domingo, 31 de enero de 2016

ALOJAMIENTO GRATIS





Según una antigua tradición de ciertos templos zen japone­ses, si un monje que está de paso, y sale airoso de una discu­sión sobre budismo con uno de los monjes residentes, puede pasar allí la noche. En caso contrario, tiene que irse.
 En el norte de Japón había uno de estos templos, dirigido por dos hermanos. El hermano mayor era muy erudito y el hermano menor era más bien tonto y sólo tenía un ojo.
Cierta tarde un monje llegó a pedir alojamiento. El hermano mayor estaba muy cansado, pues había estado estudiando durante muchas horas así que le dijo al hermano menor que fuera y se hiciera cargo de la discusión.
-Pide que el diálogo tenga lugar en silencio -dijo el herma­no mayor. Poco después el viajero se acercó al hermano mayor y dijo:
-Qué tipo tan encantador es tu hermano. Ha ganado limpia­mente la discusión, por lo que tengo que irme. Buenas noches. -Antes de marchar -dijo el hermano mayor-,te ruego que me cuentes cómo fue el diálogo.
-Bien -dijo el viajero-, en primer lugar levanté un dedo para representar a Buda. Entonces tu hermano levantó dos dedos para representar a Buda y su doctrina. Así que yo le­vanté tres dedos, para representar a Buda, su doctrina y sus seguidores. Entonces tu avispado hermano agitó su puño ce­rrado ante mi cara, para indicar que los tres procedían de un mismo acto de comprensión.
Dicho lo cual el viajero se marchó.

Poco después llegó el hermano menor, con un aire muy pre­ocupado.

-Me he enterado de que ganaste la discusión -dijo el her­mano mayor.

-No gané nada -dijo el hermano menor-. Este viajero es un hombre muy bruto.
-¿Si? -dijo el hermano mayor-. Dime el tema de la discu­sión.

-Pues -dijo el hermano menor-, en cuanto me vio, levantó un dedo para insultarme indicando que sólo tengo un ojo.
Pero como era forastero, pensé que tenía que ser cortés, por lo que yo levanté dos dedos, felicitándole por tener dos ojos.
Ante lo cual, el miserable grosero levantó tres dedos, como queriendo decir que entre los dos sólo teníamos tres ojos, por lo que me enfadé y le amenacé con darle un puñetazo en la nariz. Así que se fue.
El hermano mayor se rió.

Osho.