sábado, 19 de diciembre de 2015

LA VERDAD QUE YACE TRAS LAS ILUSIONES


Atacarás lo que no te satisfaga, y así, no te darás cuenta de que fuiste tú mismo quien lo inventó. Tu batalla es siempre con las ilusiones.  Pues la verdad que yace tras ellas es tan hermosa y tan serena en su amorosa dulzura, que si fueses consciente de ella te olvidarías por completo de tus defensas y te apresurarías a echarte en sus brazos. La verdad jamás puede ser atacada. Y tu sabías esto cuando inventaste los ídolos. Los concebiste precisamente para olvidarte de este hecho. Lo único que atacas son las ideas falsas, nunca las verdaderas. Los ídolos son todas las ideas que concebiste para llenar la brecha que tú crees se formó entre lo que es verdad y tú. Y las atacas por lo que crees que ellas representan. Pero lo que yace tras ellas no puede ser atacado.
Los dioses que inventaste -opresores e incapaces de satisfacerte- son como juguetes infantiles descomunales. Un niño se asusta cuando una cabeza de madera salta de una caja de resorte al ésta abrirse repentinamente, o cuando un oso de felpa, suave y silencioso, emite sonidos al él apretarlo. Las reglas que él había establecido para las cajas de resorte y para los osos de felpa le han fallado y le han hecho perder el "control" de lo que le rodea. Ahora tiene miedo, pues pensó que las reglas le protegían. Ahora tiene que aprender que las cajas y los osos no lo engañaron, ni violaron ninguna regla, y que lo ocurrido no quiere decir que su mundo se haya vuelto caótico y peligroso. Es él quien estaba equivocado.  No comprendió bien qué era lo que lo mantenía a salvo y pensó que eso lo había abandonado.

Un Curso de Milagros
T30:IV;1, 2.