HISTORIAS ZEN
La iluminación siempre es repentina: No hay un progreso
gradual hacia ella, porque toda gradación es de la mente y la iluminación no es
de la mente. Todos los grados pertenecen a la mente y la iluminación está más
allá de ella. Así que no puedes acercarte a la iluminación, simplemente saltas
dentro de ella. No puedes ir subiendo escalones; no hay escalones. La
iluminación es como un abismo, o saltas o no saltas.
No puedes tener la iluminación por partes, por
fragmentos. Es una totalidad -estás
dentro o fuera de ella, pero no hay una progresión gradual-. Recuerda esto como
una de las cosas más básicas: sucede de forma no fragmentada, completa, total.
Sucede como un todo, y ésta es la razón por la que la mente es siempre incapaz
de entender. La mente puede entender cualquier cosa que pueda dividirse,
cualquier cosa a la que pueda llegarse a plazos, porque la mente es análisis,
división, fragmentación. La mente puede entender las partes; el todo siempre
se le escapa. Por eso si escuchas a la mente nunca llegarás.
Esto es lo que ocurrió: esta monja, Chiyono, se dedicó a
estudiar años y años y no sucedió nada. La mente puede estudiar acerca de
Dios, acerca de la iluminación, acerca del absoluto. Incluso puede pretender
haberlo entendido todo. Pero Dios no es algo que tengas que entender. Incluso
si lo sabes todo “acerca de” Dios, no lo conoces; el conocimiento no es
"acerca de". Mientras digas "acerca de" seguirás afuera.
Quizás estés dando vueltas alrededor, pero no has penetrado en el círculo.
Cuando alguien dice "Sé acerca de Dios", está
diciendo que no sabe nada de nada, porque ¿cómo vas a saber algo "acerca
de" Dios? Dios es el centro, no la periferia. Puedes saber acerca de la
materia, porque la materia no tiene centro, es sólo la periferia. No puedes
saber nada acerca de la consciencia: no hay sí mismo, no hay nadie en su
interior. La materia es sólo lo de fuera; puedes saber acerca de ella. La
ciencia es conocimiento. La misma palabra ciencia significa conocimiento:
conocimiento de la periferia, conocimiento de algo cuyo centro no existe.
Siempre que te acercas al centro desde la periferia, aquél se te escapa.
Tienes que convertirte en ello; es la única manera de conocerlo.
Acerca de Dios, nada puede saberse. Tienes que ser; aquí el único conocimiento
es el ser. Respecto del absoluto, todos los "acerca de" significan
equivocarse una y otra vez. Tienes que entrar y hacerte uno con él.
Por eso Jesús dice: “Dios es como el amor”, no amante, sólo
como el amor. No puedes saber nada acerca del amor, ¿o acaso puedes? Puedes
estudiar y estudiar, puedes convertirte en un gran estudioso, pero no lo has
tocado, no has entrado en él. El amor sólo puede ser conocido cuando te
conviertes en amante. Y no sólo esto: el amor únicamente puede ser conocido
cuando te conviertes en amor. Hasta el amante desaparece, porque también
él/ella pertenece al exterior. Dos personas enamoradas se ausentan. No están
ahí. Sólo existe el amor, el ritmo del amor. Quizás son los dos polos del
ritmo, pero ellos no están ahí. Algo del más allá ha tomado cuerpo. Ellos han
desaparecido.
El amor existe cuando tú estás vacío. El conocimiento
existe cuando estás lleno. El conocimiento pertenece al ego, y el ego nunca
puede penetrar en el centro; es la periferia. La periferia sólo puede conocer
la periferia. No puede conocer algo que pertenece al centro mediante el ego. El
ego puede estudiar, el ego puede hacerte un gran erudito, acaso un erudito
religioso, un gran pandit. Puedes saber todos los Vedas, todos las
Upanishads, todas las Biblias y los Coranes, y sigues sin saber nada -porque no
es conocimiento de afuera, es algo que sucede cuando has entrado y te has
convertido en uno.
OSHO
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