miércoles, 24 de septiembre de 2014

EL CAMINO DEL ZEN




Cuando un pez nada, sin importar qué tan lejos vaya, no alcanza el fin del agua. Cuando un ave vuela, sin importar qué tan alto vuele, no puede llegar al fin del cielo. Cuando la necesidad del ave o del pez es grande, su alcance es largo. Cuando su necesidad es pequeña su alcance es corto. De este modo, cada pez y cada ave usan todo el espacio y actúan vigorosamente en cada lugar. Sin embargo, si un ave sale del cielo, o un pez deja el agua, de inmediato mueren. Deberíamos saber que, [para un pez] el agua es vida, [para un ave] el cielo es vida. Un ave es vida. Un pez es vida. La vida es un ave; la vida es un pez. Y deberíamos ir más allá de esto. Hay práctica - iluminación - esta es la vía de los seres vivos.
 Por esto, si hay un pez que nade o un ave que vuele sólo después de haber investigado la totalidad del cielo o del agua, no encontrarán ni sendero ni lugar. Cuando hacemos de este mismo lugar el nuestro, nuestra práctica se convierte en la manifestación de la realidad (genjōkōan). Cuando hacemos de este sendero el nuestro, nuestra actividad se convierte naturalmente en la realidad actualizada (genjōkōan). Este sendero o este lugar no son ni grandes ni pequeños, tampoco uno mismo ni los otros. No ha existido antes de este momento, tampoco ha llegado a la existencia ahora. 
Por lo tanto, [la realidad de todas las cosas] es así. De la misma manera, cuando una persona se compromete en la práctica-iluminación de la Vía del Buddha, cuando comprende un dharma, la persona penetra ese dharma; cuando encuentra una práctica, la persona [totalmente] practica esa práctica. [Para esto] hay un lugar y un sendero. El límite de lo conocido no es claro; esto es debido a que lo conocido [que parece limitado] nace y es practicado simultáneamente con la completa penetración del Dharma de Buddha. No debemos pensar que lo que hemos alcanzado es creado por  nosotros y conocido por nuestra mente discriminadora. Aunque la completa  iluminación es actualizada de inmediato, su intimidad es tal que no necesariamente se produce como una opinión. [De hecho] los puntos de vista no son algo fijo. 
(13) En cierta ocasión, el maestro Zen Baoche de la montaña Magu estaba usando un abanico. Un monje se le acercó y le preguntó: “la naturaleza del viento está siempre presente y lo penetra todo. ¿Por qué utiliza un abanico?” 
El maestro dijo: “Usted sólo sabe que la naturaleza del viento está siempre presente, pero no sabe que penetra todo.” 
El monje dijo: “¿Cómo el viento penetra todo?” 
El maestro tan sólo continuó abanicándose. 
El monje hizo una profunda reverencia. 
La experiencia genuina del Dharma de Buddha y el sendero vital que ha sido correctamente transmitida son así. Decir que uno no debe usar un abanico porque la naturaleza del viento está siempre presente y que debemos sentir el viento aunque no usemos el abanico, es no comprender ni la omnipresencia ni la naturaleza del viento. 
Ya que la naturaleza del viento está siempre presente, el viento de la familia del Buddha nos permite comprender el oro de la gran Tierra y transformar [el agua] del 
extenso río en crema.

Primer Capítulo del Shōbōgenzō (El Ojo Precioso del Verdadero Dharma).