CONVERSANDO CON ANTHONY DE MELLO II.
La reducción al yo.
Escriban
en una hoja de papel cualquier forma breve en que ustedes se
describirían; por ejemplo, hombre de negocios, sacerdote, ser
humano, católico, judío, cualquier cosa.
Me
doy cuenta que algunos escriben cosas como fructífero, peregrino en
búsqueda, competente, vivo, impaciente, centrado, flexible,
reconciliador, amante, miembro de la especie humana, demasiado
estructurado. Confío en que esto sea el resultado de observarse uno
a sí mismo. Como si estuviera observando a otra persona.
Pero
dénse cuenta, el "yo" está observándome a "mí".
Éste es un fenómeno interesante que nunca ha dejado de asombrar a
los filósofos, místicos, científicos, psicólogos, que el "yo"
pueda observarme a "mí". Parece que los animales no son
capaces de hacer esto. Parece que se necesita cierta cantidad de
inteligencia para poder hacerlo. Lo que voy a decirles ahora no es
metafísica; no es filosofía. Es sencilla observación y sentido
común: Los grandes místicos del Oriente se refieren realmente al
"yo", no al "mí". De hecho, algunos de
estos místicos nos dicen que empezamos primero con las cosas;
después pasamos a una consciencia de los pensamientos (es decir, del
"mí"); y finalmente obtenemos una consciencia del
pensador. Las cosas, los pensamientos, el pensador. Al que realmente
estamos buscando es al pensador. ¿Puede el pensador conocerse a sí
mismo? ¿Puedo saber que es el "yo"? Algunos de estos
místicos responden: ¿Puede el cuchillo cortarse a sí mismo? ¿Puede
el diente morderse a sí mismo? ¿Puede el ojo verse así mismo?
¿Puede el "yo" conocerse a sí mismo? Pero ahora estoy
pensando en algo mucho más práctico, que es decir qué no es el
"yo". Iré tan lentamente como sea posible porque las
consecuencias son devastadoras. Maravillosas o aterradoras, según el
punto de vista de cada cual.
Escuchen
esto: ¿Yo soy mis pensamientos, los pensamientos que estoy pensando?
No.
Los
pensamientos van y vienen; yo no soy mis pensamientos. ¿Soy mi
cuerpo? Nos dicen que millones de células de nuestro cuerpo cambian
o se renuevan cada minuto, de manera que después de siete años no
tenemos en nuestro cuerpo una célula viva de las que había en él
hace siete años. Las células van y vienen. Las células se forman
y mueren. Pero el "yo" parece que permanece. de manera que
¿yo soy mi cuerpo? ¡Es evidente que no!
El
"yo" es algo diferente del cuerpo; es algo más. Podría
decirse que el cuerpo es parte del "yo", pero es una parte
que cambia. Se mueve continuamente, cambia continuamente. Le seguimos
dando el mismo nombre, pero él cambia constantemente. Así como les
damos el mismo nombre a las Cataratas del Niágara aunque las
Cataratas del Niágara estén constituidas por agua que cambia
continuamente. Usamos el mismo nombre para una realidad que siempre
está cambiando.
¿Y,
en cuanto a mi nombre? ¿"Yo" es mi nombre? Evidentemente,
no. No porque puedo cambiarme de nombre sin que cambie mi "yo".
¿Mi carrera? ¿Mis creencias? Digo que soy católico, judío. ¿Es
eso una parte esencial del "yo"? Cuando paso de una
religión a otra, ¿Ha cambiado el "yo"? ¿Tengo un nuevo
"yo" o es el mismo "yo" que ha cambiado? En otras
palabras, ¿es mi nombre una parte esencial de mí, del "yo"?
Ya mencioné a la niña que le dijo al niño: "¿Eres
presbiteriano?" Bien, alguien me contó otra historia acerca de
Patricio. Patricio va por una calle en Belfast y siente un revólver
en la nuca; una voz le dice: "¿Es usted católico o
protestante?" Bien, Patricio tenía que pensar de prisa. Dice:
"Yo soy judío", y la voz le dice: "Yo soy el árabe
más afortunado de todo Belfast". Los rótulos nos importan
mucho. "Yo soy republicano", dice usted. Pero ¿si es
realmente? Es imposible que usted quiera decir que cuando cambia de
partido cambia de "yo". ¿No se trata del mismo viejo "yo"
con nuevas convicciones política? Recuerdo haber oído acerca de un
hombre que le pregunta a un amigo:
-¿Piensas
votar por los republicanos?
-
No, voy a votar por los demócratas - Le contesta el amigo - Mi padre
era demócrata, mi abuelo era demócrata y mi bisabuelo era
demócrata.
-
Esa lógica es loca - dice el otro -. Es decir, si tu padre hubiera
sido ladrón de caballos, y tu abuelo hubiera sido ladrón de
caballos, y tu bisabuelo hubiera sido ladrón de caballos ¿qué
hubieras sido tu?
-
Ah - respondió el amigo -, entonces sería republicano.
Dedicamos
mucho tiempo en la vida a reaccionar a los rótulos, los nuestros y
los de los demás. Identificamos los rótulos con el "yo".
Católico y protestante son rótulos frecuentes. Cierta vez un hombre
fue a ver a un sacerdote y le dijo:
-
Padre, quiero que diga una misa por mi perro.
El
sacerdote se indignó:
-¿Cómo
así? ¿Decir una misa por su perro?
-
Era mi perro consentido - le contestó el hombre - Yo amaba ese
perro, y me gustaría que usted dijera una misa por él.
-
Aquí no decimos misas por perros - replicó el sacerdote -. Pruebe
en la iglesia vecina. Pregunte si pueden celebrarle un servicio.
Cuando
el hombre estaba por irse, le dijo al sacerdote:
-
Es una lástima. Realmente yo amaba a ese perro, iba a pagarle un
millón de dólares por la misa.
Y
el sacerdote dijo:
Espere
un momento, usted no me había dicho que su perro fuera católico.
Cuando
usted está atrapado por los rótulos, ¿qué valor tienen esos
rótulos, en cuanto al "yo"? ¿Podríamos decir que el "yo"
no es ninguno de los rótulos que le adjudicamos? Los rótulos
pertenecen al "mi". Lo que cambia constantemente es el
"mi". ¿El "yo" cambia alguna vez? ¿Cambia
alguna vez el observador? El hecho es que cualquier rótulo en que
usted piense (excepto quizá ser humano) debe aplicarlo al "mi".
"Yo" no es ninguna de esas cosas, De manera que cuando
usted sale de usted mismo y observa el "mi", ya no se
identifica con el "mi" El sufrimiento existe en el "mi",
de manera que cuando usted identifica el "yo" con el "mí"
empieza el sufrimiento.
Diga
que tiene miedo, o deseo o ansiedad. Cuando el "yo" no se
identifica con el dinero, o el nombre o la nacionalidad, o las
personas o los amigos, o con cualquier cualidad, el "yo"
nunca está amenazado. Puede ser muy activo, pero nunca está
amenazado. Piense en cualquier cosa que le ha causado o causa dolor o
preocupación o ansiedad. En primer lugar, puede identificar el deseo
bajo el sufrimiento; hay algo que usted desea ardientemente, o no
habría sufrimiento. ¿Qué es ese deseo? En segundo lugar, no es
sencillamente un deseo; hay identificación. De alguna manera, usted
se dijo a usted mismo:
"El
bienestar del "yo", casi la existencia del "yo",
está ligada con este deseo". Todo sufrimiento es causado por
identificarme con algo, sea que ese algo esté dentro de mí o fuera
de mí.
Anthony De Mello.

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