LAS CHARLAS DE OSHO

El dinero es un tema
cargado por la simple razón de que no hemos sido capaces de inventar
un sistema sano en el que el dinero pueda ser un servidor de toda la
humanidad en lugar de ser el maestro de unos pocos
codiciosos.
El dinero es un tema cargado porque la psicología
humana
está llena de avaricia; por lo demás el dinero es un simple medio
para intercambiar cosas, un medio perfecto. No hay nada malo en el
dinero, pero nuestra forma de resolver esta cuestión hace que todo
lo relacionado con él parezca viciado.
Si no tienes dinero,
estás condenado; toda tu vida será una maldición
y tratarás de conseguirlo por cualquier medio.
Y si tienes dinero, el
punto básico no cambia: quieres más y no hay un momento en el
que dejes de querer más. Cuando por fin consigues tener demasiado
dinero -aunque no sea suficiente, nunca es suficiente, pero es más
de lo que tienen los otros-, entonces comienzas a sentirte culpable
porque los medios que has utilizado para acumularlo son repugnantes,
inhumanos, violentos. Has explotado, has chupado la sangre a la
gente, has sido un parásito. Por tanto, ahora tienes dinero pero él
te recuerda todos los crímenes que has cometido para ganarlo.
Esto hace que haya dos
tipos de gente: uno es el que empieza a dar dinero a las
instituciones de caridad para liberarse de la culpabilidad. Hacen un
«buen trabajo», hacen un «trabajo espiritual». Abren escuelas y
hospitales. Pero en realidad, lo único que están haciendo es tratar
de que la culpabilidad no les vuelva locos. Todos vuestros
hospitales, todas vuestras escuelas y universidades, y
todas
vuestras instituciones de caridad son producto de la gente
culpabilizada.
Por ejemplo, el premio
Nobel fue creado por un hombre que ganó mucho dinero en la primera
guerra mundial fabricando todo tipo de bombas y
maquinaria
destructiva. La primera guerra mundial se libró con el equipamiento
suministrado por el señor Nobel. Y ganó tanto dinero... Ambos
bandos se abastecían de material de guerra en el mismo proveedor; él
era el único que lo fabricaba a gran escala. Cualquiera que muriera
era asesinado por él. No importaba a qué bando perteneciera,
cualquiera que muriera, moría por sus bombas. Por eso cuando
ya era anciano y
tenía
todo el dinero del mundo, estableció los premios Nobel. Es el premio
a la paz de un hombre que ganó su dinero en la guerra! Quien quiera
que trabaje por la paz recibe un premio Nobel. Se concede a los
grandes inventos científicos, a los grandes artistas, a las grandes
creaciones. Y junto con el premio Nobel dan mucho dinero; ahora mismo
está dotado con una cantidad cercana al cuarto de millón de
dólares. Es el mejor premio y
además
está dotado con
doscientos cincuenta mil dólares; y la cantidad va aumentando cada
año porque el valor del dinero disminuye. La fortuna del señor
Nobel era tal, que los premios que se conceden cada año salen
exclusivamente de los
intereses.
El fondo
de dinero original permanece intacto, y seguirá intacto
para siempre. Cada año se acumulan tantos intereses que se pueden
conceder veinte premios Nobel.
Todo el trabajo
caritativo es en realidad un esfuerzo por librarse de la culpa,
literalmente. de la culpa. Cuando Poncio Pilatos
ordenó la crucifixión de Jesús, lo
primero que hizo fue lavarse las manos. ¡Qué extraño! Ordenar una
crucifixión no mancha las manos, ¿por qué debería uno lavárselas?
Esta acción tiene un significado: se está sintiendo culpable. El
hombre ha tardado dos mil años en comprender esto, porque durante
dos mil años nadie mencionó, ni se molestó en comentar, por qué
Poncio Pilatos se había lavado las manos. Fue Sigmund Freud el que
descubrió que la gente que se siente culpable comienza a lavarse las
manos. Es algo simbólico...;
es como si tuvieran las manos llenas de sangre.
Así, si tienes dinero
te sientes culpable. Una de las formas de quitarse la culpabilidad de
encima es lavarse las manos ayudando a instituciones
caritativas. Las religiones explotan esta culpabilidad, pero
fortalecen tu ego diciéndote que estás haciendo un trabajo
espiritual. Pero no tiene nada que ver con la espiritualidad;
solamente están intentando consolar a los criminales.
El primer camino es el
que han tomado las religiones. El segundo es que el hombre se sienta
tan culpable que, o se vuelve loco, o se suicida. Toda su
existencia se vuelve angustiosa. Cada respiración se va haciendo más
pesada. Y lo extraño es que ha estado trabajando toda su vida para
conseguir ese dinero porque la sociedad provoca el deseo y la
ambición de ser rico, de ser poderoso. El dinero da poder; puede
comprarlo todo, excepto esas pocas cosas que no pueden ser
compradas. Pero son cosas por las que nadie se molesta.
La meditación no puede
ser comprada, el amor no puede ser comprado, la amistad no puede ser
comprada, la gratitud no puede ser comprada; pero a nadie le importan
esas cosas. Todo lo demás, el mundo de las cosas, puede ser
comprado. Así, cada niño comienza a ascender por la escalera de la
ambición sabiendo que si tiene dinero, todo es posible. La sociedad
cultiva la idea de ser ambicioso, de ser poderoso, de ser rico.
Es una sociedad
completamente equivocada. Crea gente psicológicamente
enferma, insana. Y cuando alcanzan los objetivos señalados por la
sociedad y el sistema educacional, se encuentran en un callejón sin
salida. El camino se acaba, no hay nada más allá. Por eso se
convierten en personas falsamente religiosas o dan el salto a la
locura, al suicidio, y se destruyen a sí mismos.
El dinero puede ser una
cosa muy hermosa si no está en manos de los individuos, si es parte
de las comunas, parte de las sociedades, y
la sociedad
cuida de todo el mundo. Todo el mundo crea, todos contribuyen,
pero no todo el mundo recibe dinero como pago; se les paga con
respeto, se les paga con amor, con gratitud y se les da todo lo que
necesitan para vivir.
El dinero no debería
estar en mano de los individuos porque crea este problema de la
culpabilidad. Y el dinero puede enriquecer mucho la vida del
individuo. Si la comuna es dueña del dinero, puede darte todos los
bienes que necesitas para vivir, toda la educación, todo lo
relacionado con las dimensiones creativas de la vida. La sociedad se
verá enriquecida y nadie se sentirá culpable. Y como la sociedad ha
hecho tanto por ti, te gustará pagarle con tus servicios.
Si eres médico,
cuidarás de la gente lo mejor que puedas; si eres cirujano, lo harás
lo mejor que puedas porque es la sociedad la que te ha ayudado a
convertirte en el mejor cirujano dándote una educación, todo tipo
de facilidades y cuidando de ti desde que eras niño. A esto es a lo
que me refiero cuando digo que los niños deberían pertenecer a las
comunas, y que las comunas deberían hacerse cargo de todo.
Así las creaciones de
la gente no serían acaparadas por los individuos; serían recursos
comunales. Será tuyo, será para ti, pero no estará en tus manos.
No te hará ambicioso, sino que te hará más creativo, más
generoso, más agradecido, así la sociedad se irá haciendo mejor y
más hermosa. El dinero no un problema.
Las comunas pueden usar
dinero para intercambiar entre ellas, porque cada comuna no
puede fabricar todo lo que necesita. Puede comprar de otras
comunas utilizando el dinero como medio de intercambio, pero de
comuna a comuna, no de individuo a individuo; así cada comuna
puede adquirir las cosas de las que no dispone. La función básica
del dinero permanece, pero su propiedad pasa del individuo al
colectivo. Para mí esto es el comunismo básico: la función del
dinero pasa del individuo al colectivo.
Pero las religiones no
querrán este cambio. Los políticos tampoco lo querrán, porque todo
su juego sería destruido. Todo su juego depende de la ambición,
del poder, de la codicia, de la lujuria.
Fragmento de una charla dada por Osho en Punta del Este (Uruguay) ante un grupo reducido de amigos.
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