martes, 12 de enero de 2016

HISTORIAS ZEN





La iluminación siempre es repentina: No hay un progreso gradual hacia ella, porque toda gradación es de la mente y la iluminación no es de la mente. Todos los grados pertenecen a la mente y la iluminación está más allá de ella. Así que no puedes acercarte a la iluminación, simplemente saltas dentro de ella. No puedes ir subiendo escalones; no hay escalones. La iluminación es como un abismo, o saltas o no saltas.
No puedes tener la iluminación por partes, por fragmentos.   Es una totalidad -estás dentro o fuera de ella, pero no hay una progresión gradual-. Recuerda esto como una de las cosas más básicas: sucede de forma no fragmentada, completa, total. Su­cede como un todo, y ésta es la razón por la que la mente es siempre incapaz de entender. La mente puede entender cual­quier cosa que pueda dividirse, cualquier cosa a la que pueda llegarse a plazos, porque la mente es análisis, división, frag­mentación. La mente puede entender las partes; el todo siem­pre se le escapa. Por eso si escuchas a la mente nunca llegarás.
Esto es lo que ocurrió: esta monja, Chiyono, se dedicó a estudiar años y años y no sucedió nada. La mente puede estu­diar acerca de Dios, acerca de la iluminación, acerca del ab­soluto. Incluso puede pretender haberlo entendido todo. Pero Dios no es algo que tengas que entender. Incluso si lo sabes todo “acerca de” Dios, no lo conoces; el conocimiento no es "acerca de". Mientras digas "acerca de" seguirás afuera. Qui­zás estés dando vueltas alrededor, pero no has penetrado en el círculo.
Cuando alguien dice "Sé acerca de Dios", está diciendo que no sabe nada de nada, porque ¿cómo vas a saber algo "acerca de" Dios? Dios es el centro, no la periferia. Puedes sa­ber acerca de la materia, porque la materia no tiene centro, es sólo la periferia. No puedes saber nada acerca de la consciencia: no hay sí mismo, no hay nadie en su interior. La materia es sólo lo de fuera; puedes saber acerca de ella. La ciencia es conocimiento. La misma palabra ciencia significa conoci­miento: conocimiento de la periferia, conocimiento de algo cuyo centro no existe. Siempre que te acercas al centro desde la periferia, aquél se te escapa.
Tienes que convertirte en ello; es la única manera de cono­cerlo. Acerca de Dios, nada puede saberse. Tienes que ser; aquí el único conocimiento es el ser. Respecto del absoluto, todos los "acerca de" significan equivocarse una y otra vez. Tienes que entrar y hacerte uno con él.
Por eso Jesús dice: “Dios es como el amor”, no amante, sólo como el amor. No puedes saber nada acerca del amor, ¿o acaso puedes? Puedes estudiar y estudiar, puedes convertirte en un gran estudioso, pero no lo has tocado, no has entrado en él. El amor sólo puede ser conocido cuando te conviertes en amante. Y no sólo esto: el amor únicamente puede ser conoci­do cuando te conviertes en amor. Hasta el amante desaparece, porque también él/ella pertenece al exterior. Dos personas enamoradas se ausentan. No están ahí. Sólo existe el amor, el ritmo del amor. Quizás son los dos polos del ritmo, pero ellos no están ahí. Algo del más allá ha tomado cuerpo. Ellos han desaparecido.
El amor existe cuando tú estás vacío. El conocimiento existe cuando estás lleno. El conocimiento pertenece al ego, y el ego nunca puede penetrar en el centro; es la periferia. La periferia sólo puede conocer la periferia. No puede conocer algo que pertenece al centro mediante el ego. El ego puede es­tudiar, el ego puede hacerte un gran erudito, acaso un erudito religioso, un gran pandit. Puedes saber todos los Vedas, todos las Upanishads, todas las Biblias y los Coranes, y sigues sin saber nada -porque no es conocimiento de afuera, es algo que sucede cuando has entrado y te has convertido en uno.
OSHO