LA VERDAD QUE YACE TRAS LAS ILUSIONES
Atacarás
lo que no te satisfaga, y así, no te darás cuenta de que fuiste tú
mismo quien lo inventó. Tu batalla es siempre con las ilusiones. Pues
la verdad que yace tras ellas es tan hermosa y tan serena en su amorosa
dulzura, que si fueses consciente de ella te olvidarías por completo de
tus defensas y te apresurarías a echarte en sus brazos. La verdad jamás
puede ser atacada. Y tu sabías esto cuando inventaste los ídolos. Los
concebiste precisamente para olvidarte de este hecho. Lo único que
atacas son las ideas falsas, nunca las verdaderas. Los ídolos son todas
las ideas que concebiste para llenar la brecha que tú crees se formó
entre lo que es verdad y tú. Y las atacas por lo que crees que ellas
representan. Pero lo que yace tras ellas no puede ser atacado.
Los
dioses que inventaste -opresores e incapaces de satisfacerte- son como
juguetes infantiles descomunales. Un niño se asusta cuando una cabeza de
madera salta de una caja de resorte al ésta abrirse repentinamente, o
cuando un oso de felpa, suave y silencioso, emite sonidos al él
apretarlo. Las reglas que él había establecido para las cajas de resorte
y para los osos de felpa le han fallado y le han hecho perder el
"control" de lo que le rodea. Ahora tiene miedo, pues pensó que las
reglas le protegían. Ahora tiene que aprender que las cajas y los osos
no lo engañaron, ni violaron ninguna regla, y que lo ocurrido no quiere
decir que su mundo se haya vuelto caótico y peligroso. Es él quien
estaba equivocado. No comprendió bien qué era lo que lo mantenía a
salvo y pensó que eso lo había abandonado.
Un Curso de Milagros
T30:IV;1, 2. 
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