lunes, 25 de enero de 2016

SOÑANDO




Quienes han estado trabajando durante mucho tiempo en la ciencia de los sueños dicen que dormir es necesario para poder soñar. Y cuando les preguntas por qué son necesarios los sue­ños, dicen que sirven para mantenerse sano, porque en los sue­ños puedes echar afuera tu locura. Toda la noche es una catar­sis. Durante el sueño liberas tu locura, y por el día puedes mantener un comportamiento sano, ya volverás a actuar loca­mente. Los expertos dicen que si se te privara de tus sueños durante unos días te volverías loco, porque no habría catarsis y la locura empezaría a salir. Explotarías. Durante la noche sueñas -es una catarsis-, durante el día piensas -esto también es una catarsis, y te ayuda a dormir-. Es una droga. No tienes que preocuparte de lo que esté suce­diendo. Simplemente te encierras en tus pensamientos. Ade­más los conoces bien, te sientes a gusto con ellos, te sientes como en tu propia casa; no importa cuán sucia y vieja sea, has vivido en ella tanto tiempo que te has acostumbrado. Te has acostumbrado a tu cárcel. Les sucede a los prisioneros: si es­tán en la cárcel durante mucho tiempo, tienen miedo de salir, les da miedo la libertad porque les traerá nuevas responsabili­dades. Salir de la mente significa libertad absoluta, los hindú­es lo han llamado moksha. No hay nada semejante: la cárcel queda destruida, estás simplemente bajo el cielo infinito. Te asalta el miedo; quieres volver a tu hogar, tu cómodo hogar, con paredes, con vallas.
Sientes temor ante el infinito porque se parece a la muerte. Te has acostumbrado a lo finito, con fronteras evidentes, distin­ciones claras. Por eso no puedes prescindir de los pensamien­tos, no puedes deshacerte del cubo. En vez de ello, vas hacien­do el cubo más y más grande, y es como tu vientre: cuantos más pensamientos metes dentro, más se expande. Y el vientre pue­de estallar si comes demasiado, pero la mente no.
Una mente ordinaria puede contener todas las bibliotecas del mundo. En tu cabecita hay setenta millones de células, y cada una de ellas puede contener por lo menos un millón de elementos de información. Todavía no se ha inventado un or­denador que pueda ser comparado con tu mente. Dentro de tu cabecita, llevas todo el mundo. Y sigue expandiéndose.
Osho.