lunes, 26 de enero de 2015

LA ETERNIDAD NO TIENE PROBLEMAS



Cada vez que te des cuenta de que te has ido al pasado o al futuro, no te sientas culpable, no te crees problemas por ello. Simplemente, vuelve al presente. No pasa nada. Simplemente, recupera tu conciencia. 
La perderás millones de veces; no te va a salir ahora mismo, inmediatamente. Puede suceder, pero no puede suceder por tu causa. Es un modo de conducta fijo desde hace tanto, tantísimo tiempo, que no lo puedes cambiar de buenas a primeras. Pero no te preocupes, la existencia no tiene ninguna prisa. La eternidad puede esperar eternamente. No crees tensiones por ello.

Cada vez que sientas que te has perdido, vuelve; eso es todo. 
No te sientas culpable; eso es un truco de la mente, que está otra vez jugando a sus juegos. No te arrepientas. Simplemente, cuando pienses, vuelve a lo que estuvieras haciendo. 
Si estás tomando un baño, vuelve; si estás comiendo la comida, vuelve; si estás dando un paseo, vuelve. 
En el momento en que sientas que no estás aquí y ahora, vuelve... Simplemente, inocentemente, no crees culpa. Si te sientes culpable, no has entendido nada.
La eternidad no tiene problemas; todos los problemas existen en el plano horizontal (el ego). 
El plano vertical (el Ser) no conoce problemas; es puro gozo, sin nada de ansiedad, sin nada de angustia, sin ninguna preocupación, sin ninguna culpa, sin nada.

Sé simple y vuelve.

Te perderás muchas veces, dalo por seguro. Pero no te preocupes por ello. Así son las cosas. Te perderás muchas veces, pero eso no importa. No prestes atención al hecho de que te hayas perdido muchas veces, presta mucha atención al hecho de que te has reincorporado muchas veces.

Que te pierdas es algo natural. Eres humano, has vivido en el plano horizontal (el ego) durante muchísimas vidas, así que es natural. Lo estupendo es que has regresado muchas veces. Has hecho lo imposible; siéntete feliz por ello.

En veinticuatro horas te perderás veinticuatro mil veces, pero te reincorporarás otras veinticuatro mil veces. Y ahora empieza a funcionar un nuevo modo. Has regresado un montón de veces; ahora se empieza a abrir una nueva dimensión, poco a poco. 
Cada vez serás más capaz de mantenerte consciente, cada vez serán menos las idas y venidas. El recorrido de ida y vuelta se irá acortando cada vez más. Cada vez te olvidarás menos, cada vez te acordarás más; estás entrando en la vertical (el Ser). De pronto, un día, la horizontal (el ego) desaparece. La conciencia gana intensidad y la horizontal desaparece.

A esto es a lo que se refieren el Budismo Zen, el Vedanta y los hindúes, al decir que este mundo es ilusorio. Porque cuando la conciencia se hace perfecta, este mundo, este mundo que has creado a partir de tu mente, simplemente desaparece. Y otro mundo se te revela. 
El Maya desaparece, la ilusión desaparece... la ilusión está ahí a causa de tu sueño,detuinconsciencia.
Si puedes recordar, aunque sea una sola vez, que esto es un sueño, eso provoca un choque y el sueño se hace pedazos y tú te despiertas.
Este mundo que ves a tu alrededor no es el mundo real. 
No es que no exista: sí que existe, pero lo estás viendo a través de un velo de sueño. Entre tú y él está la inconsciencia, la identificación.

OSHO

sábado, 24 de enero de 2015

UNA LLAMADA A LA VERDAD


Tu enfermedad no está en tu contra, amigo. Las molestias y los dolores que sientes en tu cuerpo no son castigos. Nunca has hecho nada malo. Este día no es un indicio de tu debilidad o fracaso. Estás recibiendo una invitación más - para bajar tu velocidad. Para descansar. Para tomar cada momento tal y como viene. Para dejar ir todo lo que es innecesario, incluyendo, tal vez, tu búsqueda de respuestas. Para que evalúes nuevamente tus prioridades, para que recuerdes Lo que es primordial. Para que pongas atención al momento presente, a este momento, el único momento que hay, tu verdadero hogar, tu lugar de descanso, tu punto de conexión.
Para mantenerte arraigado aquí, en la presente escena de la película de tu vida. Para que dejes de regresar la película hacia las pasadas escenas de culpabilidad, oportunidades perdidas y decisiones equivocadas. Y para que dejes de tratar de adelantar la película hacia futuras escenas de dolor o tristeza, de posibles fracasos, metas inalcanzables o incluso la muerte. Se trata de una invitación para que vuelvas aquí. Para que te hagas amigo de la incertidumbre, para que descubras la emoción de no saber. Para que digas SÍ a este momento, incluso si sientes un NO. Para que incluyas al NO, también.
Para utilizar tus molestias y dolores, y no ser utilizado por ellos; para enfrentar las sensaciones en tu cuerpo con amabilidad y curiosidad, para no resistirte ni tratar de deshacerte de ellas. Para sumergirte profundamente en el momento; sin tratar de escapar - y permitirte querer escapar, también. Para confiar en la inteligencia de este increíble cuerpo, su extraordinaria capacidad de sanar y lidiar con cualquier cosa que aparezca en su camino. Para admitir que estás agotado de luchar y pretender ser un 'yo', que estás harto de intentar encajar, de tratar de decir las cosas correctas, de tratar de ser un éxito en el mundo, de tratar de mantener todo en orden, incluso de tratar de no tratar.
Para encontrar un lugar de humildad, e incluso gratitud, en medio de los escombros de los viejos sueños. Para soltar tu idea de 'Como se Supone que Tendría que Ser la Vida,' y abrazar 'Como Es la Vida Realmente'. Para descubrir nuevamente un sentido de divinidad, en donde eres, como eres.
Esta podría ser sólo una invitación a tu despertar. Haz a un lado la palabra 'enfermedad'; ve esto como un camino de sanación mucho más profunda, más allá de lo físico. Una llamada a la Verdad. Siempre un comienzo, nunca una derrota.
- Jeff Foster

martes, 20 de enero de 2015

EL ACUERDO A UNIRSE II



El final del sueño es el fin del miedo, pues el amor nunca formó parte del mundo de los sueños. La brecha es pequeña. Sin embargo, contiene las semillas de la pestilencia y toda suerte de males, puesto que es el deseo de perpetuar la separación y de impedir la unión. Y así, parece conferirle a la enfermedad una causa que no es su causa. El propósito de la brecha es la única causa de la enfermedad. Pues se concibió a fin de mantenerte separado y dentro de un cuerpo que tú ves como si fuese la causa del dolor.

La causa del dolor es la separación, no el cuerpo, el cual es solo su efecto. Sin embargo, la separación no es más que un espacio vacío, que no contiene nada ni hace nada, y que es tan insubstancial como la estela que los barcos dejan entre las olas al pasar. Dicho espacio vacío se llena con la misma rapidez con la que el agua se abalanza a cerrar la estela según las olas se unen. ¿Donde está la estela que había entre las olas una vez que éstas se han unido y han llenado el espacio que por un momento parecía separarlas? ¿Donde está la base de la enfermedad una vez que las mentes se han unido para cerrar la diminuta brecha que había entre ellas y en la que las semillas de la enfermedad parecían germinar?

Dios tiende el puente, pero solo en el espacio que el milagro ha dejado libre y despejado. Mas Él no puede tender un puente sobre las semillas de la enfermedad y la vergüenza de la culpabilidad, pues no puede destruir una voluntad ajena que Él no creó. Deja que los efectos de ésta desaparezcan y no te aferres a ellos desesperadamente, tratando de conservarlos. El milagro los hará a un lado, haciendo así sitio para Aquél Cuya Voluntad es venir y tender un puente para que Su Hijo regrese a Él.

Un Curso de Milagro
T28 : III : 4, 5, 6.

domingo, 18 de enero de 2015

EL ACUERDO A UNIRSE I


Lo que espera en perfecta certeza más allá de la salvación no nos concierne ahora, pues apenas has empezado a dejar que se te guíe en tus primeros e inciertos pasos de ascenso por la escalera que la separación te hizo descender. El milagro es lo único que debe concernirte ahora. Este es nuestro punto de partida. Y habiendo comenzado, el camino de ascenso hacia el despertar y el final del sueño quedará libre y despejado. Cuando aceptas un milagro, no añades tu sueño de miedo a uno que ya está siendo soñado. Sin apoyo, el sueño se desvanecerá junto con todos sus aparentes efectos, pues es tu apoyo lo que lo refuerza.

Ninguna mente puede estar enferma a menos que otra mente esté de acuerdo en que están separadas. Por lo tanto, su decisión conjunta es estar enfermas. Si te niegas a dar tu conformidad y aceptas el papel que juegas en hacer que la enfermedad sea real, la otra mente no podrá proyectar su culpabilidad, ya que no has colaborado en dejar que se perciba a sí misma como separada y aparte de ti. De este modo, ninguna de las dos percibe el cuerpo como enfermo desde diferentes puntos de vista. Unirte a la mente de un hermano bloquea la causa de la enfermedad y sus percibidos efectos. La curación es el efecto de mentes que se unen, tal como la enfermedad es la consecuencia de mentes que se separan.    

El milagro no hace nada precisamente porque las mentes están unidas y no se pueden separar. En el sueño, no obstante, esto se ha invertido, y las mentes separadas se ven como cuerpos, los cuales están separados y no pueden unirse. No permitas que tu hermano esté enfermo, pues si lo está, eso quiere decir que lo dejaste a merced de su propio sueño al compartirlo con él. Él no ha visto donde reside la causa de su enfermedad, y tú has ignorado la brecha que os separa que es donde la enfermedad se ha incubado. De esta forma, os unís en la enfermedad para dejar sin sanar la diminuta brecha donde se protege celosamente a la enfermedad, donde se estima y donde se sustenta por una firme creencia, no sea que Dios venga y la salve con un puente que conduzca hasta Él. No te opongas a Su llegada combatiéndolo con ilusiones, pues Su llegada es lo que deseas por encima de todas las cosas que parecen titilar  en el sueño.

Un Curso de Milagros
T28: III : 1, 2,, 3.




sábado, 10 de enero de 2015

EL HEROE DEL SUEÑO III



El mundo no hace sino demostrar una verdad ancestral: creerás que otros te hacen a ti exactamente lo que tú crees haberles hecho a ellos. Y una vez que te hayas engañado a  ti mismo culpándolos, no verás la causa de sus actos porque desearás que la culpabilidad recaiga sobre ellos. ¡Cuán infantil es la insolente maniobra de querer defender tu inocencia descargando tu culpabilidad fuera de ti mismo, aunque sin deshacerte de ella! No es fácil percibir tal ironía cuando lo que tus ojos ven a tu alrededor son sus graves consecuencias, mas no su frívola causa. Sin causa, sus efectos parecen ciertamente ser tristes y graves. Sin embargo, no son más que consecuencias. Su causa, en cambio, es lo que no es consecuencia de nada, al no ser más que una farsa.   
El Espíritu Santo, sonriendo dulcemente, percibe la causa y no presta atención a los efectos. ¿De qué otra manera podría corregir tu error, cuando has pasado por alto la causa enteramente? Él te exhorta a que lleves todo efecto temible ante Él para que juntos miréis su descabellada causa y os riáis juntos por un rato. Tú  juzgas los efectos, pero Él ha juzgado su causa. Y mediante Su juicio se eliminan los efectos. Tal vez vengas con los ojos arrasados wen lágrimas, mas óyele decir: "Hermano mío, santo Hijo de Dios, contempla tu sueño fútil en el que sólo algo así podría ocurrir". Y saldrás del instante santo riendo, con tu risa y la de tu hermano unida a la de Él.
El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. No importa cuál sea la forma del ataque, eso sigue siendo verdad. No importa quien desempeñe el papel de enemigo y quien el de agresor, eso sigue siendo verdad. No importa cuál parezca ser la causa de cualquier dolor o sufrimiento que sientas, eso sigue siendo verdad. Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan solo de tu propio sueño.

          
Basta con que aprendas esta lección para que te libres de todo sufrimiento, no importa en la forma en que este se manifieste. El Espíritu Santo repetirá esta lección inclusiva de liberación hasta que la aprendas, independientemente de la forma de sufrimiento que  te esté ocasionando dolor. Esta simple verdad será Su respuesta, sea cual sea el dolor que lleves ante Él. Pues esta respuesta elimina la causa de cualquier forma de pesar o dolor. La forma no afecta Su respuesta en absoluto, pues Él quiere mostrarte la única causa de todo sufrimiento, no importa cuál sea su forma. Y comprenderás que los milagros reflejan esta simple afirmación: Yo mismo fabriqué esto, y es esto lo que quiero deshacer. 
Lleva, pues, toda forma de sufrimiento ante Aquel que sabe que cada una de ellas es como las demás. Él no ve diferencias donde no las hay, y te enseñará cuál es la causa de todas ellas. Ninguna tiene una causa diferente de las demás, y todas se deshacen fácilmente con una sola lección que realmente se haya aprendido. La salvación es un secreto que solo tú has ocultado de ti mismo. Así lo proclama el universo. Pero haces caso omiso de sus testigos porque de lo que ellos dan testimonio es algo que prefieres no saber. Parecen mantenerla oculta de ti. Sin embargo, no necesitas sino darte cuenta de que fuiste tú quien eligió no escuchar ni ver.
¡Qué diferente te parecerá el mundo cuando reconozcas esto! Cuando le perdones al mundo tu culpabilidad, te liberarás de ella. Su inocencia no exige que tú seas culpable, ni tu inocencia se basa en sus pecados. Esto es obvio, y es un secreto que no le has ocultado a nadie salvo a ti mismo. Y es esto lo que te ha mentenido separado del mundo y lo que ha mantenido a tu hermano separado de ti. Ahora solo necesitas reconocer que los dos sois o inocentes o culpables. Lo que es imposible es que seàis diferentes el uno del otro; o que seáis ambas cosas. Este es el único secreto que aún te falta por aprender. Mas no será un secreto que has sanado.

Un Curso de Milagros
T 27:VIII: 8, 9, 10, 11, 12, 13. 

jueves, 8 de enero de 2015

EL HÉROE DEL SUEÑO II



¿Cuán dispuesto estás a escaparte de los efectos de todos los sueños que el mundo jamás haya tenido? ¿Es tu deseo no permitir que ningún sueño parezca ser la causa de lo que haces? Examinemos, pues, el comienzo del sueño, ya que la parte que ves no es sino la segunda parte, cuya causa se encuentra en la primera. Nadie que esté dormido y soñando en el mundo recuerda el ataque que se infligió a sí mismo. Nadie cree que realmente hubo un tiempo en el que no sabía nada de cuerpos y en el que no habría podido concebir que este mundo fuese real. De otro modo, se habría dado cuenta de inmediato de que estas ideas son una mera ilusión, tan ridículas que no sirven para nada, excepto para reirse de ellas. ¡Cuán serias parecen ser ahora! Y nadie puede recordar aquel entonces cuando habrían sido motivo de risa e incredulidad. Pero los podemos recordar, solo con que contemplemos directamente su causa. Y al hacerlo, veremos que son motivo de risa, no de temor.
Devolvámosle al soñador el sueño del que se desprendió, el cuál él percibe como algo que le es ajeno y que se le está haciendo a él. Una diminuta y alocada idea, de la que el Hijo de Dios olvidó reírse, se adentró en la eternidad, donde todo es uno. A causa de su olvido ese pensamiento se convirtió en una idea seria, capaz de lograr algo, así como de tener efectos reales. Juntos podemos hacer desaparecer ambas cosas riéndonos de ellas, y darnos cuenta de que el tiempo no puede afectar a la eternidad. Es motivo de risa pensar que el tiempo pudiese llegar a circunscribir a la eternidad, cuando lo que esta significa es que el tiempo no existe.

García Alcalá 2014
Una intemporalidad en la que se otorga realidad al tiempo; una parte de Dios que puede atacarse a sí misma; un hermano separado al que se considera un enemigo y una mente dentro de un cuerpo son todos diferentes aspectos de un círculo vicioso, cuyo final empieza en su comienzo y concluye en su causa. El mundo que ves te muestra exactamente lo que creíste haber hecho. Excepto que ahora crees que lo que hiciste se te está haciendo a ti. La culpabilidad que sentiste por lo que habías pensado la proyectaste fuera de ti mismo sobre un mundo culpable que es el que entonces sueña tus sueños y piensa tus pensamientos por ti. Es su venganza la que recae sobre ti, no la tuya propia. Te mantiene estrechamente confinado a un cuerpo, al que castiga por todos los actos pecaminosos que éste comete en su sueño. Y no puedes hacer que el cuerpo deje de cometer sus actos depravados porque tú no eres su hacedor y, por lo tanto. no puedes controlar sus acciones, su propósito o su destino. 


Un Curso de Milagros
T 27. VIII: 5, 6, 7.

           

martes, 6 de enero de 2015

EL HÉROE DEL SUEÑO I



El cuerpo es el personaje central en el sueño del mundo. Sin él no hay sueño, ni él existe sin el sueño en el que actúa como si fuese una persona digna de ser vista y creída. Ocupa el lugar central de cada sueño en el que se narra la historia de como fue concebido por otros cuerpos, como vino al mundo externo al cuerpo, como vive por un corto tiempo hasta que muere, para luego convertirse en polvo junto con otros cuerpos que, al igual que él, también mueren. En el breve lapso de vida que se le ha concedido busca otros cuerpos para que sean sus amigos o sus enemigo. Su seguridad es su mayor preocupación; su comodidad, la ley por la que se rige. Trata de buscar placer y de evitar todo lo que pueda ocasionar dolor. Pero por encima de todo, trata de enseñarse a sí mismo que sus dolores y placeres son dos cosas diferentes, y que es posible distinguir entre ellos.
El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o tiras de papel moneda que el mundo considera real y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo cosas que no tienen sentido y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni quiere. Contrata a otros cuerpos para que lo protejan y para que coleccionen más cosas sin sentido que él pueda llamar suyas. Busca a otros cuerpos especiales que puedan compartir su sueño. A veces sueña que es un conquistador de cuerpos  más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarle.
Las aventuras del cuerpo desde que nace hasta que muere, son el tema de todo sueño que el mundo jamás haya tenido. Él "héroe" de este sueño jamás cambiará, ni su propósito tampoco. Y aunque el sueño en sí adopta muchas formas y parece presentar una gran variedad de lugares y situaciones en lo que su "héroe" cree encontrarse, el sueño no tiene más que un próposito, el cual te enseña de muchas maneras. Esta es la lección que trata de enseñar una y otra vez: que el cuerpo es causa y no efecto. Y que tú que eres su efecto, no puedes ser su causa.
De esta manera, tú no eres el soñador, sino el sueño. Y, por lo tanto, deambulas fútilmente entrando y saliendo de lugares y situaciones que él maquina. Que esto es todo lo que el cuerpo hace, es cierto, pues no es más que una figura en un sueño. Mas ¿quièn reaccionaría ante las figuras de un sueño a no ser que las considerase reales? En el instante en que las reconoce como lo que verdaderamente son, estas dejan de tener efectos sobre él porque entiende que fue él el que les dio los efectos que tienen, al causarlas y hacer que pareciesen reales. 

Un Curso de Milagros
T 27: VIII : 1, 2, 3, 4.      o