LA ATADURA AL PASADO
Para
eliminar algunos de los sufrimientos que existen en el mundo debe
aprender a distanciarse del pasado y las tradiciones, tan
determinantes en la vida de muchas personas. Eche una ojeada a todos
los seres que se encuentran en guerra en alguna parte del planeta, y
que sufren y mueren en nombre de alguna tradición. Se les ha enseñado
que lo que sus antepasados creyeron es lo que ellos deben creer y
defender a ultranza. Al seguir esta lógica absurda sólo logran
perpetuar el sufrimiento en sus vidas y también en las de sus
enemigos. Gran número de las guerras entre grupos étnicos se han
librado durante miles de años. Si no se abandona la dependencia que
manifiestan con respecto a su pasado y tradiciones, esas guerras
nunca finalizarán. Las mentes determinantes de esas culturas ya no
están entre los que ahora se enfrentan, que sólo viven en la forma
y no dudan en morir por una tradición que únicamente garantiza la
enemistad y el odio a las generaciones venideras.
Participamos
en una atadura al pasado cuando intentamos trazar el camino que
nuestros semejantes deben seguir, siempre basándonos en lo que nos
fue inculcado en nuestro momento.
La
educación que pretendemos, la vocación que tenemos, los amigos que
elegimos, el voto que depositamos, nuestro modo de vestir, nuestra
forma de hablar e incluso nuestro pensamiento
vienen
determinados por nuestras ataduras a las tradiciones, tan fuertes y
poderosas que no podemos ignorarlas, porque ello significaría un
completo ostracismo con respecto a nuestra familia o nuestros
vecinos. Por lo menos así nos lo han enseñado. A veces nuestros
padres nos dicen: «Recuerda, tú eres un...», o bien: «Has nacido
en el seno de esta familia y no tienes otra alternativa». Ante
semejante actitud la iluminación del alma no tiene cabida. ¿Cómo
puede alguien madurar y crecer si persiste en hacer las cosas tal y
como siempre fueron hechas? Al aprender los principios universales,
comprendemos que no somos más que mera forma. Nuestro envoltorio
puede presentar un determinado aspecto y contar con un particular
origen pero lo cierto es que no representa ni lo más mínimo de lo
que somos.
Únicamente
es una capa que recubre el verdadero ser que somos, el cual carece de
forma y no necesita de ninguna etiqueta del pasado.
Las
ataduras a la historia de su forma como representativa de lo que sus
antepasados y parientes fueron no le reportarán más que un sinfín
de preocupaciones y sufrimientos. Se requiere mucho valor para
independizarse de las tradiciones, y el precio que pagan quienes
deciden hacerlo puede ser muy elevado. Sin embargo, el precio por
continuar dependiendo de las ataduras aún puede ser mayor, e incluso
llegar a causar verdaderos estragos en su vida. La desaprobación de
quienes son adictos a la historia de su forma resulta a la larga
mucho menos costosa.
Todo
aquello a lo que usted se sienta atado, de algún modo lo posee.
Equivale a encadenarse y ponerse trabas con el fin de asegurarse que
no se posee una mente propia. Ralph Waldo Emerson nos lo recuerda al
decirnos: «No sea esclavo de su propio pasado, sumérjase en los
sublimes mares, bucee por las profundidades y nade hacia horizontes
lejanos. De ese modo regresará respetándose a sí mismo, con
una nueva fuerza, con una experiencia singular, que al ser relatada
hará olvidar el pasado».
Piense
en este aspecto y considere la posibilidad de eliminar todo
sufrimiento de su vida cuyo origen sea una atadura con el pasado.
Desde luego, podemos respetar e incluso apreciar el pasado y todo lo
que nuestros antepasados hicieron. Podemos amarlos porque siguieron
su propio camino. Pero sentirnos atados a ellos, a su manera de vivir
y pensar sólo porque nos asemejamos en la forma, es negar la
viabilidad de nuestra propia iluminación. Éste es el método que
históricamente han seguido numerosas instituciones y personas para
conseguir controlar a los demás. Instruir a los niños pidiéndoles
que vivan según las normas establecidas puede convertirlos en
siervos incapaces de pensar y en manos de quienes en ese momento
detenten el poder. Las ataduras al pasado son responsables de que hoy
en día un niño juegue con un arma, se imagine actuando de asesino,
busque enemigos que le sirvan de blanco, y se encuentre condicionado
y plenamente conforme con el estado de las cosas.
Eso
anula su razonamiento. Los niños crecen convencidos de que si
intentan desprenderse del pasado cometerán una deshonra ante los
ojos de Dios. Nos resulta muy fácil comprobar este ejemplo en
algunos países lejanos, y debería servirnos de lección para que en
adelante nos preocupemos un poco más de nuestra forma de demostrar
apego al pasado.
Del libro "La Fuerza de Creer" de Wayne W. Dyer

Comentarios
Publicar un comentario