdón, que es de lo que precisamente hablan los grandes maestros espirituales, considerándolo el principio básico de la vida. Saben que quienes envían su odio a sus semejantes sólo actúan desde el lugar que ocupan y contando únicamente con lo que han podido pensar hasta ese entonces. La persona iluminada está segura de su propia divinidad y no juzga negativamente las acciones de los demás. El perdón es sin duda el mayor logro del hombre, porque muestra que la iluminación ya ha entrado en acción. Demuestra que uno se encuentra en armonía con el universo, es decir, con la energía del amor. Es la capacidad de ofrecer y dar amor aun en las peores circunstancias.
Nuestros modelos a seguir nos recuerdan que las personas que eligen el camino del mal no saben lo que hacen. Porque no podemos dar aquello que no tenemos, y naturalmente sólo ofrecemos lo que poseemos. Si nos movemos por odio o por dolor, eso es lo único que tenemos. Es imposible que una persona plena de amor actúe movida por el odio. Por esta razón cabe afirmar que, una vez se encuentre totalmente despierto, su capacidad para otorgar el perdón se le transmitirá automáticamente. Mark Twain lo escribió en bellas palabras: "El perdón es la fragancia que desprende la violeta en el tacón que la ha aplastado". Sin lugar a dudas se trata de una gran imagen, que merece la pena no olvidar mientras transcurre su viaje por el principio universal del perdón.

Del libro "La Fuerza de Creer"
de Wayne W. Dyer