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AÚN...TODAVÍA...

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Aún cuando los límites me capturan, aún cuando la saciedad, la hartura acampan en mi espíritu, tú Señor, ¡Oh Dios! estás ahí abriendo las puertas de los arroyos para borrar los límites enviando metros y metros de olas para refrescar mi alma, para darme renuevo, para admirar otra vez el nacimiento del sol y sentirme acompañada por melodías divinas, entonces te canto y de nuevo te alabo ¡Oh! Único, ¡Oh! Dios, mi Señor. Amén. JOB:37:5
La escena es cautivadora. Juan 8,1-8. Este conmovedor episodio, integrado hoy en el evangelio de Juan, es probablemente un fragmento de un evangelio perdido o un relato suelto que circuló por la comunidad cristiana. La escena tiene, sin duda, mucho de artificial, pero los investigadores piensan que, en alguna ocasión, Jesús actuó defendiendo a una mujer adúltera con esa manera tan suya de acoger a los pecadores más despreciados y mostrarles la compasión de Dios (incluso en el grupo del Jesús Seminar). Traen ante Jesús a una mujer sorprendida mientras estaba teniendo relaciones sexuales con un hombre. No se dice nada del varón. Es lo que ocurría casi siempre en aquella sociedad machista. Se humilla y se condena a la mujer, porque ha deshonrado a su familia. Mientras tanto, nadie habla del varón, aunque, paradójicamente, es a él a quien la Torá exigía no poseer ni desear a una mujer que ya pertenece a otro. Éxodo 20,14-17. Al varón le está prohibido tener relaciones sexu...
GRITAR PARA QUEDAR A SALVO... E INCÓLUME Una vez llegó un profeta a una ciudad con el fin de convertir a sus habitantes. Al principio la gente le escuchaba cuando hablaba, pero poco a poco se fueron apartando, hasta que no hubo nadie que escuchara, las palabras del profeta. Cierto día, un viajante le dijo al profeta: «¿Por qué sigues predicando? ¿No ves que tu misión es imposible?». Y el profeta le respondió: «Al principio tenía la esperanza de poder cambiarlos. Pero si ahora sigo gritando es únicamente para que no me cambien ellos a mí». Anthony De Mello

INSPIRACIÓN

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En esta noche fría ha venido a mí el recuerdo de otras noches, frías también, en mi adolescencia, cuando el silencio familiar ya era perfecto y sólo se oía el vaivén de algunos motores raudos por la carretera principal. Acurrucada en una silla con luz cercana y tenue, escribía poemas buscando esa felicidad, esa alegría inmensa que me ayudara a descubrir todos los ¿por qué?, todos los ¿para qué?... Esta noche, antes de ir a dormir, una palabra del Evangelio de Lucas me ha hecho rememorar aquellas horas... He comprendido que mi espíritu había empezado una búsqueda y he sentido paz al descubrir la buena noticia que representa la libertad interior para los corazones oprimidos, para el alma cautiva por la oscuridad. He sabido que el renuevo de la Fe es ese algo más que todos seguimos buscando. Amén. Lucas 4:18 al 19-