IV - LAS CHARLAS DE OSHO
Ocurrió
una vez que:
Mulla
Nasrudin estaba enfermo y fue hospitalizado. Al rato alguien llamó a
la puerta y entró una mujer de aspecto enérgico. Ella dijo: «Soy
su médico. Desnúdese, he venido a examinarle».
Mulla
preguntó: «¿Del todo?».
La
doctora contestó: «Sí, del todo».
Así
que se desnudó. La mujer lo examinó. Y luego le dijo: «Ya puede
usted acostarse. ¿Tiene alguna pregunta que hacer?». Mulla Nasrudin
contestó: «Sólo una: ¿por qué se ha molestado en llamar a la
puerta?».
La
mujer respondió: «La fuerza de la costumbre».
Los
viejos hábitos persisten hasta en tus gestos. Los hábitos son
fáciles de mantener porque no necesitas ser consciente de ellos; se
mantienen por sí solos. Ser consciente es difícil, porque para ti
nunca ha sido un hábito.
Eliges
fácilmente; condenas y aprecias fácilmente; rechazas y aceptas con
mucha facilidad. Dices: «Esto está bien, o esto está mal», con
demasiada facilidad, porque se ha convertido en un hábito a través
de miles de vidas; siempre has estado eligiendo. Es un fenómeno
mecánico.
Sin
ninguna consciencia, en el momento en que ves algo, ya lo has juzgado
y decidido. Ves una flor y dices: «Es hermosa», o: «No es
hermosa». Inmediatamente entra el juicio (con la percepción, entra
el juicio) entonces nunca serás capaz de permanecer en el medio.
Alguien
que fue a ver a Chuang Tzu le comentó, refiriéndose a un hombre del
pueblo: «Es un pecador, un hombre realmente malo, un ladrón»; y le
criticó en muchos sentidos Chuang Tzu le escuchó y luego dijo:
«Pero toca la flauta maravillosamente».
Luego
llegó un segundo hombre (el primero estaba todavía allí sentado) y
le dijo refiriéndose al mismo hombre: «Es un excelente flautista».
Chuang
Tzu dijo: «Pero es un ladrón».
Ambos
estaban presentes, así que exclamaron: «¿Qué quieres decir?».
Chuang
Tzu dijo: «Sólo estaba equilibrando la cosa un poco; y además
¿quién soy yo para juzgar a nadie? Ese hombre es un ladrón y un
buen flautista. Para mí no hay ni rechazo ni aceptación. Yo no hago
ninguna elección. Él es lo que es. ¿Quién soy yo para juzgar o
elegir un extremo u otro? Para mí no es ni bueno ni malo. Él es él
mismo y sólo a él le concierne. ¿Quién soy yo para decir nada? Si
digo algo es tan sólo para equilibraos a vosotros dos».
Es
difícil no elegir, pero inténtalo; en todo... Cuando sientas odio,
trata de irte al medio. Cuando sientas amor, trata de irte al medio.
Lo que sea que sientas intenta irte al medio. Y te sor prenderás de
que hay un punto entre cada dos extremos donde ambos dejan de ser;
donde no sientes odio ni sientes amor. Esto es lo que Buda llama
upeksha, indiferencia. Indiferencia no es la palabra adecuada.
Upeksha
quiere decir: un punto tan en el medio que no eres ni esto ni
aquello. No puedes decir «Amo», ni «Odio». Sencillamente no
puedes decir nada, estás simplemente en el medio. No te identificas.
Ocurre una transcendencia, y esa transcendencia es el florecimiento.
Esa es la madurez que hay que alcanzar, la meta.
Negar
la realidad de las cosas
es
no ver su realidad;
afirmar
el vacío de las cosas
es
no ver su realidad.
Cuanto
más hablas y piensas acerca de ello,
más
te alejas de la verdad.
Deja
de hablar y de pensar,
y
no habrá nada
que
no puedas saber.
Osho.
Osho.

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