viernes, 25 de julio de 2014

LA ACUSACIÓN




Si somos incapaces de perdonar a quienes creemos que nos han reportado algún mal, necesitamos examinar la decisión que hemos tomado al culparlos de cuanto nos ha ocurrido. Echar las culpas a los demás es algo muy frecuente en nuestra cultura y normalmente nos conduce a la pérdida del control de nuestras vidas. El gran número de pleitos en los que nuestra sociedad se ve involucrada demuestra la falta de disposición de las personas con respecto a asumir toda la responsabilidad que conlleva su vida. En vez de actuar en este sentido prefieren ir a los tribunales y demandar a quienes les rodean, sin tener en cuenta si ellos mismos han incurrido en negligencia o si están acusando a un inocente de sus propias faltas. Los anuncios en los que se ofrece todo tipo de ayuda legal proclaman lo siguiente: "Usted no tiene la culpa, a pesar de que las circunstancias digan lo contrario. Ahora es el momento de que les demande por los daños que le han ocasionado". Esto constituye sin duda una prueba evidente de esa actitud de acusar a los demás que tanto nos caracteriza. Cuanto más se empeñe en ejercitarla en su vida, mayores dificultades tendrá que superar para practicar el perdón.
Debe ser completamente honesto consigo mismo si en realidad desea librarse de toda necesidad de acusar. Para comenzar, debe asumir la responsabilidad por todo lo que es usted actualmente en su vida. Dígase por ejemplo: "Soy la suma total de mis decisiones". Su entorno cultural puede dificultarle este proceso de aceptación. Tal vez prefiera decir: "No pude evitarlo", o "Fue culpa de otro", o "Estaba en el lugar equivocado en un momento inapropiado", o "Mi desgracia se debe a mi entorno familiar", o cualquier otra excusa que se le ocurra.
Despréndase de todo eso y contemple su vida desde otra perspectiva. Lo que le ha sucedido no es más que una lección por la cual debe sentirse profundamente agradecido. Todas las personas que intervinieron en su vida fueron como profesores, a pesar de lo mucho que usted los haya odiado o criticado. La verdad es que las casualidades no existen. Todo funciona y ocurre tal como debe ser. Y no hay más que eso. Todas esas situaciones, incluyendo las de su niñez, contienen grandes lecciones de las cuales debe sacar el mayor provecho y sin duda ahora se encuentran bloqueadas por sentimientos de odio y acusación hacia los demás.
Valore hasta qué punto puede resistir el principio de tomar toda la responsabilidad por su vida y aceptar que las casualidades no existen en un universo perfecto. Déjese llevar por esta lógica. Tal vez alguien le haya dañado en el pasado. Se siente dolido y muy enfadado, y seguramente esa rabia inicial se ha convertido en odio. Ese es su odio y le acompaña a todas partes. Usted lo posee. Es de su propiedad. Es usted y usted es él. El odio es pensamiento y nunca le abandona. Usted ha permitido que no sólo le hicieran daño una vez, sino que además le deja que continúe molestándolo mediante el control de su vida interior. El odio ha infectado su vida mientras la otra persona se halla en su propio camino haciendo lo que sabe hacer, a pesar de su desgracia. Lo absurdo de culpar a los demás estriba en el hecho de que significa concederles nuestro control a quienes nos rodean. Nos convertimos en prisioneros sin la esperanza de poder alcanzar un mejor despertar y felicidad para nuestras vidas.
Así es como funciona el culpar a los demás. Ahora podemos darnos cuenta de las consecuencias que puede traernos y de lo fútil y destructiva que puede resultar dicha actividad. En tanto persistamos en culpar por cómo nos sentimos a los que nos rodean, tendremos que esperar hasta que ellos cambien para poder salirnos de ese estado de inmovilidad. El perdón es un arma eficaz para superar los efectos negativos de culpar a los demás. Si conseguimos el perdón para todo y todos cuantos nos rodean, ya no habrá necesidad de contar con él. Irónicamente, no tendremos ninguna necesidad de perdonar a nadie más, y aquí se encuentra la esencia de este capítulo.
El perdón implica modificar sus percepciones erróneas. Al perdonar a otra persona por algo que nos haya hecho, lo que estamos diciendo es: "Ya no tienes el poder de controlar lo que soy, lo que pienso y el modo de comportarme en el futuro. Ahora yo soy el único responsable de todo ello". Por consiguiente, ya no tendremos nada que perdonar puesto que nosotros seremos los creadores de nuestra propia realidad mediante la forma en que procesemos el comportamiento de los demás. Si elegimos la posibilidad de echar las culpas a todos cuantos nos rodean, nos dañaremos a nosotros mismos. Por otra parte, también podremos eliminar el odio que estamos generando y sentirnos como seres libres. AI modificar nuestra percepción de los dolores y sufrimientos que padecemos en la vida y darnos cuenta de que nosotros mismos hemos creado lo que necesitábamos para este sueño, incluyendo a los desalmados con los que nos hemos enfrentado, ya no necesitamos culpar a nadie de nada. Este constituye un estado mucho más libre de lo que seguramente ha podido nunca imaginarse.
Para ser totalmente libre y no tener necesidad de acusar a nadie y a la vez poder tomar las riendas de su propia vida, se requiere mucha disciplina. Se trata de una disciplina basada en el amor por uno mismo y no en el desprecio por lo que somos. Al amarnos, impedimos que los demás puedan controlar nuestras emociones. El perdón es un medio para llegar a un fin. AI inclinarnos por esta opción se produce una reacción automática con respecto a quienes nos tratan con desprecio, y en consecuencia el perdón se hace innecesario. El perdón es un acto de amor por uno mismo, no un comportamiento altruista y santo. Nos permite el control de nuestra vida interior y de nuestros pensamientos. El hecho de saber que nada ocurre por azar, y que todo en la vida tiene un propósito, incluso las personas que parecen ocupar puestos tan diferentes de los nuestros y tan destructivos, nos lleva a aceptar esas "casualidades" y a esos "desalmados" como si se trataran de acontecimientos cargados de significado e importancia para nosotros. Puedo asegurarle que una vez ya no necesite sacar partido de las lecciones que esos hechos negativos le ofrecen, ya no tendrá que soportarlos nunca más. Si usted necesita practicar el perdón, entonces contará con las suficientes oportunidades para hacerlo. Si su reacción se basa en el odio, la rabia y el desafío hacia "esas personas", entonces ellas continuarán apareciendo en su vida. En mi caso, ya me he librado de todo eso. Busco la bondad en todas y cada una de las personas, y me responsabilizo de todo, sin excepción, lo que me ocurre a lo largo de mi camino. Por consiguiente, he llegado a ver lo que creo, en multitud de ocasiones. Usted también está viendo lo que cree, y si, por ejemplo, lo que constituye su ser es odio, eso es naturalmente en lo que cree, y por supuesto lo que finalmente ve.

Del libro "La Fuerza de Creer"
de Wayne W. Dyer