UNA BONITA HISTORIA
Un sacerdote se dirigía al templo. Justo a lado de la carretera vio a un hombre a punto de morir. Estaba sangrando, como si hubiera sido objeto de un grave ataque. Se encontraba lleno de heridas y perdía mucha sangre. El sacerdote tenía prisa; tenía que llegar al templo a la hora, la gente debía de estar allí esperando. Pero era un hombre de principios; no diré de pureza... era un hombre de principios. Reflexionó sobre lo que tenía que hacer. Calculó y a continuación pensó: «Es mejor ayudar a este hombre que se está muriendo. Es lo que dijo Jesús. Es mejor olvidar el templo, los creyentes; ellos pueden esperar un poco. Pero a este hombre hay que ayudarlo enseguida, si no se morirá». De modo que se acercó al herido; pero en cuanto le vio el rostro se asustó. Esa cara le parecía familiar, y muy malvada. Entonces de pronto recordó que en su templo había un cuadro del diablo, que no era otro que ese hombre. ¡Era el diablo! Así que empezó a correr hacia el templo. E...