UNIDAD
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| Alegoría de "La Caverna" de Platón. |
Usted
es al mismo tiempo un corazón que late y un latido de corazón
perteneciente a un cuerpo llamado humanidad. Dedique unos
momentos a estudiar la palabra «universo», el término que
empleamos para describir este inmenso mundo de forma en el que nos
encontramos pensando y respirando, día tras día. Si desglosamos
esta palabra obtenemos «uni», que significa «uno», y «verso»,
que puede aludir entre otras cosas a una «canción». Sí, sí, a
una canción. De eso se trata. Ése es nuestro universo, amigos. Ni
más ni menos que una canción. Y por mucho que nos empeñemos en
separar las diferentes notas que la componen siempre seguiremos
formando parte de dicha canción.
Éste
es uno de los conceptos que resulta más difícil de comprender y
aplicar a nuestra vida diaria, porque todavía creemos firmemente en
nuestra capacidad de separación.
Llegamos
a reconocernos como una unidad independiente de las miles de millones
que existen. Nos identificamos exclusivamente con nuestra mente, como
seres únicos y aislados del resto. Nos asomamos al exterior desde
nuestro confinamiento y creemos que el único modo de influir sobre
el mundo y nuestra realidad es desde ese mismo aislamiento. Debe
producirse un gran cambio en nuestra conciencia para que podamos
aceptar el principio universal de la unidad. Si lo logramos y
comenzamos a reconocer que la humanidad es como una hermosa y
armónica canción,nuestra vida experimentará una serie de grandes
cambios. Pero para llegar a ello, usted necesitará dejar de creer en
las ideas derivadas de la escasa perspectiva que le ofrece su propia
trayectoria personal en la vida, y en su lugar empezar a pensaren
usted como alguien relacionado con todas las personas que han
habitado, habitan y habitarán el planeta.
Albert
Einstein, en mi opinión el genio más grande de nuestro siglo,
escribió estas palabras con respecto al enfoque que ahora les
solicito que examinen:
Un
ser humano es una parte del todo llamado por nosotros «Universo»,
una parte limitada por el tiempo y el espacio. Él experimenta su
propio ser, sus pensamientos y sentimientos, como si estuvieran
separados del resto, lo cual es una ilusión óptica de su
conciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros,
que nos obliga a ser fieles a nuestros deseos personales y a sentir
afecto sólo por aquellos que nos rodean. Nuestra tarea debe
consistir en escapar de esa cárcel, ampliando nuestro círculo de
simpatía hacia los demás
para acoger con los brazos abiertos la belleza que encierran todas
las criaturas vivientes y la naturaleza.
Einstein
fue mucho más que un científico, fue un profundo metafísico, al
que poco o nada le importaron los patrones establecidos de los
pensamientos o los actos. En las palabras de Einstein que he citado,
se advierte que nos ofrece la posibilidad, el reto, de que escapemos
de nuestra jaula y comprendamos que todos permanecemos unidos, no
sólo en un sentido espiritual o astral, sino también en el mundo
físico y real.
Yo
tengo mis propios métodos para que este concepto adquiera forma en
mi caso. Primero, para conseguir una perspectiva sobre cuestiones
metafísicas, suelo hacerme esta pregunta: «¿Puedo distanciarme lo
suficiente para contemplar todo el conjunto?». Me imagino de pie en
un sitio, observando todo lo que incluye la creación. Puesto que
esto es imposible dellevar a cabo en la forma, intento mirar en la
otra dirección, es
decir,
hacia la partícula más diminuta, y me concentro en ella, ampliando
su contenido y alcanzando a su través el infinito.
Víctor
Hugo lo explicó en los siguientes términos: «El microscopio
empieza allí donde el telescopio acaba. ¿Cuál de los dos nos
ofrece una mayor visión?». Por tanto, sugiero que por un tiempo
deje de mirar a esa única canción con el telescopio, y que se fije
en su interior, el espacio que usted mejor conoce, su propio cuerpo.
Y comprenderá que todos somos un «yo que es nosotros», citando un
pequeño fragmento del maravilloso libro de Richard Moss del mismo
título. Así pues, echemos una ojeada a través del microscopio
metafísico.
Solemos
asociarnos con formas de vida que nos son necesarias para mantenernos
en este estado que corresponde a la vida. Nuestros párpados cuentan
con microorganismos que funcionan acordes con el todo. El tejido que
cubre nuestros intestinos contiene miles de bacterias diferentes,
todas vivas y con características propias y únicas, y que sin
embargo forman parte del todo. Nuestro cuero cabelludo existe gracias
a una serie de microorganismos, cada uno de los cuales posee una
identidad propia examinable con la ayuda de un potente microscopio.
Lo mismo sucede a nuestro hígado, páncreas, piel, corazón, uñas,
etc., que viven y funcionan en armonía con el todo que denominamos
«yo». Sí, sin lugar a dudas, usted y yo formamos
un «yo que es nosotros», y aunque esas microscópicas formas de
vida que residen en nuestras uñas probablemente nunca entrarán en
contacto con las formas de vida que existen en nuestros ojos, unas y
otras son independientes, únicas y fundamentales para la
supervivencia de la totalidad que llamamos nosotros mismos.
Fragmento del libro " La Fuerza de Creer"
de Dyer Wayne

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