IV - CONVERSANDO CON ANTHONY DE MELLO
¿Qué
es el amor? Fíjate en la rosa: ¿puede acaso decir la rosa: "Voy
a ofrecer mi fragancia a las buenas personas y negársela a las
malas"? ¿O puedes tú imaginar una lámpara que niegue sus
rayos a un individuo perverso que trate de caminar a su luz? Sólo
podría hacerlo si dejara de ser una lámpara. Observa cuán
necesaria e indiscriminadamente ofrece el árbol su sombra a todos,
buenos y malos, jóvenes y viejos, altos y bajos, hombres y animales
y cualesquiera seres vivientes... incluso a quien pretende cortarlo y
echarlo abajo. Ésta es, pues, la primera cualidad del amor: su
carácter indiscriminado. Por eso se nos exhorta a que seamos como
Dios, "que hace brillar su sol sobre buenos y malos y llover
sobre justos e injustos; sed, pues, buenos como vuestro Padre
celestial es bueno". Contempla con asombro la bondad absoluta de
la rosa, de la lámpara, del árbol.... porque en ellos tienes una
imagen de lo que sucede con el amor.
¿Cómo
se obtiene esta cualidad del amor? Todo cuanto hagas únicamente
servirá para que tu amor sea forzado, artificial y,
consiguientemente, falso, porque el amor no puede ser violentado ni
impuesto. No hay nada que puedas hacer. Pero sí hay algo que puedes
dejar de hacer. Observa el maravilloso cambio que se produce en ti
cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y
pecadores y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes. Debes
renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar
conscientemente. Nadie puede pecar "a conciencia". En
contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la
malicia, sino de la ignorancia. "Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen..." Comprender esto significa adquirir esa
cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la
lámpara, en el árbol...
La
segunda cualidad del amor es su gratuidad. Al igual que el árbol, la
rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio. ¡Cómo
despreciamos al hombre que se casa con una mujer, no por las
cualidades que ésta pueda tener, sino por el dinero que aporta como
dote...! De semejante hombre decimos, con toda razón, que no ama a
la mujer, sino el beneficio económico que ésta le procura. Pero
¿acaso tu amor se diferencia algo del de ese hombre cuando buscas la
compañía de quienes te resultan emocionalmente gratificantes y
evitas la de quienes no lo son; o cuando te sientes positivamente
inclinado hacia quienes te dan lo que deseas y responden a tus
expectativas, mientras abrigas sentimientos negativos o mera
indiferencia hacia quienes no son así? De nuevo, sólo necesitas
hacer una cosa para adquirir esa cualidad de la gratuidad que
caracteriza al amor: abrir tus ojos y mirar. El mero hecho de mirar y
descubrir tu presunto amor tal como realmente es, como un camuflaje
de tu egoísmo y tu codicia, es esencial para llegar a adquirir esta
segunda cualidad del amor.
La
tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto-conciencia, su
espontaneidad. El amor disfruta de tal modo amando que no tiene la
menor conciencia de sí mismo. Es lo mismo que ocurre con la lámpara.
que brilla sin pensar si beneficia o no a alguien; o con la rosa, que
difunde su fragancia simplemente porque no puede hacer otra cosa,
independientemente de que haya o deje de haber alguien que disfrute
de ella; o con el árbol que ofrece su sombra... La luz, la fragancia
y la sombra no se producen porque haya alguien cerca, ni desaparecen
cuando no hay nadie, sino que, al igual que el amor, existen con
independencia de las personas. El amor, simplemente, es, sin
necesidad de un objeto. Y esas cosas (la luz, la sombra, la
fragancia) simplemente, son, independientemente de que alguien se
beneficie o no de ellas. Por tanto, no tienen conciencia de poseer
mérito alguno o de hacer bien. Su mano izquierda no tiene
conocimiento de lo que hace su mano derecha. "Señor, ¿cuándo
te vimos hambriento o sediento y te ayudarnos?".
Y
la cuarta y última cualidad del amor es su libertad. En el momento en
que entran en juego la coacción, el control o el conflicto, en ese
mismo momento muere el amor. Fíjate cómo la rosa, el árbol y la
lámpara te dejan completamente libre. El árbol no va a hacer el
menor esfuerzo por arrastrarte hacia su sombra cuando corras el
riesgo de sufrir una insolación; y la lámpara no va a ensanchar su
haz de luz para que no tropieces en la oscuridad. En cambio, piensa
por un momento en toda la coacción y el control por parte de los
demás a que tú mismo te sometes cuando, para comprar su amor y su
aprobación o, simplemente, por no perderlos, tratas tan
desesperadamente de responder a sus expectativas. Cada vez que te
sometes a dicho control y a dicha coacción, destruyes tu natural
capacidad de amar, porque no puedes dejar de hacer con otros lo que
permites que otros hagan contigo. Observa y comprende, pues, todo el
control y la coacción que hay en tu vida, y verás cómo se reducen
y empieza a brotar la libertad. En definitiva, "libertad"
no es más que otra palabra para referirse al amor.
Anthony de Mello.

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