VI - CONVERSANDO CON ANTHONY DE MELLO

Cuando
estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo
con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde
antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás
comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y no tardas
en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has
creado. En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te
irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide,
enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera
negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu
mente y tus emociones.
¿Cómo
podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico?
Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo, "arte de
mirar". Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te
encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar
es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: "¿Qué
le pasa a ese individuo?", sino: "¿Qué pasa conmigo, que
estoy tan irritado?". Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en
alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a
ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: "La causa de mi
irritación no está en esa persona, sino en mí mismo". Una vez
dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esa
irritación. En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de
que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o
lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos
defectos; lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los
proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre,
aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues de descubrir los defectos
de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu
irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona que
con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.
Otra
cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te
molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen
de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver?
Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen
alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos
cuestionados por sus palabras o por su vida.
Una
tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa
persona porque no responde a las expectativas que has sido
"programado" para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas
derecho a exigir que esa persona responda a tu "programación"
siendo, por ejemplo, cruel o injusta. en cuyo caso no es preciso que
sigas considerando esto. Pero, si tratas de cambiar a esa persona o
de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si
no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu
percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz. Todo el mundo
sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su
juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder
coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes
derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas;
otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no
experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar
detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá. ¿No es
absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los
criterios y normas que tus padres te han inoculado?
Finalmente,
he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la
educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona
seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha
dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo. Si tú
comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona
deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante.
Y enseguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con
amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás
viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.
Anthony de Mello.
Comentarios
Publicar un comentario