V - CONVERSANDO CON ANTHONY DE MELLO
El
Reino de Dios es amor. Pero ¿qué significa amar? Significa ser
sensible a la vida, a las cosas y a las personas; tener sentimientos
hacia todo y hacia todos, sin excluir nada ni a nadie. Porque a la
exclusión sólo se llega a base de endurecerse, a base de cerrar las
propias puertas. Y el endurecimiento mata la sensibilidad. No te
resultará difícil encontrar ejemplos de esta clase de sensibilidad
en tu propia vida. ¿No te has detenido nunca a retirar una piedra o
un clavo de la carretera para evitar que alguien pueda sufrir daño?
Lo de menos es que tú no llegues nunca a conocer a la persona que va
a beneficiarse de ello, o que no se recompense ni se reconozca tu
gesto. Lo haces por puro sentimiento de benevolencia y bondad. ¿No
te has sentido alguna vez afligido ante la absurda destrucción, en
cualquier parte del mundo, de un bosque que nunca ibas a ver ni del
que te ibas a beneficiar jamás? ¿No te has tomado nunca más
molestias de las normales por ayudar a un extraño a encontrar la
dirección que buscaba, aunque no conocieras ni fueras nunca a volver
a ver a esa persona, simplemente por haber experimentado un
sentimiento de bondad? En esos y en otros muchos momentos, el amor ha
aflorado a la superficie en tu vida, haciendo ver que se hallaba en
tu interior esperando ser liberado.
¿Cómo
puedes llegar a poseer esta clase de amor? No puedes, porque ya está
dentro de ti. Todo lo que tienes que hacer es quitar los obstáculos
que tú mismo pones a la sensibilidad, y ésta saldrá a la
superficie.
Esos
obstáculos a la sensibilidad son dos: la opinión y el apego.
Hablemos primero de la opinión. En cuanto tienes una opinión, ya
has llegado a una conclusión acerca de una persona, una situación o
una cosa. Te has quedado fijo en un punto y has renunciado a tu
sensibilidad. Te has predispuesto, y ya sólo verás a esa persona o
cosa desde tu predisposición o prejuicio. En otras palabras, vas a
dejar de verla para siempre. ¿Y cómo puedes ser sensible a alguien
a quien ni siquiera ves? Piensa en una persona a la que conozcas y
haz una lista de las numerosas conclusiones, positivas o negativas, a
las que hayas llegado y sobre la base de las cuales te relacionas con
ella. En el momento en que digas: "Fulano es inteligente",
o "cruel", o "desconfiado", o "cariñoso",
o lo que sea, en ese mismo momento ya has endurecido tu percepción,
te has formado un pre-juicio y has dejado de ver a esa persona en su
constante devenir; es algo análogo al caso del piloto que se pusiera
a volar hoy con el informe meteorológico de la semana pasada.
Examina con mucho cuidado dichas opiniones, porque el simple hecho de
comprender que se trata de opiniones, conclusiones o prejuicios, no
reflejos de la realidad, hará que desaparezcan.
En
cuanto al apego, ¿cómo se forma? Ante todo, proviene del contacto
con algo que te ocasiona placer o satisfacción: un auto, un moderno
aparato anunciado de manera atrayente, una frase de elogio, la
compañía de una persona... Viene luego el deseo de aferrarte a
ello, de repetir la gratificante sensación que esa cosa o persona te
ha ocasionado. Por último, llegas a convencerte de que no serás
feliz sin esa cosa o persona, porque has identificado el placer que
te proporciona con la felicidad. Y ya tienes un apego con todas las
de la ley; un apego que, inevitablemente, te hace excluir otras cosas
y ser insensible a todo cuanto no forme parte de él.
Consiguientemente, cada vez que tengas que dejar el objeto de tu
apego, dejarás con él tu corazón, que ya no podrás poner en
ninguna otra cosa. La sinfonía de la vida prosigue, pero tú no
dejas de mirar atrás, de aferrarte a unos cuantos compases de la
sinfonía, de cerrar tus oídos al resto de la música, produciendo
con ello una desarmonía y un conflicto entre lo que la vida te
ofrece y aquello a lo que tú te aferras. Y vienen a continuación la
tensión y la ansiedad, que constituyen la muerte misma del amor y de
la gozosa libertad que el amor conlleva. Y es que el amor y la
libertad sólo se encuentran cuando se sabe disfrutar de cada nota en
el momento en que ésta se produce, pero sin tratar de apresarla, a
fin de mantenerse plenamente receptivo a las notas siguientes.
¿Cómo
liberarse de un apego? Muchos suelen intentarlo por medio de la
renuncia. Pero renunciar a unos cuantos compases de la sinfonía,
hacerlos desaparecer de la conciencia, origina precisamente la misma
clase de violencia, conflicto e insensibilidad que el aferrarse a
ellos. Lo único que se consigue, una vez más, es endurecerse. El
secreto reside en no renunciar a nada ni aferrarse a nada, en
disfrutar de todo y permitir que todo pase. Y esto ¿cómo se hace? A
base de muchas horas de observar el carácter corrompido y viciado
del apego. Por lo general, lo que haces es centrarte en la emoción,
en la ráfaga de placer que el objeto de tu apego te produce. ¿Por
qué no intentas ver la ansiedad, el sufrimiento y la falta de
libertad que también te ocasiona, a la vez que la alegría, la paz y
la libertad que experimentas cuando desaparece? Entonces dejarás de
mirar atrás y podrás sentir el hechizo de la música en el instante
presente.
Finalmente,
echa un vistazo a la sociedad en la que vivimos, podrida de apegos
hasta la médula. Porque, si uno está apegado al poder, al dinero, a
la propiedad, a la fama y al éxito; si uno busca todas estas cosas
como si su felicidad dependiera de ellas, será considerado como un
miembro dinámico, trabajador y productivo de la sociedad. En otras
palabras, si uno persigue esas cosas con una arrolladora ambición
capaz de destruir la sinfonía de su vida y convertirle en un ser
duro, frío e insensible para con los demás y para consigo mismo,
entonces la sociedad le considerará un ciudadano "como es
debido", y sus parientes y amigos se sentirán orgullosos del
"status" que ha alcanzado. ¿.A cuántas personas conoces,
de las que llaman "respetables", que hayan conservado esa
tierna sensibilidad del amor que sólo la falta de apegos puede
proporcionar? Si piensas en ello detenidamente, experimentarás una
repugnancia tan profunda que instintivamente arrojarás de ti todo
apego, como harías con una serpiente que te hubiera caído encima.
Te rebelarás y tratarás de liberarte de esta pútrida cultura,
basada en la codicia y el apego, en el ansia v la avaricia y en la
dureza e insensibilidad del desamor.
Anthony de Mello
Anthony de Mello

Comentarios
Publicar un comentario