LAS ENSEÑANZAS DE OSHO

Oí
sobre un sacerdote que murió. Desde luego esperaba ir al cielo, al
paraíso. Llegó allí y todo era hermoso. La casa en la que entró
era la más maravillosa que podía haber soñado, palaciega. Y al
momento en que tuvo un deseo, inmediatamente un criado apareció. Si
estaba hambriento, el criado estaba allí con comida, la
más deliciosa que jamás hubiera probado.
Si
sentía sed, incluso antes de que el deseo se formara como
pensamiento, mientras era tan sólo un sentimiento, un hombre
aparecía con bebidas. Así siguieron las cosas y él fue feliz
durante dos o tres días, y entonces comenzó a sentirse
intranquilo porque un hombre debe de hacer algo, no puedes estar
tan sólo sentado en una silla. Únicamente un hombre del Tao
puede estar sentado en un silla y permanecer sentado y sentado y
sentado. Tú no puedes.
El
cura se puso nervioso. Durante dos o tres días está bien como
vacaciones, como un descanso. El había sido tan activo, tanto
servicio a los demás, evangelización, iglesia, sermones; había
estado tan envuelto con la sociedad y la comunidad, de forma que
descansó. Pero, ¿durante cuánto tiempo puedes estar descansando?
A menos que todo tu ser esté descansando, antes o después las
vacaciones se acaban y tienes que regresar al mundo. Surgió el
desasosiego; empezó a sentirse incómodo.
De
repente el criado apareció y le preguntó, ¿qué es lo que deseas?
Este sentimiento tuyo no es un deseo, no estás ni hambriento ni
sediento, sólo intranquilo.-¿Qué puedo hacer?
El
cura le dijo, "No puedo estar aquí sentado para siempre;
durante toda una eternidad. Quiero algo de actividad".
El
criado le dijo "Esto es imposible. Todos tus deseos serán
satisfechos aquí por nosotros, de modo que ¿qué necesidad tienes
de actividad? No hay necesidad ninguna, es por esto que no la
proporcionamos aquí".
El
cura se puso muy
nervioso
y le
dijo,
"¿Qué
clase de cielo
es éste?".
El
criado le replicó, "¿Quién te dijo que esto era el cielo?
Esto es
el infierno. ¿Quién te dijo
que fuese el cielo?".
Y
realmente era el infierno. Ahora comprendió: sin actividad, esto era
el
infierno. Debió volverse loco antes o después. Sin comunicación
ni charla, ningún servicio social para hacer, ningún pagano para
ser convertido al cristianismo, ningún tonto al que volver sabio
¿qué podía
hacer?
Sólo
un hombre
del Tao podía haber cambiado ese infierno en un cielo. Un hombre del
Tao, está dónde está, está en paz, cómodo.
Sólo hace lo
que es esencial, y si tú puedes hacer lo
esencial
por él, él es feliz. Lo no
esencial
es abandonado.
Tú
no puedes dejar lo no esencial. Realmente el noventa y nueve por
ciento de tu energía se desperdicia en lo no esencial. Lo esencial
no es suficiente y la mente siempre suspira por lo no
esencial,
porque lo esencial es tan poco, tan ínfimo, que puede ser satisfecho
fácilmente. ¿Y entonces qué harás?
La
gente no
está
muy
interesada
en tener una buena comida, está más interesada en tener un gran
coche, porque la buena comida
puede ser
obtenida fácilmente. ¿Y entonces qué hacer?
La gente no
está interesada en tener cuerpos sanos. Eso
puede obtenerse
muy fácilmente. Están interesados
en algo que no pueda ser obtenido de forma tan fácil, algo
imposible, y lo no esencial es siempre lo imposible. Siempre hay
casas más grandes, coches mayores, van acumulando cosas
más y más grandes
y no se te permite nunca descansar.
Todo
el mundo
está
intentando
satisfacer lo
no esencial. El noventa
por ciento de la industria está
implicada en lo no esencial.
El
cincuenta por ciento del trabajo del hombre se desperdicia en
cosas que
no son útiles en modo alguno. El cincuenta por ciento de
la industria se dedica a
la mente femenina, en vez de al cuerpo
femenino:
diseñando nuevos vestidos cada tres meses, diseñando nuevas casas,
ropas, polvos, cremas, jabones; el cincuenta por ciento
de la
industria se dedica a este sinsentido. Y la humanidad se muere de
hambre,
la gente se muere por no tener comida, y media humanidad está
interesada en lo absolutamente no esencial.
Alcanzar
la luna
es absolutamente no
esencial. Si fuéramos un poco
más
sabios ni
incluso pensaríamos
en ello.
Es absolutamente tonto desperdiciar tanto dinero como el que
podría emplearse en alimentar toda la tierra. Las guerras no son
esenciales, pero la humanidad está loca, y necesita de las guerras
más que de la comida. Necesita alcanzar la Luna antes que tener
comida, antes que tener ropas, antes que tener lo esencial, porque lo
esencial no es suficiente.
Y
ahora la ciencia ha creado el mayor horror, y ese horror es que ahora
lo esencial puede ser satisfecho muy fácilmente. En diez años,
todas las necesidades de la humanidad podrán ser satisfechas, toda
la tierra podrá ser satisfecha en lo concerniente a sus necesidades.
¿Y entonces qué? ¿Qué harás? Te hallarás en la misma tesitura
que el párroco. Creyó que estaba en el cielo, y descubrió que se
encontraba en el infierno. Dentro de diez años toda la Tierra se
convertirá en un infierno.
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