jueves, 17 de julio de 2014

LA ATADURA A LAS IDEAS Y A TENER RAZÓN



 Esta es una de las ataduras más resistentes. «Tener la razón» podría tildarse de «enfermedad occidental» terminal. Suelo escuchar la radio varias horas al día en distintas ciudades de los Estados Unidos, y la mayoría de personas que llaman a una emisora para opinar sobre un tema de actualidad dependen de su propia idea e intentan convencer de que las demás son erróneas. No resulta fácil encontrar a alguien que exponga su punto de vista y al mismo tiempo permanezca abierto a las opiniones ajenas.
Los oyentes que llaman a la emisora suelen ser educados y permanecen callados cuando la otra parte opina sobre el tema, pero en cuanto ésta finaliza ignoran lo dicho y defienden a ultranza su propia postura. Casi nunca se oye decir: «Ha dado usted en el clavo. Volveré a plantearme la cuestión y llamaré dentro de un rato».
Esta atadura que nos obliga a tener siempre la razón genera
sufrimiento porque de nada nos sirve si queremos comunicarnos con los demás. Si usted no sabe o no puede comunicarse con quienes le rodean, sufrirá. A las personas nos desagrada que nos digan cómo debemos pensar o bien que no estamos en lo cierto, cuando nuestra opinión difiere de la del resto. Cuando nos encontramos en semejante situación automáticamente nos encerramos en nuestra conciencia y construimos una barrera. Si usted se ha quedado encerrado por su incapacidad de escuchar a los demás, piense que ello se debe a su gran dependencia de sus ideas y a su insistencia en llegar a considerar equivocados a todos cuantos sostienen posturas opuestas a la suya. Este tipo de atadura dificulta muchísimo las relaciones en las que el amor juega un papel importante, porque continuamente levanta barreras.
Por cada una de las ideas que usted considera acertadas existen millones de personas que piensan lo contrario. El antagonismo entre razón y error causa muchos problemas metafísicos a infinidad de personas. Cuando se encuentra con alguien que defiende un punto de vista distinto al suyo, y usted pretende convencerle de su equivocación, lo que hace es definirse a sí mismo. Su actitud contribuirá a que su amigo se reafirme inexorablemente en su postura. Así pues, cabe concluir que los encuentros de este tipo suelen finalizar con dos creencias mucho más firmes de lo que en un principio eran.
Para liberarse de las dependencias debe tener presente que
todos los antagonismos basados en la razón como opuesta al
error responden a una invención humana. La razón no existe a expensas del hombre. El universo es sencillamente tal y como debe ser y funciona según los principios antes definidos, pero sin tener en cuenta la opinión que tengamos sobre él. Es magnífico que todos sostengamos opiniones sobre lo que nos plazca, pero no debemos olvidar que si nos dejamos llevar por ellas, estamos limitándonos a nosotros mismos y anulando toda posibilidad de escuchar otro punto de vista. La atadura a las ideas y la obsesión por probar que los demás están equivocados constituye la historia del ser humano, causante de numerosas guerras y desgracias desde los inicios de la historia.
Sucede muy pocas veces que las personas se detengan un momento a escuchar a los demás. Sólo en contadísimas ocasiones sustituimos nuestras firmes convicciones por las que nos proponen nuestros semejantes. Y normalmente somos incapaces de sostener en nuestra mente dos opiniones contrapuestas. Sin embargo, esto es lo que usted debe hacer si quiere despertar en una nueva dimensión de conciencia humana: un conocimiento interior que puede coexistir junto al suyo, sin necesidad de que ninguno deje de tener razón. Este aspecto suele ser comentado por mentes privilegiadas e iluminadas. Uno de los mejores novelistas norteamericanos, F. Scott Fitzgerald,
dijo en una ocasión: La prueba de que nos enfrentamos a una inteligencia de primera magnitud estriba en su capacidad de retener dos ideas contrapuestas a un tiempo y poder funcionar. Uno debería ser capaz de ver que las cosas no funcionan y tomar la determinación de mejorarlas.
Esto es lo que verdaderamente significa ser una persona desprendida e independiente: permitir que puntos de vista encontrados residan en una misma persona, y disfrutar a la vez de la exquisita belleza que semejante actitud ofrece.

Del libro " La Fuerza de Creer"
de Wayne W. Dyer.