ESCUCHANDO A ANTHONY DE MELLO
LA FARSA
DE LA CARIDAD
La
caridad es realmente el amor propio disfrazado de altruismo. Usted
dice que es muy difícil aceptar que puede haber ocasiones en que
usted no está realmente tratando de ser amoroso o confiado.
Simplifiquémoslo lo más posible. Hagámoslo tan brusco y tan
extremo como sea posible, al menos para empezar. Hay dos tipos de
egoísmo el primer tipo es el que consiste en darme gusto de darme
gusto, eso es lo que generalmente llamamos egoísmo. El segundo tipo
es el que consiste de darme el placer de agradar a los demás. Éste
sería un tipo más refinado de egoísmo.
El
primero es muy obvio, pero el segundo está oculto, muy oculto, y por
eso es más peligroso, porque llegamos a pensar que realmente somos
maravillosos. Pero, al fin y al cabo,
tal vez no seamos tan maravillosos.
Usted,
señora, dice que, en su caso, vive sola, y que va a la parroquia y
dedica varias horas de su tiempo. Pero también admite que lo hace
por una razón egoísta - Usted necesita que la necesiten - y usted
también sabe que necesita que la necesiten de una manera que haga
sentir que está contribuyendo con algo al mundo. Pero también
admite que, como ellos también la necesitan, es un intercambio.
¡Usted
está a punto de entender! Tenemos que aprender de usted. Eso es lo
correcto. Usted dice: "Doy algo, recibo algo". Está en lo
cierto. Voy a ayudar, doy algo, recibo algo, eso es bello, eso es
verdad, eso es real. Eso no es caridad, eso es el amor propio
ilustrado.
Y usted,
señor, usted señala que en el fondo, el Evangelio de Jesús es un
evangelio del egoísmo. Logramos la vida eterna por nuestros actos de
caridad. "Venid, benditos de mi padre. Cuando tuve hambre me
disteis de comer... etc.". Usted dice que eso confirma lo que
dije. Cuando miramos a Jesús, dice usted, vemos que en el fondo sus
actos de caridad fueron fundamentalmente actos de egoísmo, ganar
almas para la vida eterna. Y usted ve eso como todo el impulso y el
significado de la vida: el logro del egoísmo por medio de los actos
de caridad
Muy
bien, pero vea usted: Usted está haciendo algo de trampa porque
trajo la religión a este asunto. Eso es legítimo. Es válido. Pero
¿que tal si hablo de los Evangelios, de la Biblia, de Jesús, hacia
el final de este retiro? Por ahora diré esto para complicarlo aún
más. "Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis
de beber", y ¿ellos que responden? ¿ cuando? ¿cuando lo
hicimos? ¡No lo sabíamos!. ¡No tenían consciencia de ello! A
veces tengo una horrible fantasía en la que el Rey dice:
- Tuve
hambre y me disteis de comer.
Y la
gente que está a la derecha dice:
- Así
es señor, nosotros lo sabemos.
- No les
estaba hablando a ustedes - les dice el Rey- No es así; ustedes no
debían saberlo.
¿No les
parece interesante? Pero ustedes saben. Ustedes conocen el placer
interior cuando hacen obras de caridad. ¡Ajá! ¡Así es! Es lo
opuesto de alguien que dice: "¿Qué tenía de extraordinario lo
que hice? Hice algo, obtuve algo. No tenía ni idea de que estaba
haciendo algo bueno. Mi mano izquierda no sabía lo que estaba
haciendo mi mano derecha". Miren: Un bien nunca es tan bueno
como cuando usted no sabe que
es bueno. O como diría el gran Sufí: "Un santo es santo hasta
que lo sabe".
Algunos
de ustedes objetan esto, Ustedes dicen: " ¿No es el placer que
recibo cuando doy, no es eso la vida eterna aquí y ahora?" No
sabría decir. Yo llamo al placer, placer, y nada más. Al menos por
el momento, hasta que hablemos de la religión, posteriormente. Pero
quiero que comprendan algo desde el principio: que la religión no
está - repito: no está- necesariamente conectada con la
espiritualidad. Por favor, mantengan la religión fuera de esto por
ahora.
Muy
bien, ustedes preguntan: ¿Qué decir del soldado que cae sobre una
granada para evitar que ésta hiera a otros? ¿y qué decir del
hombre que se subió a un camión lleno de dinamita y lo llevó hasta
el campo norteamericano en Beirut? ¿Qué decir de él? "No hay
amor más grande que éste
pensaba
lo mismo. Él creía que se iría al cielo. Así es. Lo mismo que el
soldado que cayó sobre la granada.
Estoy
tratando de llegar a visualizar una acción en la que no esté el
ego, en la que usted esté despierto y lo que hace, lo haga a través
de usted. En ese caso, su acción se convierte en una celebración.
"Hágase en mí". No estoy excluyendo eso. Pero cuando
usted lo hace, estoy buscando el egoísmo. Aunque sea solamente: "Me recordarán como un gran héroe", o " Yo no podría
vivir si no lo hiciera. No podría vivir con el pensamiento de que
huí". Pero recuerden, no estoy excluyendo el otro tipo de
acción. Nunca dije que no hubiera ninguna acción en la que no esté
el ego. Tal vez la haya. Tendremos que explorar eso. Una madre que
salva a un niño - que salva a su hijo, dicen ustedes. Pero ¿a qué
se debe que no salve al hijo de su vecina? Es el suyo. Es el soldado
que muere por su país. Muchas de estas muertes me inquietan. Me
pregunto: ¿Son ellas el resultado de un lavado de cerebro? Los
mártires me inquietan. Creo que con frecuencia les lavaron el
cerebro. A los mártires musulmanes, a los mártires hindúes, a los
mártires budistas, a los mártires cristianos ¡Les lavaron el
cerebro!.
Ellos
tienen la idea de que deben morir, de que la muerte es una gran cosa.
No sienten nada, van derecho. Pero no todos ellos, de modo que
escúchenme bien. No dije que todos ellos, pero tampoco excluiría la
posibilidad. A muchos comunistas les lavan el cerebro (ustedes están
dispuestos a creerlo). Tanto les lavan el cerebro que están
dispuestos a morir. A veces pienso que el proceso que usamos para
producir, por ejemplo, a un San Francisco Javier, podría ser
exactamente el mismo proceso utilizado para producir terroristas. Un
hombre podría hacer un retiro espiritual de treinta días, y salir
de él inflamado de amor a Cristo, y sin embargo, sin la menor
consciencia de sí mismo. Ni la más mínima. Podría hacer sufrir,
se cree santo. No pretendo hablar mal de Francisco Javier, quien
posiblemente era un gran santo, pero era difícil vivir con él.
Ustedes saben que era un superior terrible, ¡realmente lo era! hagan
una investigación histórica. Ignacio siempre tenía que intervenir
para deshacer el daño que este buen hombre hacía por su
intolerancia. Hay que ser bastante intolerante para lograr lo que él
logró. Adelante, adelante, adelante, adelante, sin importar cuántos
cadáveres quedaban a la vera del camino. Algunos críticos de
Francisco Javier defienden exactamente eso. Acostumbraba expulsar a
los hombres de nuestra Compañía, y ellos apelaban a Ignacio, quien
les decía: "Venga a Roma y conversaremos". Y, a
hurtadillas, Ignacio volvía a recibirlos. ¿Qué tanta consciencia
había en esta situación? Quienes somos para juzgar, no lo sabemos.
No estoy
diciendo que no haya motivaciones puras. Estoy diciendo que
ordinariamente todo lo que hacemos es en nuestro propio interés.
Todo. Cuando usted hace algo por amor a Cristo, ¿es eso egoísmo?
Si. Cuando hace algo por amor a alguien, lo hace por su propio
interés. Tendré que explicarlo: Imagínese que usted vive en Fénix
y que alimenta a más de quinientos niños todos los días. ¿Lo hace
sentirse bien? ¿Acaso esperaría que lo hiciese sentirse mal? Pero a
veces ocurre. Y ello se debe a que algunas personas hacen cosas para
no sentirse mal. Y llaman a esto caridad. Actúan por sentimiento de
culpa. eso no es amor. Pero a Dios gracias, usted hace las cosas por
la gente, y eso le parece agradable. ¡Maravilloso! Usted es un
individuo sano porque actúa en su propio interés. eso es sano.
Resumiré
lo que estaba diciendo sobre la caridad sin egoísmo: Dije que había
dos tipos de egoísmo; tal vez debiera haber dicho tres. El primero
es cuando me doy el gusto de darme gusto; el segundo es cuando me doy
el gusto de agradar a los demás. Uno no debe enorgullecerse de eso;
no debe creerse una gran persona; es una persona muy ordinaria, pero
tiene gustos refinados, sus gustos son buenos, no la calidad de su
espiritualidad. Cuando era niño, le gustaba la Coca- Cola, ahora es
mayor y le gusta la cerveza fría en un día caluroso. Ahora tiene
mejor gusto. Cuando era niño le encantaban los chocolates; ahora que
es mayor le gusta una sinfonía, le gusta un poema. Tiene mejor
gusto. Pero de todas maneras, está obteniendo su propio placer, con
la diferencia de que ahora se trata del placer de agradar a los
demás. Luego está un tercer tipo, que es el peor, cuando uno hace
algo bueno para no sentirse mal. Lo detesta, está haciendo
sacrificios por amor, pero se queja. ¡Ah! Que poco se conoce a sí
mismo si cree que no hace las cosas de esta manera.
Si me
dieran un dólar cada vez que hago cosas que me hacen sentirme mal ,
sería millonario. Ustedes saben cómo es:
-¿Podría
conversar con usted esta noche, padre?
- Sí,
¡por supuesto!
No
quiero conversar con él y odio hacerlo. Quiero ver ese programa de
televisión esta noche, pero ¿cómo le digo que no? No tengo el
valor para decirle que no. "Por supuesto", y estoy
pensando: "¡Dios mío y ahora tengo que aguantármelo!".
Conversar
con él no me hace sentirme bien, y no me hace sentir bien decirle
que no, de modo que escojo el menor de los males, y le digo: "Muy
bien, por supuesto". Me voy a sentir feliz cuando esto se acabe
y pueda dejar de sonreírle, pero inicio la sesión con él.
-¿Cómo
está usted?
-
Maravillosamente - dice, y habla y habla sobre cómo le ha gustado
este seminario.
Y yo
pienso: "Oh, Dios, ¿cuándo irá al grano?" por fin se
concreta el asunto, y yo, metafóricamente, lo estrello contra la
pared; le digo:
- Bueno,
cualquier idiota podría solucionar ese problema
- Y lo
despido.
"¡Al
fin me libré de él", digo. Y a la mañana siguiente, durante
el desayuno (porque lamento haber sido tan descortés) me le acerco y
le digo:
-¿Cómo
van las cosas?
-
Bastante bien, contesta, y luego agrega: Mire, lo que me dijo anoche,
realmente me ayudó. ¿Podemos volver a conversar después del
almuerzo?
¡Dios
Mío!
Ése es
el peor tipo de caridad, cuando uno hace algo para no sentirse mal.
No tiene el valor de decir que no quiere que lo molesten. ¡Quiere
que la gente piense que es un buen sacerdote! Cuando alguien
manifiesta: " A mí no me gusta lastimar a la gente", yo le
digo: " ¡No me diga! No se lo creo". No le creo a nadie
que diga que no le gusta lastimar a la gente. Nos encanta lastimar a
la gente, especialmente a algunas personas. Nos
encanta. Y cuando es otra persona la que lastima a alguien, nos
regocijamos. Pero no
queremos nosotros mismos lastimar a otros ¡porque eso nos lastima a
nosotros! Ahí lo tienen. Si somos nosotros los que lastimamos, los
demás pensarán mal de nosotros. No nos apreciarán. Hablarán
contra nosotros y eso ¡no nos gusta!

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