SOBRE EL ABORTO
Recientemente vi un vídeo de “El grito silencioso” que es un documental
que tiene como objetivo mostrar que el aborto consiste en matar a un
ser humano vivo. Estaba viéndolo y estos sentimientos e ideas empezaron
a correr a través de mí, como queriendo recoger dinero para que la
gente no sienta que está tan privada de esperanza, queriendo que los
demás vean esto para que al menos podamos mirar el aborto cara a cara.
También empecé a considerar qué haríamos si un feto empezara a pelear
para defenderse. Luego otra parte de mí dijo ¿Qué más da si todos vamos
a morir de todas formas? ¿Es asesinato el aborto? ¿Está bien, y de
acuerdo con el mensaje de Un Curso de Milagros, que yo quiera que los
abortos sean los mínimos?
Respuesta: El Curso simplifica los
muchos dilemas morales que nos encontramos aquí en el sueño de la
separación, reinterpretando todo lo que creemos acerca de todo,
incluyendo, y de manera especial, “la vida” y “la muerte”. Se nos dice:
“Fuera del Cielo no hay vida. La vida se encuentra allí donde Dios la
creó. En cualquier otro estado que no sea el Cielo la vida no es más
que una ilusión” (T. 23.II.19: 1,2,3). El cuerpo (muerto o vivo), igual
que el mundo, es una ilusión. La mente que comparte la vida con Dios no
reside en el cuerpo y está fuera del tiempo y del espacio. Lo que le
ocurre al cuerpo, entonces, no tiene ningún efecto sobre la mente, lo
cual significa que no tiene ningún efecto. La ilusión no puede tener
efectos sobre la realidad. Estas importantes enseñanzas del Curso dejan
claro que ni el aborto ni ninguna otra cosa del sueño es moralmente
buena ni mala. No es nada, porque el cuerpo no es nada: “El cuerpo es
tan incapaz de morir como de sentir. No hace nada. De por sí, no es ni
corruptible ni incorruptible. No es nada” (T.19.IV.C.5: 2,3,4,5). No es
consistente con las enseñanzas del Curso utilizar sus principios para
apoyar o rechazar cualquier conducta específica en el mundo (forma). El
Curso se dirige a la mente, y sus enseñanzas se aplican a los
pensamientos de la mente (contenido), no al cuerpo. El único verdadero
acto asesino que comete el Hijo de Dios es elegir creer que la
separación de Dios es posible. Una vez que se toma esa opción, lo que
sigue es la identificación con el sistema de pensamiento del ego de
pecado, culpa y miedo. Desde ahí todo va cuesta abajo, con aborto y sin
aborto.
Si la idea de los fetos muriendo
resulta temible y uno se siente movido a protegerlos, no está mal
hacerlo. No hay ninguna diferencia entre ello y tomar precauciones
contra la enfermedad, o proteger el entorno. Como creemos que somos
cuerpos que viven en el mundo, y nos tomamos muy en serio a nosotros
mismos, es importante mirar a todos los juicios sobre ciertas conductas
como el aborto, la guerra, y otros actos de violencia y agresión. Nos
muestran las creencias que abrigamos en nuestras mentes sobre nosotros
mismos y sobre los demás, y son las formas específicas que hemos
elegido para reflejar la elección por la mente de la separación. La
forma por tanto se convierte en el aula para las lecciones de perdón
por medio de las cuales la idea de la separación se deshace. Una
situación como el aborto ofrece una multitud de oportunidades para
reforzar la culpabilidad del ego o para fortalecer la identificación de
la mente con el Espíritu Santo. Lo que importa es la elección que se
hace en la mente de identificarse con el ego o con el Espíritu Santo, no
la conducta específica. Se puede tomar amorosa y pacíficamente con el
Espíritu Santo la opción de abortar, igual que es posible elegir al ego
y organizarse contra el aborto lleno de juicios, condenas, e ideas
“asesinas” contra las que abortan y quienes practican los abortos. La
conducta específica puede variar; no importa. Lo que importa es tomar
una opción que disminuya la culpabilidad y fortalezca la identificación
con el Espíritu Santo. Una decisión sólo se puede tomar en paz cuando
el miedo, la culpa y el juicio han sido reconocidos y liberados, en la
medida en que sea posible. Es de ayuda recordar un mensaje importante
que Jesús nos da en el texto: “no sabes cuál es el significado de nada
de lo que percibes. Ni uno solo de los pensamientos que albergas es
completamente verdadero. Reconocer esto sienta las bases para un buen
comienzo” (T.11.VIII.3: 1,2,3). Pedir de verdad la ayuda del Espíritu
Santo significa no haber decido de antemano cuál debería ser la
respuesta, lo que significa dejar a un lado todos los juicios y valores
que sostenemos. Si no somos capaces de dejarlos a un lado, al menos
podemos cuestionarlos, y admitir ante nosotros mismos y ante el
Espíritu Santo que creemos saber lo que es mejor, no sólo para nosotros
sino también para todos los demás. Jesús repite en muchos pasajes del
Curso que nosotros no sabemos. Uno de nuestros mayores errores es creer
que la vida de un cuerpo es un valor supremo, y uno de nuestros miedos
mayores es que estemos equivocados en esto. Puesto que nos agarramos
con fuerza a esta creencia y a nuestro miedo, hacemos bien en proceder
con suavidad en el proceso de aprender a tomar decisiones con el
Espíritu Santo mejor que con el ego. El negar cuánto valoramos nuestra
identidad como cuerpos no ayuda. Mientras hacemos lo que sintamos que
tenemos que hacer, podemos acordarnos de las lecciones del principio
del Libro de Ejercicios: “No percibo lo que más me conviene” (Lección
24), porque “No sé cuál es el propósito de nada” (Lección 25). La
disposición a mantener estas ideas en la mente es una invitación al
Espíritu Santo a estar contigo en lo que sea que hagas respecto del
aborto o de cualquier otra cosa. También abre el camino hacia la parte
de la mente donde reside el recuerdo de la vida verdadera, la nuestra y
la de todos.
Kenneth Wapnick
Kenneth Wapnick

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